
Ayer por la tarde, Christian “Dibu” Chara, David Córdoba y Martín Salto, los tres detenidos hasta el momento por el salvaje robo y la golpiza que sufrió el jubilado Jorge Ríos en su casa de Quilmes, se negaron a declarar ante el fiscal del caso, Ariel Rivas, titular de la UFI N°1 de la jurisdicción, según informaron fuentes del caso a Infobae.
Asistidos por defensores oficiales, los tres acusados junto a Franco Moreyra, muerto a tiros por Ríos, optaron por el silencio y no dieron explicaciones del asalto ocurrido en la noche del viernes 17 de julio. Así, los jóvenes vinculados a segundas líneas de la tribuna de Quilmes, nucleados alrededor de la villa La Vera, seguirán detenidos, con al menos un prófugo que todavía es buscado.
Salto, por ejemplo, se entregó acompañado de sus padres en la DDI de Quilmes, luego de que no encontró más lugares donde esconderse y finalmente tomó la decisión de entregarse ante la Justicia.
Córdoba, de 25 años -que también había sido identificado con su apellido materno, Cuello- fue detenido ayer en plena calle gracias al testimonio de otras personas que habrían estado en contacto con él y lo señalaron como participante en el robo.
Mientras tanto, Rivas se dispone en la mañana de hoy a pedir a una fuerza de seguridad una pericia clave: el análisis balístico del caso.
Para empezar, cuenta con el arma con que Ríos mató a Moreyra, lo que será un elemento de alta importancia. Analizará no solo las dos balas extraídas del cuerpo de Moreyra tres días en su autopsia en la morgue policial de Quilmes, sino también la lesión en su pecho, un “tatuaje de piel”, conocido en términos de balística por indicar un disparo a quemarropa.
Moreyra tenía una fractura expuesta en una pierna, producto, cree Rivas, de una caída tras saltar una medianera en su fuga. Había dos proyectiles dentro del cuerpo. Uno ingresó “a la altura del tórax en la línea media axilar” entre la sexta costilla izquierda: la bala cruzó una vértebra para llegar hasta el hombro derecho.
La otra fue encontrada en la fosa ilíaca derecha, cerca del abdomen. Pasó por el retroperitoneo y “rompió la aorta y la cava”, lo que llevó al shock que le causó la muerte al hombre de 26 años.
Hay, en este sentido, una hipótesis, que dependerá de establecer el orden de los disparos en términos científicos, algo que todavía los investigadores del caso no se aventuran a afirmar: si con una sola bala le alcanzaba a Ríos para darle muerte al ladrón, si el segundo disparo era totalmente innecesario para lograr su deceso. En este sentido, la pericia balística será esencial.
Una fuente judicial de peso en Quilmes aseguraba: “Fuera de la casa se encontraron tres vainas y el disparo a quemarropa. A Moreyra, Ríos lo corrió, lo alcanzó y lo remató. Lo alcanzó, precisamente, porque estaba herido en el piso”.

La defensa, por lo pronto, tras las críticas al conductor del Fiat que aseguró haber visto disparar a Ríos, no presentó pedidos de pericias para determinar un supuesto estado de emoción violenta o shock en el jubilado al momento de matar.
Una vecina de Ríos aseguró que tras el crimen lo vio “ido, en estado de shock”.
Con información de Federico Fahsbender
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