
Hoy lunes, el Tribunal Oral en lo Criminal N°29 realizará la segunda audiencia en el juicio que intenta esclarecer el brutal femicidio de Marianela Rago, la estudiante de periodismo de 19 años asesinada en Balvanera el 27 de julio de 2010 tras ir a una discoteca. Francisco Amador, su entonces pareja, hoy de 36 años, es el principal acusado.
En la audiencia de hoy, declarará el criminalista Raúl Torre, que más de una década atrás fue perito de parte de la familia Rago, para intentar establecer la mecánica del hecho, ocurrido en un departamento de la calle Tucumán en donde la joven estudiante de periodismo vivía en ese entonces. El otro testimonio central en la audiencia de hoy será el de Héctor Di Salvo, quien realizó la autopsia al cuerpo de Marianela, según publicó Télam.
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Di Salvo, tanatólogo del Cuerpo Médico Forense, es uno de los especialistas más reconocidos de la Argentina. Practicó, por ejemplo, el primer estudio al cuerpo del fiscal Alberto Nisman y el análisis a los restos de Emmily Rodrigues, la joven que murió en abril de este año tras caer de un balcón en una fiesta de consumo de drogas en Recoleta.
Infobae accedió al documento de la autopsia. El salvajismo del femicida fue notable. Marianela fue degollada casi por completo. Di Salvo encontró 23 heridas cortopunzantes con un cuchillo de su propia cocina, las más importantes a lo largo del cuello, el cuchillo le cercenó la tráquea. Varios de sus dedos presentaron heridas defensivas. Cerca de la clavícula también se encontraron hematomas, un aparente indicio de estrangulamiento. No se hallaron signos de violencia sexual. El cuchillo jamás fue encontrado.
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Torre, por su parte, afirmaba en 2013 al autor de esta nota: “Marianela murió por la pluralidad de lesiones de arma blanca. Fue un hecho precipitado, no premeditado. El cajón en donde estaba el cuchillo quedó abierto, el asesino de Marianela se limpió la sangre de la víctima en el sillón”.

La doctora Marcela Sánchez, a cargo de la Fiscalía de Instrucción N°30, se encargó del caso en sus primeras 48 horas. Un forense en la escena le había dicho por teléfono mientras llegaba: “Es como el crimen de Carolina Alo”, la joven que murió de 112 puñaladas en 1999, uno de los crímenes pasionales más notorios de la historia argentina reciente.
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Se sospechaba de un robo seguido de muerte, un homicidio criminis causa. Se sospechó en un primer momento de un grupo de chjcos que habría llegado al departamento tras conocer a Marianela en la discoteca Bárbaro. Para Sánchez, la muerte de la joven era claramente un femicidio. “Se llevaron la notebook y el teléfono, entre otras cosas. Pero no era un robo. Todo estaba muy ordenado, las zapatillas de Marianela estaban junto a la puerta, algo muy típico de la gente de la Patagonia, ella tenía su ropa puesta”, recordaba en una entrevista de 2013.
Matías, hermano de Marianela, fue quien descubrió el cuerpo, luego de varias horas de no saber nada de la víctima. Fue Matías quien llamó a la Policía Federal tras encontrar muerta a su hermana. Las fotos de la escena del crimen, firmadas por personal de la ex Comisaría 5°, muestran a la joven en la misma ropa que había ido a bailar: jean negro, una remera estampada en colores vivos subida hasta el cuello, el bretel izquierdo de su corpiño gris, arrancado; su pelo negro mojado por la densa y oscura sangre arterial; el cuerpo de costado, los ojos negros entreabiertos.
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Amador fue detenido por primera vez el 30 de junio de 2010, mientras la familia de Marianela aguardaba los resultados de la autopsia. Patricia Zapata, la madre de Marianela, aseguraba: “Un poco más de seis meses antes de la muerte, Marianela me llamó. Me dijo que había cortado con Francisco, y que él la amenazó: ‘Nunca más vas a dormir tranquila’, le dijo. Yo entré en pánico, quisimos poner un abogado para que Francisco no se acerque, le pedí a Matías que la vigile, que la visite en distintos horarios. Pero Marianela me calmó, me dijo que no se iban a ver más. En esos últimos meses, no hubo mensajes de texto ni mails. Sí hubo llamadas, hubo veces en que él llegó a llamarla cada diez segundos”.

En el allanamiento a su departamento, el joven indicó a la Federal que las paredes estaban recién pintadas, incluso les preguntó si les gustaba el color. No negó el crimen en un primer impulso: lo hizo recién en declaraciones posteriores. Se encontró una pila de ropa húmeda, entre ellas un pantalón con un mínimo rastro de sangre en los bolsillos. El joven presentaba marcas en los brazos, quizás posibles secuelas de un acto defensivo de Marianela: él mismo afirmó que habían sido producidas por un policía, que lo retuvo con fuerza cuando estaba fuera de sí en el hall de entrada del edificio de Tucumán al enterarse de la noticia. Un cuchillo de cocina fue luego secuestrado. Amador adujo que era de su hermana, estudiante de gastronomía.
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Tras su detención, Amador pasó cerca de dos semanas en una celda y fue liberado. El primer juez del caso, Rodolfo Cresseri, le dictó la falta de mérito. De repente, la muerte de Marianela Rago se quedaba sin un sospechoso, sin nadie a quién señalar. El caso, de la noche a la mañana, revirtió casi a foja cero.
Los alegatos están previstos para el lunes 27 de septiembre. El fiscal acusador es el doctor Sandro Abraldes. La querella está integrada por los letrados Esteban Galli y María de la Paz Herrera, del Programa de Asistencia y Patrocinio Jurídico a Víctimas de Delito de la Defensoría General de la Nación, a cargo de Pablo Rovatti. Federico Amador es acusado del delito de homicidio simple. La figura de femicidio no había sido incorporada en la legislación argentina al momento del crimen.
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