El hombre de China fue liberado el 7 de enero por la Policía Federal. Lo encontraron con sus muñecas restringidas por precintos, sus piernas atadas a una silla. Había otras heridas en su cuerpo, marcas de arrastre, compatibles con un roce sobre una superficie dura según notó el médico legista que lo analizó, como si lo hubiesen llevado por la fuerza.
Lo habían arrastrado, literalmente. Fue mantenido en cautiverio durante una semana, primero en una casa de dos plantas cuya ubicación no pudo precisar, para más tarde ser trasladado a la casa en la calle 11 de Septiembre al 3500 en el barrio de Núñez, a 15 cuadras del Monumental, luego de ser capturado en la esquina de Azcuénaga y Mitre en Balvanera el 1° de enero a las 3 de la mañana, tras celebrar el Año Nuevo en un bar de compatriotas en la zona.
Allí, un Honda Civic lo cruzó, relató el hombre asiático en la Justicia federal. Al menos tres hombres lo interceptaron. Dijo conocerlos de antemano, no eran extraños, sino conocidos de su cuñado. Así, se lo llevaron. Lo golpearon y lo amenazaron. En medio de la violencia feroz que enfrentaba, todo le parecía un poco familiar. El aguantadero en Núñez no era lugar extraño tampoco: el hombre luego declaró que había ido allí una vez a tomar el té con una mujer, otra conocida de su cuñado.

En la casa, en vez de tomar el té, esta vez lo ataron y lo amenazaron un poco más. Luego le hicieron llamar a su familia en la provincia de Fujian mediante la aplicación WeChat, similar a WhatsApp, muy popular en China. Les pidieron 300 mil dólares por no matarlo. También, relató, le hicieron firmar un pagaré, un compromiso por 270 mil dólares, curiosamente con fecha del año 2019. Mientras tanto, en sus días de encierro, lo habían obligado a cambiarse de ropa.
Al final, fue un amigo quien alertó a las autoridades. El cuñado de la víctima, a quienes los supuestos captores conocían, fue quien le avisó del secuestro. Así, comenzó una causa penal. La Fiscalía Federal N° 8 a cargo de Eduardo Taiano y la UFESE, el ala de la Procuración dedicada a investigar secuestros extorsivos, reconstruyó la ruta de cámaras de seguridad desde la captura en Balvanera hasta Núñez. De esta manera, bajo la firma del Juzgado Federal N° 7 de Sebastián Casanello, allanaron la casa con la división Investigación del Secuestro Extorsivo de la PFA.
Dos hombres fueron detenidos en el lugar por el secuestro: se incautaron más de 11 mil dólares y 166 mil pesos. El Honda Civic con el que la víctima fue supuestamente transportada también estaba allí.
El viernes pasado, esos dos detenidos, ambos de origen chino, ambos de 37 años, fueron procesados por Casanello con prisión preventiva y embargados por dos millones de pesos. Sin embargo, no todo es tan simple. Nada sigue el guión.
Para empezar, chino no secuestra a chino, no suele hacerse. Un ataque sicario tal vez, pero no privar de su libertad bajo amenazas a un compatriota durante días. Por otra parte, ningún secuestro en la Argentina dura tanto. Los secuestradores profesionales en el país no se llevan a sus víctimas por más de dos horas, una constante en la historia reciente.
Podría creerse que los sospechosos son dos mafiosos de carrera, pero en realidad tienen otras ocupaciones: uno está registrado en los rubros de la AFIP dedicados a la venta en supermercados, un supermercadista; el otro, con domicilio en el Bajo Belgrano, es directamente un empresario, con deudas bancarias a su nombre y una participación en una SRL.
Todo, por otra parte, huele a venganza por plata.

Hay, por lo pronto, una hipótesis:
Según documentos de la causa, la víctima, su cuñado y su hermana regentearon supuestamente un casino clandestino para chinos en la calle Pichincha al 300, también en Balvanera. Aparentemente, uno de los acusados por el secuestro pidió un reembolso. Tal vez, si las acusaciones son ciertas, decidió tomarlo por la fuerza.
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