
Santa Teresita, enviado especial.- Mientras aguardaban el cortejo fúnebre, los familiares y amigos y allegados de Tomás Valentín Tello Ferreyra coincidían en sus palabras al momento de recordarlo. Hablaban de un hijo trabajador, de un amigo divertido, de un adolescente respetuoso. Con evidentes expresiones de dolor en sus rostros, algunos al borde de las lágrimas y otros en llanto, así contaron que era “Tellito”, “Gordo” o “Tomy”, como solían llamar al adolescente de 18 años que fue asesinado por una patota en Santa Teresita.
“Era un ser humano maravilloso, un chico lleno de vida, al que queríamos un montón. Era nuestro amigo, éramos una familia. No podemos creer lo que ha pasado”, lamentó unas de las más de 80 personas del entorno de Tomás que este martes se acercaron a darle el último adiós y acompañaron la caravana hacia el cementerio de Mar de Ajó, donde los restos de la víctima ya descansan en un nicho.
Tomás no fue velado por decisión de su madre, Samanta. La mujer, que tiene fecha de internación para cesárea por su embarazo para dentro de 9 días, también quiso “privacidad en el cementerio”, explicaron sus allegados.
Por eso, la madre de la víctima se tomó unos minutos para hablar con la prensa en la puerta de la sala velatoria. Allí reveló que su hijo “era vergonzoso, tímido”, incluso al punto de pedir permiso para ir al baño. “Yo le decía, Tomy no pidas permiso”, rememoró la mamá.

“Era lo más tierno que había en la vida. Era ‘grandote al pedo’, como le decía, porque era muy dulce. Venía y te daba unos abrazos de oso. Me decía: ‘Má, poné la pava’, charlábamos y me contaba todo. Conmigo no ocultaba nada”, continuó Samanta y también recordó a su hijo como “súper trabajador”.
El adolescente era albañil. Trabajaba junto a dos de sus tíos. “A veces eran las nueve de la noche y seguía trabajando”, contó a Infobae otra de sus familiares, que lo describió como “un chico sano y respetuoso”.

Desde la Escuela de Educación Secundaria N°12 de Santa Teresita también lamentaron lo sucedido. “Esta noticia nos ha dejado a todos conmocionados y profundamente tristes. En estos momentos de dolor, es importante que nos apoyemos mutuamente. Acompañaremos a aquellos que necesiten hablar o expresar sus sentimientos sobre esta pérdida”, expresaron en un comunicado.
Y concluyeron: “Nuestros pensamientos y oraciones están con la familia de Tomás durante este tiempo increíblemente difícil. Les pedimos que respeten su privacidad mientras atraviesan un dolor inimaginable. Por favor, tómense un momento para recordar a Tomás, para honrar su vida y el impacto que tuvo en cada uno de nosotros”.

Muchos de los que se acercaron a la casa de sepelios eran amigos de Tomás. “Todos los queríamos. Era re gracioso, re divertido, nunca armaba quilombo”, contaron dos chicas. Los jóvenes decidieron dejar sus mensajes de despedida a su amigo en una bandera blanca. También en una camiseta del club Las Quintas, un equipo de barrio al que la víctima iba frecuentemente, aunque no jugaba allí al fútbol.
“Volá alto”, “Descansá en paz”, “Siempre presente”, “Nos vemos en el otro lado”, fueron algunas de las frases que se leyeron en la bandera que sostuvo en todo momento la hermana adolescente de Tomás, Camila.

En diálogo con este medio, la hermana mencionó que el chico de 18 años solía organizar fiestas en la cuadra de la casa donde vivía con su abuela, en la calle 15 del barrio Renabap. En uno de estos encuentros fue donde se produjo el encontronazo entre Tomás y parte del grupo que lo agredió hasta la muerte. Fue en la previa a la Navidad. Aparentemente, la víctima no dejó entrar a los agresores “porque sabía que iban a originar una pelea”, dijo Samanta. Entonces, “ellos se enojaron con Tomy y discutieron”.
Ese enojo habría perdurado entre el grupo de detenidos, que arremetieron contra Tomás minutos antes de las 7 del lunes de Año Nuevo, mientras la víctima festejaba con sus amigos la llegada del 2024, a la altura de la calle 38 y la avenida Costanera.

Al adolescente lo golpearon y lo persiguieron alrededor de diez personas. Él trató de escapar: corrió unos 600 metros y buscó refugio en un domicilio ubicado en la intersección de la calle 44 y la avenida Costanera, pero antes fue interceptado por la patota y, en las adyacencias del inmueble, lo atacaron a pedradas, botellazos, puntapiés, golpes de puño y al menos un arma blanca.
En medio del salvaje ataque, a Tomás le asestaron una puñalada en el corazón. Fue trasladado de urgencia al hospital de Santa Teresita, donde finalmente falleció.

Hasta el momento hay nueve sospechosos detenidos. Tienen 16, 17, 21, 22, 27, 29, 33 y 57 años. El principal acusado es el de 21, identificado como Damián Kopelian, alías “Kope”, señalado como autor material del crimen. Todavía se desconoce cuál fue el arma homicida.
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