El 28 de abril pasado, Adrián Rowek, apodado “Pipi” por sus alumnos, envió su última directiva a sus estudiantes: que entreguen la tarea de Lengua, escribir un pequeño ensayo sobre la novela clásica de Oscar Wilde, “El Fantasma de Canterville”. Había intentado mantenerse en contacto con sus estudiantes, particularmente los de séptimo grado, los de 12. Daba clases también en cuarto, quinto y sexto. Rowek, docente hace al menos cinco años en la Escuela N°23, era un maestro popular, lograba rápidamente trabar relaciones con los padres de los chicos, que se convertían, si Rowek era lo suficientemente habilidoso, en relaciones con los chicos.
Tenía el hábito de ponerles apodos, había un chico en particular. Durante la cuarentena, el chico cumplió años. Rowek llamó a su mamá, le preguntó cómo estaba, si su hijo tenía un teléfono. Ella le dijo que no, pero que podía hablar con el suyo. Así, Rowek y el menor hablaron a solas.
Esa madre hoy asegura a Infobae: “Si mi hijo tenía celular, seguro lo agarraba a él. A ‘Pipi’ lo adora”.
Luego, Rowek chateó con otros alumnos por video, a través de una aplicación. Todos decían extrañarse. El profesor de Lengua planteó la solución: “A fin de año, hacemos un campamento todos juntos”.
Poco después, la Policía de la Ciudad y personal del Cuerpo de Investigaciones Judiciales encontraban a Rowek en su casa de Villa Real con un alumno en su cama, un chico de la N°23 que había repetido grados, 14 años de edad, gracias a una investigación de la fiscal porteña Daniela Dupuy. 48 horas antes, según la versión de la Justicia, los padres de un chico de 12 años denunciaron que “Pipi” le había enviado una foto de un pene erecto, probablemente el suyo.
El chico de 14 había compartido su propia foto, una story fugaz de Instagram en un perfil marcado como privado que alguien cercano al colegio recuperó y que Infobae reproduce en esta nota. Se ven botellas de alcohol, cigarrillos. Se ve a un hombre adulto: se ve el mismo equipo de gimnasia que Rowek vestía cuando lo detuvieron.

Anoche, Rowek se negó a declarar, acusado de grooming, abuso de menores, suministro de pornografía a un menor, abuso sexual. Seguirá detenido. Dupuy, que trabaja a contrarreloj en la toma de testimonios, buscará que quede encerrado en una cárcel común.
Mientras tanto, los padres de la Escuela N°23 se reúnen en la institución de Villa Devoto, con distancia social ante la pandemia. Fueron citados por las autoridades: habrá varias reuniones para diferentes grados, con la presencia de personal del Ministerio de Educación porteño, para el cual Rowek trabajaba desde 2011 según registros previsionales. Las madres hablan entre ellas, hablan de hijos “fascinados con el profe copado”, de estrategias similares, el juego de seducción a chicos que se sienten aislados, solos, inadaptados. Es lo que pasa en la inmensa mayoría de los casos de docentes presos por pedofilia: el tipo canchero, la imagen inmaculada, y después el fin.

El pedido de prisión preventiva para Rowek será formalizado mañana a la jueza Cristina Lara. Las pruebas que complican al docente, aseguran fuentes cercanas a la causa, van más allá de una captura de pantalla.
Mientras tanto, la historia de Rowek sale a la luz: problemas con alumnos que le costaron el puesto en un primario de Palermo a mediados de la década pasada, supuestas actas en su contra en su período como preceptor en el Nacional Buenos Aires, quejas de alumnos, pedidos expresos de que no vaya a viajes de egresados. Los problemas con varones de 11 o 12 años van mucho más atrás.
Un hombre que fue alumno de un colegio tradicional de la colectividad judía hace 25 años atrás asegura a Infobae: “Adrían Rowek era maestro de nuestra primaria en 1995 y nos llamaba por teléfono a mi y a mis amigos a las casas para contarnos historias de sus supuestas aventuras heterosexuales, mientras nos preguntaba si estábamos excitados y si nos estábamos tocando. Fue uno de los maestros responsables que nos llevó de viaje de egresados de séptimo a La Falda, pudo haber pasado cualquier cosa".
Mientras tanto, de vuelta en la Escuela N°23, las autoridades decían de Rowek: “Legajo impecable”. La Justicia, por lo pronto, todavía desconoce si el chico de 14 años fue efectivamente abusado.
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