
“Hubo una frase que me quedó grabada. Mientras le pegaban al chico se acercó otro joven, que creo que no era parte del grupo de agresores, y gritó: ‘dale, mátalo’. Uno de los que estaba pegando lo miró y mientras agarraba a la víctima del cuello y lo levantaba le dijo: ‘Quédate tranquilo que a este me lo llevo de trofeo’. Después ese mismo agarró a la víctima y la arrastró hasta un cantero, lo apoyó de costado y le pegó una patada en la boca. Después de eso ya no hubo más reacción”.
Así, con una claridad y contundencia asombrosa, T., una de las testigos principales de la causa describió esta mañana ante la fiscal Veronica Zamboni el momento en el que Fernando Báez Sosa era asesinado a patadas en la cabeza. La chica de solo 17 años no solo estuvo presente en el momento sino que estaba de pie a pocos metros. Infobae accedió a su declaración completa.

Esa frase, según la testigo, fue dicha por Máximo Thomsen, el más complicado de todos los acusados por el crimen, acusado de ser uno de los autores materiales.
En el comienzo de su relato, T. cuenta que esa noche fue a un bar llamado “Beerland” que está pegado al boliche Le Brique junto a una amiga. En horas de la madrugada vio a un chico en la vereda de enfrente, que ahora sabe que era Fernando, conversando con un amigo hasta que comenzó la agresión: “Fernando se acomodaba la camisa, que se la habían arrancado, cuando cruzaron dos chicos que le pegaron una patada de atrás. Junto a estos dos venían dos o tres más. Fernando cayó al piso y le empezaron a pegar entre los dos primeros y después vinieron un par más a pegarle”.

“Empezaron pegándole en la vereda y como que lo fueron arrastrando para el cordón. Yo me quise meter y vi que el pibe ya estaba mal. Le estaban pegando como a una bolsa de papas. Lo golpearon durante 5 o 6 minutos y luego apareció una chica que le hizo RCP, porque la víctima estaba como temblando”, contó la joven de 17 años que todavía estudia en el colegio secundario.
La chica también le relató a la justicia los segundos posteriores al crimen: “Después los agresores pararon, se acomodaron y fueron caminando hacia la calle Buenos Aires. Ahí se chocaron con un grupo de policías. Hablaron un poco y se fueron para la zona del Pinar. Esos mismos policías después se acercaron al lugar y ahí empezaron a aparecer móviles de todo tipo. Yo me crucé de la mano de enfrente y me puse a llorar. Me agarró un ataque de nervios y me fui a mi casa. Después me enteré de todo por las noticias”.
En medio de la declaración, y a pedido del abogado defensor Hugo Tomei, la chica realizó un croquis donde ubicó los distintos puntos de acción dentro de la escena. Señaló el lugar donde fue la agresión, los bordes de las veredas, el cantero y el lugar donde estaba ella.

A raíz de una pregunta de la fiscal Zamboni, la chica aseguró que podría reconocer a dos de las personas si volviera a verlas: “Estoy segura de que podría reconocer a Pertossi y a Thomsen”. Rápidamente el abogado defensor le preguntó si había visto en la televisión videos o fotos del momento a lo que la joven respondió que sí. Esto es parte de la estrategia defensiva de los rugbiers, que consiste en intentar demostrar que los testigos están influenciados por lo que ven en los medios de comunicación a la hora de hacer un relato.
A pesar de esto, T. logró contar que tipo de participación tuvo cada uno de los rugbiers que según ella puede identificar: “Pertossi y Thomsen fueron los que más pegaron. Le pisaban y le pateaban la cabeza. Los otros le pegaban piñas por todos lados a Fernando. El que dijo ‘quédate tranquilo que a este me lo llevo de trofeo’ fue Thomsen".
Amenazas y miedo
“Después de la reunión de velas que hicimos el otro día, recibí amenazas donde me decían que me olvide del boliche. Me las mandaron por Instagram. Después de que vi el mensaje lo borraron, no tuve tiempo de hacer captura. Los mensajes me los mandaron de la cuenta ‘huguitolebrike’”, contó compungida la chica frente a la Justicia.
También añadió que tiene miedo por las amenazas y que le teme a los relaciones públicas o tarjeteros del boliche donde Fernando fue expulsado antes de encontrar la muerte.
La de T. no fue la única declaración que recibió hoy la fiscalía. También se presentó Walter Javier Tolosa, que trabaja como sereno en el hotel que queda justo al lado de donde vivieron los rugbiers durante su estadía en Villa Gesell, previo al asesinato de Fernando.
El hombre contó que como trabaja de noche, pudo observar que el día del asesinato, cerca de las cinco o cinco cuarto de la mañana (cuando Fernando ya había muerto), dos de los rugbiers pasaron corriendo e ingresaron bruscamente a la casa que habían alquilado: “Entraron sin abrir el portón, sino saltándolo. Me llamó la atención porque ellos tenían llave. En ese momento me dije para mi mismo ‘estos locos se mandaron una cagada’". Añadió también que uno de esos tenía una camisa blanca aunque aseguró que no podría reconocerlos.
Esto suma un nuevo dato a la causa y abre interrogantes. ¿No volvieron los 10 juntos al lugar que alquilaban luego del crimen? ¿Quiénes son los dos que saltaron la tranquera del lugar? ¿En que momento se separaron? ¿Algunos estuvieron en otro lugar cuando asesinaban a Fernando? ¿Qué hicieron exactamente los rugbiers desde las 5 de la mañana, cuando Fernando fue asesinado, hasta las 10 cuando la policía los detuvo?
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