Miki, la víctima, en la casilla en donde se refugió tras el ataque (Guille Llamos)
Miki, la víctima, en la casilla en donde se refugió tras el ataque (Guille Llamos)

Decían que se había escapado a Tucumán, a alguna provincia del Noroeste, que se había refugiado en alguna casucha del Conurbano, pero Nehemías Fernández no parecía venir de más de un mes de esconderse en un agujero cuando llegó el 14 de mayo a la mesa de entradas del Juzgado de Garantías Nº 6 de Florencio Varela. Se lo veía bien, sin ojeras, bien vestido, pulcro, jeans y remera, campera inflable, zapatillas deportivas. Aterrado, no decía nada, mientras sus dos abogados particulares y su madre llevaban la voz cantante. Su padre, un remisero de clase media, estaba ahí, de pie, observando callado.

La idea de que fuese a una celda común los aterraba. Los Fernández y sus defensores querían negociar, asegurar condiciones de detención, pedían que no fuera a cualquier comisaría, pedían que a Nehemías lo encerraran junto a sus co-imputados en la causa por abuso sexual más aberrante de los últimos tiempos.

El chico de 21 años había sido el último en caer. Se profugó automáticamente luego de los primeros allanamientos de la Policía Bonaerense en el barrio Santa Rosa, luego de que otros nueve jóvenes y un menor cayeran tras haber sido señalados por Miki, su víctima, de apenas 17 años. En la madrugada del 30 de marzo, en una casa del Santa Rosa, once varones de la zona la sometieron y la golpearon, se turnaron para penetrarla por la fuerza. Despertó ya con luz del día, apenas con un corpiño, en un charco de agua en el piso, apestando a lavandina.

Miki decidió acusarlos, chicos con más poder adquisitivo y estabilidad familiar que ella, una indigente abandonada por su madre y violada por su padrastro que la embarazó, que había salido de un hogar de menores con su beba poco antes para irse a vivir a un rancho de chapa con su tía que se dedica al cirujeo. Filmó un video con un teléfono prestado que subió a Facebook. La amenazaron, una mujer adulta que sería la madre de uno de los detenidos le aseguraba que le iba a "partir el alma" si no le "limpiaba al guacho", la trataba de "mogólica", de zorra.

El juez Diego Agüero
El juez Diego Agüero

Tras recibir esos audios, Miki tuvo que dejar el rancho de su tía Isabel para esconderse en otro rancho en un asentamiento del sur del Conurbano, uno de material pero convertido en una ruina, incendiado semanas atrás y todavía húmedo del agua que se usó para apagar el fuego, donde la acobijaron una amiga y su madre. Ahí, sentada en una silla rota, con su beba en una pieza contigua, Miki contó su historia a Infobae. "Antes tenía que callarme, pero ahora aprendí a hablar", aseguró. El padrastro que la había violado y embarazado vivía a una cuadra. 

Durante todo este proceso, Miki ratificó su relato una y otra vez en el juzgado, ante la fiscalía, en entrevistas a medios. Le practicaron pericias, hisopados tras el ataque, le extrajeron muestras de sus orificios. Una psicóloga la contuvo. Al juez Agüero le dijo que quería aprender a bailar, que quería a ayudar a otras chicas, víctimas como ella, y que la dejaran en paz.

Nehemías, en tiempos procesales, se había entregado justo a tiempo. El 14 de mayo vencía el plazo para que Agüero definiera el rumbo del caso, para que dictaminara si los otros diez detenidos eran liberados o si su arresto se convertía en prisión preventiva. El juez les dio cárcel a todos. Las pruebas eran abrumadoras: los tests químicos realizados por Policía Científica a los hisopados al cuerpo de Miki constataron la presencia de semen en sus orificios. Tenía varios golpes tras el ataque. Los acusados se negaron a declarar.

El juez, por otra parte, valoró como prueba la entrevista que Miki dio a Infobae, la consideró como el equivalente a un informe ambiental y la citó en forma completa en su dictamen.

Así, solo quedaba Nehemías.

Ayer por la mañana, luego de que la Sala II de la Cámara de Quilmes lo ratificara en la causa luego de que un abogado defensor del caso lo recusó por sus posturas a favor del movimiento feminista para resolver las prisiones preventivas, el juez Agüero resolvió la prisión preventiva para Nehemías según confirmaron fuentes judiciales a Infobae, por el delito de abuso sexual agravado por la participación de varias personas y por ser gravemente ultrajante para la víctima. El magistrado resolvió que el acusado, de 21 años, sea enviado en un plazo máximo de cinco días a una cárcel del Servicio Penitenciario Bonaerense.

Santa Rosa en Florencio Varela, el barrio de los acusados (Guille Llamos)
Santa Rosa en Florencio Varela, el barrio de los acusados (Guille Llamos)

Agüero no solo valoró las pruebas físicas y las consistencias del relato de Miki, que señaló a Nehemías. "Resulta claro que la víctima jamás pudo consentir los actos", apuntó el juez en su fallo, mientras relata cómo los varones del Barrio Santa Rosa aprovecharon su estado de intoxicación con una bebida que ella no pudo identificar pero que describió como "rara" para desnudarla entre todos, introducirle los dedos y violarla con sus miembros mientras le golpeaban las nalgas con la mano abierta. El dictamen del juez no habla de una participación especial de Nehemías, un rol específico: lo ubica, básicamente, como uno más en la violación grupal.

La calificación que le impuso ya de por sí le garantiza de 8 a 20 años de cárcel si es encontrado culpable por un tribunal oral criminal de la jurisdicción. Los abogados de Nehemías pidieron su arresto domiciliario, aseguraron que nunca estuvo prófugo porque su orden de arresto era ilegal, hablaron de su falta de antecedentes, algo que se repite en la mayoría de los detenidos. Hasta plantearon un hábeas corpus en favor del chico.

Por otra parte, el Juzgado de Garantías Nº 6 espera los resultados de los estudios del ADN encontrado en el cuerpo de Miki que será cotejado con las muestras de sangre extraídas a los acusados. Nehemías enfrentó una extracción horas después de que se entregó.

El estudio se realizará el 19 de octubre en la Asesoría Pericial del Ministerio Público en La Plata. Allí se sabrá quién es quién.

SEGUÍ LEYENDO: