
La escena ocurrió ante los investigadores del crimen de Roberto Wolfenson (71), quien fue hallado golpeado y ahorcado en su casa del country La Delfina de Pilar, momentos después de que la autopsia revelara el asesinato del ingeniero. “La viuda pidió denunciar al hijo de su esposo porque se había llevado las tarjetas de crédito del padre. Hubo insultos. La trama familiar es rara”, describió una fuente del caso a Infobae.
Así, los investigadores, entre todas las líneas que analizan, en las últimas horas intensificaron las indagaciones sobre el círculo íntimo de la víctima. Pidieron reportes de movimientos bancarios al Banco Central de todos; averiguan si el ingeniero dejó un testamento y sus cuentas en el exterior.
Pero no sólo esa escena de la viuda Graciela Orlandi sobre las tarjeras de crédito de Wolfenson disparó que la mirada de los investigadores a cargo del fiscal de la UFI N°3 de Pilar, Germán Camafreita, se enfocara en el entorno, además de los vecinos, inquilinos y propietarios del country, como de los empleados y la seguridad del predio. Había más.
En las últimas horas, un abogado se presentó para oficiar como querellante de parte de la viuda, mientras que ya hay otro constituido por parte de los dos hijos biológicos. Justamente, el hijo y la hija de Wolfenson, a la que no veía hacía como cinco años, según las fuentes del caso; no tenían permiso para ingresar a La Delfina. “Los hijastros, en cambio, tenían vía libre: figuran como propietarios”, deslizaron.
Por caso, B.T., la hija de Orlandi, con quien la víctima tenía una relación hace 18 años; le dijo al fiscal que realizó un movimiento con las computadoras de su padrastro: “El domingo (NdeR: momento en el que ya se sabía que era un homicidio) logré encontrar una clave anotada, por lo cual procedí a ingresar a una de las notebooks de Roberto. Era la del trabajo, no la personal. Así, pude observar en el interior que se hallaba el WhatsApp abierto del teléfono de Roberto. Lo que hice fue filmar lo que estaba viendo, es decir, los chats que tenía”. Ese celular no aparece.
El dato es, al menos, curioso. La mujer no avisó inmediatamente a la fiscalía que tenía la computadora en su poder, ni siquiera que había ingresado al WhatsApp. Encima, la empresa para la que trabajaba la víctima bloqueó todo acceso a los dispositivos que tenía el ingeniero de inmediato.
Dato: “Se levantó una huella en la casa y es de la hijastra”, confirmaron a este medio.

Con todo eso como antecedente, más el incidente del pedido de un querellante distinto para la viuda; en las últimas horas, el fiscal pidió al BCRA un informe sobre las cuentas y movimientos de la viuda, los hijos de la víctima y los hijastros.
Como Wolfenson se supone que tenía cuentas en el exterior y que había trabajado en Brasil, se pidió a Cancillería para que se comunique con sus pares brasileños, de Uruguay y EEUU para ver los movimientos bancarios: en cada país un juez deberá autorizar esa medida y, de ser así, luego llegará a manos de Camafreita.
“Además, se indaga en el colegio de escribanos si la víctima dejó un testamento”, explicaron.
Más allá de esto, la escena que se encontraron los investigadores ese 23 de febrero pasado, luego de que a las 17 el profesor de piano, un guardia de seguridad y un vecino hallaran el cuerpo de Wolfenson en una de las habitaciones; es “extremadamente prolija”. Algo que despierta desconcierto y sospechas.

Por lo que, si bien se avanza sobre el círculo íntimo, no se dejan de lado las otras líneas investigativas: vecinos, propietarios e inquilinos de la víctima, también si hay quienes tienen vínculos con empresas de seguridad; y guardias y empleados de mantenimiento y parquizado de La Delfina. “Luego se verá cuál es la más fuerte”, dijeron.
Mientras se analiza minuciosamente una cámara de seguridad encontrada cerca del lote donde ocurrió el asesinato, tampoco descartan lo laboral y su intimidad. En ese contexto, dos amigos muy cercanos a Wolfenson declararán este jueves sobre la vida del ingeniero, cuyo crimen sigue siendo un misterio.
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