
Si bien la fiscal Verónica Zamboni lo imputó como partícipe necesario del “homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas”, la situación de Alejo Milanesi, uno de los diez rugbiers detenidos por el crimen de Fernando Báez Sosa, es algo diferente a la del resto de los acusados.
De los 12 testigos que participaron en las cuatro jornadas de ruedas de reconocimiento, ninguno pudo ubicarlo en la escena del brutal ataque, ocurrido a la salida del boliche Le Brique en Villa Gesell. Es así que por el momento, el rol que tuvo Milanesi aquella noche sigue siendo una incógnita.
El martes pasado, los últimos en ser señalados por los testigos fueron Blas Cinalli (18) y Juan Pedro Guarino (19). Incluso aseguraron que Cinalli le pegó a Fernando antes de que cayera al piso y quedara inconsciente. Pero nadie identificó a Milanesi como uno de los presentes en la golpiza.
Para la querella, igualmente, eso no implica que quede libre de culpa.
El abogado Fernando Burlando, quien representa legalmente a los padres de Báez Sosa, contó que Milanesi, “como casi todos los involucrados en este episodio, registran algún tipo de eritema o excoriación en diferentes partes del cuerpo”.
En concreto, el letrado se refirió a lesiones de carácter menor, como “rasguños o hematomas”, pero que para la querella son “sumamente importantes, porque obviamente pueden hablar de algún tipo de agresión, de haber estado en una lucha y eso hace que (a los imputados) les sea muy difícil salir de la escena del crimen”.

Burlando detalló a TN que, por ejemplo, Enzo Comelli (19), quien fuera apuntado y reconocido por la mayoría de los testigos junto a Máximo Thomsen (20), presentó “excoriaciones en el antebrazo y eritemas en la parte dorsal de sus manos”. Y en el caso de Ciro Pertossi (19), “excoriaciones en el dedo mayor, en los nudillos”.
Pertossi además presentó restos de sangre en el rostro, debajo del pómulo izquierdo. A raíz de ello se hizo el hisopado correspondiente, el cual dio positivo. Las muestras de ADN de los involucrados junto a la recolectada en las prendas con manchas hemáticas de los rugbiers se analizarán en un laboratorio en Junín. Allí se hará el cotejo para saber a quién corresponde esa sangre impregnada en la ropa.
“Cuando los detuvieron estaban a punto de dormirse con estas prendas marchadas, no se habían cambiado. Yo creo y entiendo que también era parte del trofeo”, sostuvo Burlando, haciendo referencia a la declaración de T., una de las testigos principales de la causa, cuyo testimonio sugirió la saña con la que habría actuado Thomsen.
A la espera también de los resultados de los peritajes a los teléfonos celulares y de las identificaciones faciales en todas las fotos y videos que se incorporaron a la causa, el abogado aseguró que la información que tiene le “alcanza para llegar a un juicio oral".

Mientras avanza la investigación, los rugbiers continuarán por el momento alojados en la Unidad Penal N° 6 de Dolores. La fiscal Zamboni tiene plazo hasta el 18 de febrero para solicitar o no la prisión preventiva de los acusados.
El jueves pasado, los detenidos recibieron la visita de sus familiares. A la salida, Marcial Thomsen, padre de Máximo, dijo ante los medios "esto fue una tragedia, no son asesinos”.
Burlando hizo mención a esos dichos y expresó: “Creo que el juicio o el pensamiento crítico no lo tiene. Si arranca el discurso diciendo que su hijo no es un asesino, empieza con una falacia. Acá hubo un homicidio".
“Entiendo que es el padre pero no puedo hacer ni el mínimo análisis ético moral porque me pongo en el lugar de los padres de Fernando, que están en un efecto de demolición moral. Estoy preocupado por ellos. Tienen un desgano existencial que se advierte con solo verlos”, finalizó el letrado.
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