
Silvia Saravia buscaba mantener la imagen de la familia. Su hermetismo incluso la llevó a no contarle a sus amigas ni siquiera que había tenido COVID-19. “Si querés tener privacidad y mantener un perfil bajo, lo podés hacer”, comentó a este medio una persona que vive en Martindale, el barrio cerrado donde Jorge Neuss mató a su esposa el sábado 10 de octubre y luego se suicidó. Allí, en ese country de la más alta sociedad, queda uno de los últimos rastros de la víctima: dos días antes de morir asesinada Saravia, ferviente católica, llevó a planchar el mantel que ahora recubre el altar de la capilla Santa Margarita de Escosa.
Además de su afición por el arte y el golf, Silvia Saravia estaba involucrada en las actividades de la Capilla. "Hacía adoración de 24 horas ", dicen sus “amigas de rezo”.

La casa de los Neuss es una de las más antiguas de Martindale. La calle donde está ubicada permaneció cerrada a la circulación durante el domingo pasado después del femicidio. Días más tarde, el movimiento volvió a ser el habitual. Solo se ven estacionados dos autos de alta gama y las persianas de madera de esta construcción de los ’90 permanecen bajas.
El femicidio cometido por Neuss es el tema que predomina en las 310 hectáreas de este barrio privado y exclusivo fundado en 1989. Los comentarios refieren a lo que era un secreto a voces. Que el empresario maltrataba a su esposa pero que de la puerta de la casa hacia afuera todo aparentaba estar perfecto. Ese rumor tronó el sábado, cuando a los socios del Martindale les llegó el primer email interno:
“Estimados socios, con profundo pesar tenemos que informar que en la mañana de hoy la señora Silvia Neuss ha perdido la vida y el señor Jorge Neuss se encuentra en estado delicado y fue derivado al Hospital Universitario Austral”.
Horas más tarde, entró a los teléfonos de la comunidad la confirmación de la segunda muerte:
“Estimados socios, completando nuestro mensaje anterior, lamentamos informar que hace unos minutos falleció el Sr. Jorge Neuss”.

Sin embargo, las autoridades del country nunca aclararon que no fue una “muerte” sino un femicidio. En el barrio recordaron el temblor que ocasionó el femicidio cometido en ese mismo lugar pero en 2015 el empresario Fernando Farré contra su esposa Claudia Schaeffer. A diferencia de Neuss, que eligió dispararle a su esposa a la cabeza y luego suicidarse, Farré le clavó un cuchillo 66 veces consecutivas y se declara inocente incluso hoy, cuando cumple una condena a prisión perpetua en una prisión del sur argentino.
Martindale tiene un imponente club house, que antiguamente era un casco de una estancia ganadera. Además, dispone de una casa de té, un almacén, cinco canchas de fútbol y hóckey, cuatro de paddle, cinco de polo, dos de golf, ochos de tenis, una pileta de natación y la capilla donde pasaba tantas horas Saravia. En esa inmensidad exclusiva hay 695 lotes de unos 1.500 metros cuadrados cada uno: todos con pileta y quincho. Lo que no hay son cámaras de vigilancia, excepto en las zonas perimetrales. En Martindale, la amenaza está afuera pero nunca adentro. Para los investigadores del femicidio de Neuss, este culto a la privacidad atenta contra la evolución del caso: las mucamas no hablan, los vigiladores no hablan y las cámaras no existen.
“Es como estar en una burbuja”, dicen los que viven ahí adentro. Una burbuja de cristal. “En su mayoría viven familias tradicionales que tienen sus hogares hace años para el fin de semana. Formás parte de tu grupo de pertenencia de élite. Claro que también están los nuevos ricos, pero con esos la élite no se junta", relatan.

A su vez “si querés tener privacidad, mantener un perfil bajo, lo podés hacer”, completan. Los vecinos tienen sus preferencias. Hay un grupo de chat que le hace honor al barrio y a la idiosincracia de su gente. Se llama “La burbuja” y participan unas 200 mujeres de entre 30 y 40 años. Tras un primer silencio como consecuencia del impacto, algunos empezaron a pronunciar lo que parecía prohibido.
“Los primeros días fue de silencio absoluto, no se hablaba del tema por la conmoción de la noticia. Además nadie quiere admitir que su marido era un violento, era como un secreto a voces”, le contó a Infobae una inquilina. “A medida que salen a la luz más detalles de la relación de ambos, creo que se van a animar a hablar”, dice otra. “Todos quieren cuidarse, y son muy cautos con su imagen... pero es cuestión de tiempo porque el velo ya se corrió”, agregó.
“A Jorge lo invitaron a retirarse del club house porque más de una vez protagonizó hechos de violencia”, le confirmaron dos integrantes del círculo íntimo del empresario femicida a Infobae.
A sus amigas nunca les cerró la hipótesis de pacto suicida, una idea que los investigadores sospechan que salió de la propia familia Neuss pero que quedó descartada a las pocas horas, cuando llegaron los peritos forenses de la Policía Bonaerense y vieron que la escena del crimen marcaba un claro asesinato.
En una nota con Infobae, Gabriela Rangel, directora del Museo de Arte Latinoamericano (MALBA) y amiga de la víctima, manifestó su indignación al respecto: “Uno de los aspectos más ominosos de este asesinato, además de su brutalidad, ha sido el tratamiento informativo que se ha dado a la noticia: la centralidad ubicua que el asesino ocupa dentro del relato y el desdén que se ha mostrado por la vida de la víctima, descrita como un apéndice mudo, adosado a la biografía de un acaudalado marido”.

El miércoles antes de su muerta fue, como siempre, a ver a su psicoanalista. No estaba bien pero lo ocultaba. “Ni sus amigas más íntimas sabíamos lo que estaba viviendo”, se lamenta una integrante del pequeño grupo de seis mujeres que jugaban al golf con ella en el country. El jueves participó de una clase de arte vía zoom. Quienes participaron con ella dicen que la notaron triste. “Silvia amaba el arte, y ese día no estaba bien", recuerdan. "Jorge menospreciaba su pasión. La trataba mal e incluso llegó a gritarla en el club house frente a todo el mundo”, afirma una vecina que conoce a la familia desde hace años. Ese mismo jueves, Silvia Saravia salió a comprar orquídeas. Le encantaban y tenía buena mano para las planta y la jardinería. El viernes, aun no se sabe por qué, discutió con Jorge Neuss.
Las apariencias eran una columna muy importante para los Neuss. Tanto, que Silvia Saravia pasó la última noche de su vida lejos de la cama que compartía con su esposo, Jorge Neuss; en la casa de su hija Lucila. La mujer la llamó, que también vive en Martindale, como sus tres hermanos, para preguntarle: “¿Puedo ir a dormir a tu casa?”. Pero no le contó más, solo que había tenido una discusión con su marido.
Sin embargo, según supo este medio de allegados a la familia, Saravia y Lucila Neuss habían decidido irse unos días al campo familiar en Sierra de la Ventana hasta que se calmara la situación con Neuss. No llegaron. La víctima fue a buscar ropa para llevarse al viaje y su marido la mató.
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