El consultorio de Teófilo Plasencia por dentro. “Bienvenidas”, dice la muñeca.
El consultorio de Teófilo Plasencia por dentro. “Bienvenidas”, dice la muñeca.

La pareja de Lanús Oeste había buscado tener un bebé durante años, sin resultados. Entonces, a fines de 1993, decidieron comprar uno. Tenían la oportunidad de hacerlo: un familiar les había conseguido el contacto para el negocio, en un lugar a pocas cuadras de la estación de Claypole. Había una mujer embarazada, un futura criatura disponible.

Cerraron el trato, acordaron los términos. Tras hacer el pago, la pareja recibió un código que escucharía a través del teléfono cuando naciera el bebé. El código tenía dos variantes:

"Heladera lista para retirar", si es que era un varón.

"Televisor", si es que era una mujer.

Pero la pareja no cerró el negocio directamente con la madre del bebé que comprarían, o con su pareja. Había un supuesto intermediario, Teófilo Homeraldo Plasencia, nacido en Cajamarca, Perú, en 1945, médico por la Universidad Nacional de La Plata diplomado en 1972, "Don Teo" para sus vecinos", "El Doctor Muerte" para un programa de televisión, hoy preso en el penal de Olmos. Se trata del abortero clandestino más grande de la historia reciente del conurbano bonaerense con su clínica montada en su casa de la calle 17 de Octubre, a pocas cuadras de la estación de Claypole.

Así, en enero de 1994, la pareja recibió un llamado. Una bebé había nacido en la clínica.

Era, escucharon por el teléfono, un televisor.

Y a ese televisor lo llamaron Camila.

La retiraron tras acordar un pacto con Plasencia: tenían que callar todo, no hablar. Los vecinos de la pareja en Lanús Oeste nunca preguntaron demasiado. La pareja tenía una bebé, y eso era todo.

Teófilo Homeraldo Plasencia, “Don Teo”.
Teófilo Homeraldo Plasencia, “Don Teo”.

Así, Camila fue criada por ellos durante 24 años, una hija única, primero alumna de un colegio privado, luego estudiante de la carrera de Psicología de la UBA. Siempre supo que era "adoptada", por así decirlo, que no era hija biológica de sus padres, algo que le provocaba profundas crisis.

Eventualmente, sus padres se lo contaron. "Te compramos en lo de Teo, en lo de Plasencia", le dijeron, sin querer contestarle más. "No sabemos ni queremos acordarnos", le repitieron. Se negaron a decirle cuánto pagaron por ella. Las crisis en su cabeza se agravaron: ¿cómo le diría a sus compañeros de colegio, a sus amigas, que había sido una bebé comprada en la clandestinidad?

"Teo Plasencia" es un nombre que resonó en la cabeza de Camila durante años. Finalmente, a Teo lo encontró al entrar a Infobae en agosto de 2018. "El brutal prontuario del Doctor Muerte, la cara del aborto clandestino en la Argentina", se llamaba el artículo, la primera parte de una investigación que detallaba más de 20 años de antecedentes penales, negocios, fortuna y víctimas de Plasencia, publicada justo en medio del debate en el Congreso nacional por el aborto legal, seguro y gratuito.

Ante la legalidad y seguridad que ofrece la posibilidad de interrumpir un embarazo bajo las normas del Estado, Don Teo era una contracara de oscuridad, el negocio consumado, a donde van la plata y la sangre de las mujeres pobres que abortan en la zona sur del conurbano bonaerense.

La casa de la calle 17 de Octubre en donde Camila sabía que había nacido -hoy sin ocupantes, con mugre apilada en los marcos de sus ventanas y vecinos que recuerdan a Plasencia muy vagamente- estaba presente en el artículo. No era una casa de vida, sino todo lo contrario.

Ampliar el negocio

Plasencia, hoy con 74 años de edad, está preso desde el año pasado en el penal de Olmos con una condena de cinco años y seis meses de cárcel pactada en un juicio abreviado en el Tribunal Oral Criminal Nº2 de Lomas de Zamora por practicarle un aborto sin consentimiento en la clínica clandestina de Claypole a una empleada domestica con un embarazo de seis semanas en septiembre de 2016.

"Me enteré por Internet. Entré en Google y busqué para abortar criaturas, dónde hacerme un aborto clandestino y ahí me salieron varios, entre ellos la clínica de él, de Plasencia, de ahí saqué su número de celular", dijo la joven a Infobae. Le pagó al médico una suma de seis mil pesos para el procedimiento quirúrgico, pero se arrepintió de hacerlo apenas entró. El médico, de acuerdo a la condena en su contra, decidió practicarlo de todas formas.

La casa-clínica de la calle 17 de Octubre en Claypole.
La casa-clínica de la calle 17 de Octubre en Claypole.

La durmió con anestesia, asistido por enfermeras. Una complicación en el procedimiento dejó a la joven ensangrentada y al borde de la muerte, su útero desgarrado. Al despertar, fue arrojada en la puerta de una clínica de San Francisco Solano, amenazada de muerte para que no cuente nada. Vivió para contarlo: denunció a "Teo" y lo reconoció en una pila de fotos policiales ante los investigadores del caso. Su testimonio fue el pilar clave para condenarlo. Hoy es una migrante sin papeles en España, limpia casas, dice. Llora por las noches por estar lejos de su familia, sin apoyo, con el trauma de lo que pasó.

La causa por aborto sin consentimiento no es la única que Plasencia tuvo en su contra. La Dirección del Registro de Antecedentes del Ministerio de Seguridad bonaerense conserva una lista de otras diez en donde se lo imputa por abortos y delitos similares, cuatro de ellos seguidos de muerte, asociación ilícita, expedientes que quedaron en nada en los tribunales de Quilmes y Lomas de Zamora, hay hasta viejas causas en contra del médico en la Cámara Criminal porteña.

El ex juez Daniel Llermanos, hoy abogado de Hugo Moyano, allanó la clínica de Claypole en octubre de 1995. Se encontró con una escena kitsch, como de una película de Almodóvar. "Tenía una especie de monumento al pene", recordó Llermanos. El doctor, con el tiempo, compró casas, propiedades, un VW New Beetle importado que puso a su nombre. Nunca estuvo detenido por demasiado tiempo. Tiene apenas una entrada en el Servicio Penitenciario Bonaerense, la actual.

Camila leyó la historia de Don Teo. Luego, escribió un correo al autor de esta nota a fines de diciembre de 2018.

"Estoy hace años en la búsqueda de mi verdadera identidad biológica. Veo que hace algún tiempo desde este diario publican noticias de este 'medico' (si, así se le puede llamar) relacionadas con casos de muertes por abortos clandestinos. Ademas de realizar abortos, comercializaba niños y ese es mi caso. Esta persona se encargo de sustituir mi identidad. Para mí esto va mas allá, ya no busco solamente mi historia de origen. Busco justicia".

Camila hoy. No es su nombre real: pide reserva de su identidad. La pareja que la crió puede terminar en la cárcel.
Camila hoy. No es su nombre real: pide reserva de su identidad. La pareja que la crió puede terminar en la cárcel.

Días después de su mensaje, Camila se sienta en un café de Lanús para hablar con Infobae. Acaba de recibirse de psicóloga en la UBA: el tema de su tésis fue el derecho a la identidad.

"Mis papás no saben que estoy en la búsqueda", dice: "Armé un grupo de Facebook para intentar encontrar a otros nacidos en la clínica de Teo. Hubo gente que se sumó, curiosos, pero hasta donde sé, soy la única que nació. Nadie más apareció asegurando haber pasado por lo mismo que yo. O nadie lo reconoce." Ver las fotos de la clínica le afecta. "Me movió mucho, me produjo miedo, impotencia. Me sentí manoseada, entendí que de bebé pasé por las manos de estos delincuentes que solo quieren hacer daño", dice. Tiene miedo por sus padres: "Si hablan, van a terminar imputados. Van a terminar presos si lo admiten abiertamente".

Camila –no es su nombre real, sino un nombre asumido para proteger su identidad- solo tiene el relato de la pareja que la crió para decir que fue vendida por Plasencia. Curiosamente, la lista de antecedentes de "Don Teo" en el Ministerio de Seguridad bonaerense no solo incluye delitos por aborto seguidos de muerte y sin consentimiento de sus víctimas: su prontuario incluye un expediente radicado en los tribunales de Quilmes en octubre de 1994, nueve meses después del nacimiento de la joven. Plasencia fue acusado de falsificación de identidad y sustracción de un menor. ¿Tuvo resolución este expediente? La planilla de antecedentes dice "no obra en principio".

El curioso certificado de nacimiento de Camila, firmado por un oficial del Registro de las Personas. Pocos datos.
El curioso certificado de nacimiento de Camila, firmado por un oficial del Registro de las Personas. Pocos datos.

Camila, por su parte, tuvo un certificado de nacimiento rubricado en Valentín Alsina, un papel oficial por lo menos cuestionable. "Provincia de Buenos Aires, Ministerio de Gobierno y Justicia, Dirección Provincial del Registro de las Personas", dice el membrete. Los datos en el documentos son escasos. Apenas dice la fecha de nacimiento. "Claypole, Almirante Brown", como lugar del parto. Finalmente, la firma de un funcionario del Registro, con su sello correspondiente.

La joven no lo duda: para ella, Plasencia habría tenido cómplices para su doble esquema de abortar y vender.

A dónde están los demás

No es la única en la búsqueda de su identidad en la zona sur, no es la única que pasó por las manos de una partera clandestina y un abortero para terminar en el mercado negro de chicos. Camila conoció meses atrás a Nelly, una mujer de Turdera detrás del rastro de su hermano menor, que su madre entregó a una partera de su zona y que hoy tendría 65 años. La hija de la partera continuó con el negocio. Hoy, son más de 80 personas en el grupo de Nelly en Facebook en la zona de Turdera con la misma historia, que buscan respuestas ante un Estado que recién comienza a intentar darle a una respuesta a quienes fueron víctimas del comercio de bebés, a quienes buscan un familiar vendido o entregado. "Los hijos e hijas de desaparecidos en la dictadura van a Abuelas. Nosotros, ¿a dónde vamos?", dice Camila.

Existe, por ejemplo, el RETIB, la Red de Trabajo sobre Identidad Biológica de la Secretaría de Derechos Humanos, que acumulaba en febrero del año pasado a 800 personas que buscaban saber sus orígenes, un trabajo incipiente. Hay también otra alternativa, en otro lugar.

Hace dos años, Camila le entregó una muestra de ADN al genetista Ramiro Colabianchi para el proyecto internacional Family Tree, un banco de información en Estados Unidos que compila perfiles genéticos de personas que buscan familiares perdidos, que desconocen su propio origen y buscan su respuesta en una coincidencia.

El consultorio de Plasencia: instrumental y anestesia.
El consultorio de Plasencia: instrumental y anestesia.

Colabianchi afirma que ya hay más de 700 argentinos inscriptos en Family Tree que entregaron sus muestras mediante hisopados. "El gran porcentaje de los que viene asegura haber sido víctima de la trata, haber sido entregado o vendido", asegura el genetista. "Hay muchos casos de mayor edad que vienen de tiempos donde la adopción no estaba regulada, donde la entrega de bebés era algo común. Para muchos Family Tree es la solución, o una herramienta para seguir tirando".

Quince argentinos recibieron una identificación positiva dentro del programa según Colabianchi, un match una concordancia genética, un familiar encontrado. Camila espera el suyo.  Por otra parte, la joven comenzó a investigar. Dice que sabe el nombre y apellido de la partera que asistió a su madre biológica en su nacimiento, que quizás Teo Plasencia sepa quién es su mamá. Tiene curiosidad, quiere preguntarle, en una parte de su mente. Pero también siente miedo.

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