
La historia está. Hay una versión, una idea de cómo ingresó Pablo Ventura al expediente por el brutal asesinato a patadas en el cráneo de Fernando Báez Sosa. Casi un mes después, esa idea ya es parte de la narrativa del caso, de lo que comúnmente se cree que pasó. Es una de sus partes más crueles: el doble acto de cobardía de los rugbiers que después de matar mandaron preso con una mentira al chico bueno al que le hacían bullying en el boliche, que terminó cuatro días en una celda por un crimen en el que nada tuvo que ver, cometido mientras estaba a más de 500 kilómetros de distancia, jugando a la computadora en Zárate.
La versión vino de investigadores del caso en el centro del expediente. Aseguraron que los rugbiers mismos supuestamente marcaron a Ventura mientras la Policía Bonaerense los detenía en la casa que habían alquilado la mañana después del crimen, la escena incluye a un policía que agita una zapatilla con sangre y pregunta de quién es. “De Pablito Ventura”, habría respondido uno, aunque no se supo quién. Horas después, Ventura era arrestado en su casa de Zárate por la Bonaerense para ser llevado a una celda en Villa Gesell. “¿Tenés tu teléfono?”, fue la primera pregunta, Pablo dijo que sí y lo sacó del bolsillo. En un movimiento rápido y preciso se lo quitaron de la mano. “Sin pensar, decime si estuviste en Villa Gesell”, lanzó uno de los policías y él respondió que no.
Su padre, José María, corrió detrás del móvil policial en su auto, un Peugeot 208 blanco. A los pocos kilómetros reventó un neumático. “Me podría haber matado”, diría tiempo después. Finalmente llegó.
Con el tiempo, ya instalado en un hotel de Villa Gesell donde fumaba más de un atado por día, José María escuchó cómo supuestamente cuatro de los diez acusados habían dicho el nombre de su hijo mientras estaban esposados en el suelo. Los padres de dos de ellos lo llamaron, uno fue el padre de Juan Guarino, liberado ayer del penal de Dolores por el beneficio de la duda y por falta de pruebas en su contra, que le aseguró que ninguno de los acusados señaló a Pablo. Ventura padre le cortó, ofuscado. “Lo mandó a cagar”, dicen cerca de él.

Así, Pablo estuvo cuatro días en una celda mientras su familia entregaba copias de videos que demostraban dónde había estado el joven en la noche del crimen, presentaba pericias de parte con su abogado, Jorge Santoro, estudios que demostraban que no tenía ninguna lesión en los puños para exonerarlo de la golpiza. Sus amigos se agolpaban para declarar a su favor. Había capturas de pantalla: Pablo se había enterado del crimen a la mañana siguiente. Le aseguraba a un amigo que odiaba, particularmente, a Lucas Pertossi, que filmó el ataque con su iPhone, señalado por otros chicos en Zárate por ser un violento y un matón.
Las pruebas fueron aceptadas por la fiscal Verónica Zamboni: Pablo fue liberado, más tarde sobreseído. La gente le pedía selfies en la calle en Villa Gesell, a él y a su padre, le decían que aguante, que no decaiga. Luego, volvió a su casa.
Su defensa y su padre aseguraron que podrían demandar a los rugbiers acusados por daños y perjuicios, por la falsa imputación que le costó el shock de cuatro días de celda.
Pero la realidad es que, en los papeles, no tendrán nadie a quien culpar. El expediente no dice absolutamente nada, ningún nombre, ninguna explicación.
Pablo aparece por primera vez en el expediente en la foja 38 del primero de los más de siete cuerpos de la investigación, en medio del acta de procedimiento de la detención de los rugbiers en la mañana del 18 de enero, a cargo de un comisario mayor jefe de la Departamental Pinamar junto a un comisario inspector, el jefe comunal de la Policía en Villa Gesell y otros tres efectivos locales de alto rango en comunicación con la UFI Nº8. Matías Franco Benicelli, luego acusado de ser partícipe necesario del crimen, fue quien abrió la puerta. Lo reconocieron de los videos de la noche del boliche Le Brique, gracias a la colita que llevaba en el pelo. Así, rompieron.
La transcripción que llegó a la fiscalía del caso incluyó el nombre de Pablo Ventura. Lo que no incluyó fue una explicación de cómo se obtuvo, no incluye el nombre de ningún rugbier que supuestamente lo marcó. Lo cierto es que hubo detalles, muchos, incluso de sus movimientos, con la pista del auto de su padre incluida.
La foja dice:
“A esta altura y de averiguaciones practicadas se deja constancia que se pudo establecer que habría otro sindicado en la investigación de nombre Pablo Ventura, quien se habría retirado del lugar abordando un vehículo Peugeot 208 de color blanco antes del personal policial, cerca de las 7:30 horas, por lo cual y teniendo en cuenta directivas del agente fiscal se implementa operativos de seguridad en los accesos de entrada de Villa Gesell y en rutas desde este medio hasta la localidad de Zárate”.
O sea: quien marcó a Pablo no solo dio su nombre, sino que lo acusó de fugarse en el auto de su papá. Ese mismo día, las alertas para capturar el 208 fueron enviadas a Seguridad Vial.
Ventura, mientras tanto, dormía en su casa.
Para Jorge Santoro, abogado de Pablo, la foja 38 es un lugar frustrante.
“Habla de la supuesta participación de Pablo en potencial, es un mal procedimiento. A Pablo tendrían que haberlo llamado a declarar como testigo, no directamente detenerlo", dice el defensor: “Obviamente el Estado, por poner a un inocente preso, va a tener que responder por esto”.
-¿Ya tiene redactada una demanda?
-Todavía no hemos empezado, la demanda lleva un tiempo de averiguaciones, el informe policial fue en potencial, ni siquiera menciona a quien lo dice. No puedo puntualizar sobre los detenidos porque el expediente no dice nada, pero de ellos salió el nombre de Pablo. No tengo otra forma. Seguramente lo van a negar, pero alguien lo mencionó.
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