
Ricardo Baladía, el escribano que sorprendido por la Policía Bonaerense a mediados de mayo de 2020, cuando intentaba deshacerse del cadáver desmembrado de su jardinero en el río Luján, continúa preso en el penal de Olmos, acusado del delito de homicidio simple. Tiene su cita con la Justicia ya en la agenda, aunque falta mucho: según fuentes oficiales, enfrentará al Tribunal N°1 de Mercedes los días 24 y 26 de abril de 2026, a casi cuatro años del crimen. Lo defenderá su abogado usual, el doctor Luis Rappazzo.
El hecho fue particularmente macabro, uno de los homicidios más sangrientos de la década. El hombre, de 56 años en aquel entonces, fue descubierto en el momento en que descartaba un cuerpo mutilado arrojándolo al agua, a la altura del cruce de Mitre y Padre Salvaire, a 50 metros de la basílica de Luján, una zona de parrillas y lugares familiares de esparcimiento.
En el lugar, había manchas de sangre esparcidas en el suelo, partes de masa encefálica y una valija con los restos descuartizados de un ser humano. Los efectivos policiales hallaron el torso del cadáver. La cabeza, destruida a golpes, flotaba en el agua.
Baladía llegó hasta allí con su BMW modelo ‘98. Dentro el vehículo se encontró un DNI que sirvió para identificar a la víctima, Miguel Alejandro Pereyra, un jardinero de 42 años cuya casa se sitúa en Castelar, a 14 cuadras del domicilio familiar de los Baladía en Morón. Luego, se descubrió que Pereyra trabajaba para su asesino.
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Tras ser sorprendido, el acusado primero aseguró que estaba desorientado, perdido, bajo tratamiento psiquiátrico. Luego, contó una historia a los policías, algo que finalmente no validó en su indagatoria: dijo que su víctima había entrado a robarle al estudio que tiene en Morón, que le disparó para defenderse, que luego desmembró el cuerpo.
El resultado de la autopsia, sin embargo, derrumbó la coartada del escribano. El informe preliminar determinó que la víctima no murió por un disparo, sino por una puñalada de un cuchillo de filo único que afectó el corazón y los vasos vitales. Posteriormente, el cuerpo fue desmembrado con un objeto similar a un hacha, o una sierra, de acuerdo a las laceraciones encontradas.
Fuentes judiciales comentaron que los forenses le dijeron a la fiscal tras la autopsia que les llamó la atención la cantidad de lesiones post mortem detectadas y consideraron el hecho como una obra “morbosa”, que demuestra “odio” y que es producto de “una mente perturbada”.
Se cree que la escribanía del imputado, ubicada en la calle Almirante Brown 1085, fue la escena primaria del crimen. En el allanamiento al lugar se encontraron manchas de sangre y se secuestraron vainas servidas, un cuchillo y una hidrolavadora.
El juicio será una oportunidad para que Baladía explique qué ocurrió esa noche. Al ser indagado, se negó a declarar ante la fiscal Mariana Suárez, de la Unidad Funcional de Instrucción Nº 10.
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