
Hasta los primeros días de abril de este año, Juan Arturo Pérez Sánchez, de 26 años, se ganaba la vida como vendedor ambulante de productos de limpieza en el barrio porteño de Recoleta. Ahora, el joven es ahora el principal y único sospechoso por el crimen de Violeta Argentina Férnandez, que en la madrugada del 6 de abril pasado fue asesinada a golpes mientras dormía. Esta semana, tras detenerlo y pedir su procesamiento, la fiscal Mónica Cuñarro pidió su elevación a juicio.
La víctima, una indigente de 78 años que vivía hace varios años en la esquina de Agüero y la avenida Las Heras, era reconocida y querida por los vecinos de la zona y recibía regularmente asistencia de voluntarios y organizaciones de ayuda comunitaria en el tráiler donde vivía de forma precaria junto a sus gatos.
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Violeta y Pérez Sánchez -detenidos tres días después del crimen de la anciana-, descubrió Cuñarro en su investigación, se conocían hace tiempo.
El joven vendedor ambulante -que según su propio relato ante la Justicia vive en situación de calle desde los 12 años, cuando huyó de la casa de sus padres en Florencio Varela- cuenta con antecedentes penales de violencia contra la mujer que ahora está acusado de asesinar. En 2018 fue condenado por el TOC N° 20 de la Capital Federal a la pena de un año de prisión efectiva por haber intentado robarle.
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En esa ocasión, el 11 de marzo de 2018, Pérez Sánchez había sorprendido a Violeta mientras dormía y la había golpeado para hacerse con 2 mil pesos en efectivo que la mujer tenía con ella. También tenía otros antecedentes por robo agravado que datan de 2017 y 2019.

Tres años más tarde de ese episodio, Violeta, que pesaba apenas 37 kilos, fue sorprendida a la 1:13 de la mañana del martes 6 de abril mientras dormía en su tráiler por un sujeto que en un forcejeo que duró apenas 14 segundos, la golpeó en la cabeza hasta matarla, probablemente con una piedra, sus puños o contra el propio asfalto.
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De acuerdo a la autopsia que llevó a cabo el Cuerpo Médico Forense reveló que la mujer murió a causa de un traumatismo de cráneo-encefálico y una cardiopatía hipertrófica: la forma “radiada” en la que se produjeron las fracturas en su cabeza indicaron a los forenses que el ataque incluyó uno o varios traumatismos violentos.
Ese tipo de lesiones, según indicaron los forenses, se conocen como “fracturas de velocidad” y pueden verse en los casos de personas que caen de cabeza hacia una superficie dura o que mueren en un accidente de tránsito. No encontraron, sin embargo, ningún signo de defensa: Violeta estaba dormida cuando fue abordada por su asesino y no tuvo oportunidad de despabilarse o de resguardarse de la agresión.
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Unas 72 horas después del hecho, efectivos de la Comisaría Vecinal 2A de la Policía de la Ciudad detuvieron a Pérez Sánchez a casi 20 cuadras del lugar del asesinato. El análisis de las cámaras de seguridad de la zona y la declaración de otro indigente que lo reconoció en las imágenes fueron clave para atraparlo: los videos muestran que fue la única persona que pasó por el lugar a al hora del ataque y que luego regresó para revisar el cuerpo y hurgar entre sus ropas.
En ese momento fue visto por un paseador de perros que caminaba detrás de él y que, luego de que Pérez Sánchez se alejara del cuerpo, vio la sangre a su alrededor y dio aviso al 911.
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El motivo de su regreso a la zona del asesinato es lo que parte aguas entre el análisis de la fiscal Cuñarro, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 7, y el juez Edmundo Rabbione, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 30, que ordenó su procesamiento con prisión preventiva y un embargo por un millón de pesos.
La noche en que fue asesinada, Violeta guardaba entre sus ropas $19.000 y 1.200 dólares estadounidenses en efectivo. Pérez Sánchez, que no recuerda su número de DNI, ganaba entre $1.000 y $1.500 por día trabajado con la venta ambulante.
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El 14 de mayo pasado, Rabbione dispuso amplió el procesamiento de Pérez Sánchez por considerarlo responsable del delito de homicidio calificado por haber sido cometido criminis causa, es decir, matar para ocultar otro delito. En este caso, un presunto intento de robo.
En su requerimiento de elevación a juicio, la fiscal Cuñarro indicó que no comparte ese criterio porque la conexión entre el robo y el homicidio no fue probada y solicitó que el vendedor ambulante sea juzgado por el delito homicidio agravado por haber sido cometido a una mujer y mediando violencia de género, un femicidio.
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