
El pasado sábado 24 de mayo, Rodrigo Bueno habría cumplido 52 años. Pero ya hace casi un cuarto de siglo que perdió la vida de manera absurda, en un accidente de auto ocurrido cuando volvía de la ciudad de La Plata hacia la Capital después de dar un recital. La muerte lo encontró demasiado joven y en pleno éxito. Y el desconsuelo se replicó en todos los rincones del país. Sin embargo, el recuerdo del Potro sigue presente hasta el día de hoy. Y no solo entre sus parientes y sus millones de fanáticos, sino también en el corazón de cada una de las mujeres que pasaron por su vida.
Sexy y carismático, el cuartetero no pasaba inadvertido ante la mirada de ninguna dama. Y mucho antes de ser famoso, era considerado un hombre irresistible. Así que nadie puede calcular la cantidad de señoritas que pasaron por su lecho. Sin embargo, en tiempos en los que los celulares no tenían cámaras de fotos y no existían las redes sociales, pocas fueron las que trascendieron. Y quizá menos, las que realmente fueron importantes para él. Aunque, sin lugar a dudas, a todas las dejó marcadas para siempre.
Marixa Balli era la chica del momento cuando, en 1992, Rodrigo decidió convocarla para que protagonizara el clip de La chica del ascensor. Ella no lo conocía y aceptó el trabajo con desconfianza. Pero él tenía muy en claro su objetivo: quería seducirla. Y lo logró. El romance duró tres intensos años y, luego, siguieron manteniendo encuentros esporádicos. La ex vedette fue, sin lugar a dudas, una de las mujeres más importantes en la vida del Potro. Y ella nunca lo olvidó. Pero era imposible que dos personalidades tan fuertes pudieran seguir juntas durante mucho tiempo.

A Patricia Pacheco la conoció en 1996, cuando él tenía 23 años y ella apenas 20. Él había lanzado uno de los que, con el tiempo, se convirtió en un verdadero hit: Lo mejor del amor. Y ella se lo encontró en un bar frente a los estudios de Crónica TV, donde lo habían citado para hacerle una entrevista. Hubo miradas cómplices, algunas palabras y un intercambió de teléfonos que desembocó en una primera cita.
Fue una relación abrupta: la convivencia y el embarazo -que fue buscado según lo que ellos explicaron- llegaron tan rápido, que antes de poder consolidarse la pareja comenzó a tambalear. Y cuando el 1 de julio de 1997 nació Ramiro, el único heredero de Rodrigo, la situación se complicó aún más. Es que, para ese entonces, la fama del músico se había multiplicado. Y los affaires que, pese al amor que sentía por la madre de su hijo mantenía con otras mujeres, también empezaron a aumentar.

Así las cosas, después de muchas idas y vueltas, Patricia decidió dar por terminada la relación. A pesar del profundo dolor que guardaba en su corazón, sentía que ya no podía soportar sus infidelidades. Sin embargo, su contacto con el ídolo se mantuvo hasta el final de sus días. De hecho, aquel fatídico 24 de junio en el que ocurrió la tragedia en la que falleció el Potro, ella iba en el auto con él junto a su hijo. Y ambos se salvaron de milagro.
Otro de los grandes amores de Rodrigo, que durante mucho tiempo se mantuvo en secreto, fue Sarita Carrera. Ella era secretaria de Qué bochorno, un ciclo que se emitía por Canal 26 con la conducción de Torry Palenzuela y que todas las semanas recibía a distintos músicos. El Potro la conoció en 1997, justamente, en los estudios de ese programa donde había ido a cantar El Cucumelo. Y el flechazo fue inmediato.

Esa mujer habría sido la estocada final para la pareja entre Rodrigo y Patricia. Los allegados al cantante aseguran que él quedó perdidamente enamorado, al punto de hacerse un tatuaje en el pecho en su honor. Y que ella se alejó de los medios para dedicarse, exclusivamente, a él. Porque, según confesó muchos años después, él la llenaba de flores y bombones para tratar de demostrarle que era alguien especial. Y que apostaba a un futuro juntos.
Pero lo cierto es que el Potro era muy celoso. Y quien también había puesto los ojos en Sarita, habría sido ni más ni menos que Diego Maradona, aunque hay quienes sostienen que en realidad tenía una historia sentimental con Guillermo Coppola y que el jugador se oponía al romance en solidaridad con su amigo. De hecho, hubo testigos que dieron cuenta de una pelea en un boliche que el cantante habría mantenido con el mánager del Diez, luego de que éste se acercara a hablar con la joven. Sea como fuere, pese al amor, la relación no pudo prosperar.

En pleno apogeo de su carrera, en el verano de 2000 el cantante fue convocado para protagonizar la tapa de la revista Gente junto a Graciela Alfano, que por esos días estaba encabezando la obra Lo que el turco se llevó en Mar del Plata. El título de la nota era “El Potro y la Potra”. Y la producción fotográfica, sumamente sensual, habría dado lugar a mucho más que unas cuantas tomas.
Él, hay que decirlo, como buen caballero jamás habló de esa aventura, que habría tenido lugar mientras la diva estaba en pareja con Matías Alé. Pero ella, pasados ya muchos años, no tuvo reparo en contar hasta el más mínimo detalle de su encuentro íntimo con Rodrigo, que empezó con unas caricias en el camarín post entrevista y terminó con una apasionada noche de hotel.

Alejandra Romero fue la última novia oficial del cantante. La había conocido en 1999 en la bailanta Escándalo de City Bell. Ella no sabía mucho de él, pero había ido a acompañar a una amiga. Y, cuando ésta última le pidió un autógrafo a su ídolo, el Potro dirigió su vista hacia Alejandra y sin dudarlo le dio un beso. Esa actitud abusiva, en principio, le molestó. Sin embargo, a partir de ese momento se unió íntimamente a él y su vida se convirtió en un verdadero torbellino.
Era la época en la que los temas del cordobés sonaban absolutamente en todas partes. La prensa lo perseguía. Sus seguidores lo adoraban. Y el estrellato parecía no tener límite. Así que a Alejandra le tocó acompañarlo, entre otras cosas, en su sonado viaje a Cuba y en sus 13 Luna Park a lleno total, que lo consagraron como en número uno indiscutido del país. Pero la historia no pudo tener un final feliz. Y, tras la muerte de Rodrigo, tanto ella como el resto de las mujeres que se cruzaron por su vida, quedaron sumergidas en una profunda tristeza.
Puede que las fechas no cerraran. Y que el Potro no haya sido el hombre más prolijo en sus relaciones. Sin embargo, todas sus parejas siguen refiriéndose a él con un sentimiento de profundo amor, que logró perdurar a pesar del tiempo e, incluso, de los daños que con sus actitudes alguna vez les haya podido causar.
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