
El domingo último, once detenidos encerrados en la Alcaidía 4B de la Policía de la Ciudad en Barracas decidieron aprovechar un corte de luz para ganar los techos y huir en plena noche. Era, en sí, otra fuga más de una dependencia de la fuerza porteña, con sus comisarías y alcaidías atravesadas por la sobrepoblación, en un conflicto con el Servicio Penitenciario Federal por la falta de cupos, con policías que deberían patrullar las calles destinados a controlar reclusos, con motines y episodios varios de violencia. Hubo 41 fugas en 2023, otras diez en 2024, de acuerdo a fuentes oficiales. Las dos últimas gestiones porteñas construyeron más celdas para contener el problema, mini-prisiones hechas de contenedores blancos con aire acondicionado, rodeadas por muros y alambre de púa en lugares como Chacarita y Saavedra, con más cupos en los planes.
Sin embargo, la osadía de los 11 de Barracas no se veía bien en el gran esquema de las cosas, ciertamente generaba un leve problema político: días antes, el Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich le había traspasado al Gobierno de CABA el manejo de las plazas porteñas del Servicio Penitenciario Federal, con la cárcel de Devoto.
Así, cuatro policías fueron sumariados por la fuga. La causa por la recaptura quedó en manos de la fiscal Celsa Ramírez. Por lo pronto, dos detenidos fueron recapturados. En toda celda hay historias. Y las historias de esos dos detenidos llaman la atención. Néstor Iván Benítez fue el primero de ellos en caer.
Benítez, un hombre de 33 años con domicilio en Parque Chacabuco, condenado en una causa por robo. Había ingresado a la Alcaidía 4B el 23 de noviembre pasado, tras ser detenido a fines de agosto. Cumplía una condena de seis meses, dictada por el Tribunal N°28. Había tenido un pedido de captura en su contra en 2017, por una causa iniciada ese año por el Juzgado N°55. No había registrado visitas y llamadas de familiares o amigos en el lugar. Sin embargo, Néstor tenía una persona en mente.
Además de la causa por robo, Benítez tenía una causa por violencia de género, radicada en la Justicia contravencional porteña. La fuga llevó a una alerta inmediata de la fiscal Claudia Barcía, que requirió una custodia para su víctima.
Benítez fue capturado, precisamente, cuando se presentó en la casa de la víctima.
Luego, la Policía de la Ciudad arrestó a Mario Ernesto Birraglia, de 52 años, el de mayor edad de todos los once. Oriundo de Quilmes, padre de una hija, estaba bajo prisión preventiva desde el 4 de noviembre último, procesado por robo mano armada con una causa en su contra a cargo del Juzgado N°38 de Alejandra Provitola.
Según la acusación en su contra, intentó robarle 10 mil dólares a fines de octubre último a un hombre que le había comprado diez mil dólares a un cuevero porteño en la esquina de Olazábal y Pacheco. “Quedate quieto que perdiste”, le dijo el cómplice de Birraglia. Alguien lo había entregado. Sin embargo, la víctima forcejeó con su cómplice. Un policía porteño llegó al lugar y terminó de frustrar la secuencia luego de una breve persecución. La casa de Birraglia luego fue allanada, le encontraron su documento y un viejo Rolex, con la malla rota.
Hoy, está encerrado en la Comisaría 12C. La jueza Provitola insistió con su pedido para que sea encarcelado en una prisión del SPF.
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