
“Yo no conozco de armas. Siempre odié las armas. Siempre hubo discusión por tener armas en la casa”, dijo en los últimos días Carina Rosana Medina (42), enfermera y vecina de Lomas de Zamora, ante los jueces del Tribunal Oral Criminal N° 7 del distrito, que lleva adelante el juicio oral contra ella por el matar a tiros a su cuñado, Adrián Nicolás Quiroga (33), en 2019.
Medina no niega haber apretado el gatillo. “Me hago cargo de lo que pasó”, dijo en su declaración más reciente para contar, según explicó, “la verdad”. Tras asesinar a Quiroga, Carina pasó un año detenida en el penal de Magdalena y luego fue beneficiada con prisión domiciliaria. Ahora, tres años después del crimen, la Justicia definirá una sentencia.
El violento desenlace se produjo en la tarde-noche del miércoles 23 de octubre de 2019 en la puerta de su casa de la calle Timoteo Gordillo al 2600, en el barrio de Villa Rita en Lomas de Zamora. Sin embargo, de acuerdo al relato de Medina, los conflictos eran de larga data.
Quiroga, la víctima, estaba en pareja con Vanesa, una de las hermanas de Carina, desde el año 2003. Medina lo definió como una persona violenta y con problemas de consumo de sustancias que llevaba adelante una dinámica de maltrato contra su hermana y que durante los primeros años de relación estuvo varias veces preso, además de haber sido investigado por el asesinato de un policía.

“Ella lo iba a ver al penal, siempre, nunca lo dejó. Pero nosotros, cada vez que estaba preso, descansábamos de la violencia de esa persona hacia mi hermana. Porque en ese momento era solo hacia mi hermana. Pero la veíamos sufrir y sufríamos con ella”, dijo la enfermera en su declaración.
En los años siguientes y en particular desde mediados de 2019, la violencia dejó de estar solamente dirigida a su hermana y comenzó a extenderse a otros miembros de la familia, incluida ella, su hija y su madre. De acuerdo a su relato, Quiroga se aparecía en su casa drogado, borracho y a los gritos, insultándola y reclamándole dinero, unos 100 dólares que supuestamente faltaban de su casa.
Medina contó que en el último tiempo su cuñado la perseguía, la amenazaba, que incluso un día intentó “tirarle encima” el auto cuando caminaba por la calle para amedrentarla. Por esta situación, explicó, ella “tenía miedo y terror” de que él la lastimara a ella o alguien de su familia y por ese motivo se abstuvo de llamar a la policía o de presentar una denuncia.
La semana en la que ocurrió el crimen, relató Carina, Quiroga se apareció varias veces en su casa. Ese miércoles, mientras ella trabajaba, su hija, que en ese momento tenía 12 años, la llamó y le contó que su tío había aparecido en la casa con un arma en la mano y la había amenazado: “Le dijo ‘a vos también te voy a dar’. Y dice que cuando ella estaba subiendo la escalera, vio el auto de él, que paro el auto y le dijo ‘A las siete vengo y los mato a todos”.

A las 20.15 de ese miércoles, Carina regresó a su casa del trabajo y se encontró con su madre, que vivía en un terreno lindante, y le comentó que hacía instantes Quiroga había vuelto a aparecer en la casa y “le había apuntado con un arma en la cabeza”. En ese momento lo escucharon que tocaba bocina en la puerta y pedía a los gritos por su pareja: “Vanesa, Vanesa, salí, ¿dónde estás?”.
En ese momento, Carina salió de la casa de su madre, entró en la suya y salió armada con una pistola Bersa 9 milímetros que era de su marido. “Agarré el arma para decirle que se vaya, para amenazarlo, realmente para amenazarlo. Lo iba a amenazar porque él se tenía que ir, porque me iba a ver con un arma y se tenía que ir. Entonces cuando yo me acerco a él, me dice ‘¿Qué haces con un arma pelotuda? Si yo las voy a matar a todas’”.
“Entonces él hace este movimiento, como ir para atrás y venirse encima mío. Eso es lo que recuerdo. Eso es lo que creí yo, que iba a sacar el arma”, explicó la enfermera ante el tribunal y la fiscal del caso, Marcela Dimundo. “Y en ese momento yo levanté el arma y disparé. Me quede como dura, no recuerdo qué es lo que pasó después”.

Quiroga recibió un balazo en el pecho y murió poco después en la UPA de Villa Fiorito. En la casa de Medina se incautó la pistola Bersa y otra Ballester Molina calibre 11.25. La enfermera fue imputada por el homicidio, pasó un año detenida en Magdalena y posteriormente y hasta ser llamada a juicio, con tobillera electrónica en su casa, donde estudia una Licenciatura en Justicia y Derechos Humanos.
En el juicio, que comenzó el martes pasado, ya declararon los testigos, entre ellos un efectivo policial, una psicóloga de la Asesoría Pericial del Departamento Judicial de Lomas de Zamora que entrevistó a la enfermera y la hija de la víctima que relató el ambiente de violencia familiar que había en su casa.
“Voy a pedir la absolución por legítima defensa de terceros y propia y voy a fundamentar un montón de jurisprudencia que la avala”, adelantó en diálogo con Infobae la abogada Raquel Hermida Leyenda, que asumió recientemente su defensa. “El homicidio está agravado en este caso por el arma de fuego por no por el vínculo, no prevé perpetua”, explicó.
Este jueves 6 de octubre, a partir de las 8, en los Tribunales de Lomas de Zamora, las partes harán la lectura de los alegatos para pasar a la deliberación y luego la audiencia en la que darán el veredicto.
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