Dos personas de mundos distintos se encontraron por azar, o tal vez por destino. “Nos conocimos en Irlanda, un país que no era el de ninguno de los dos, hablando un idioma que tampoco era el nuestro… y ahora estamos acá, en Argentina, viviendo nuestro amor”, cuentan Roby, italiana, y Facu, argentino, casi al unísono en este nuevo episodio del ciclo “Amores que cruzan el mapa” de Infobae.
“No pensaba de la nada de encontrar un argentino en Irlanda”, reconoce ella, recordando aquellos primeros días en Cork, donde fue a estudiar inglés en junio del año 2019. “Conocía muy poco de Argentina. Maradona, el Papa ‘Francesco’ y nada más...”. “Disculpame, el Papa ‘Francisco’”, corrige Facundo con humor.
Lo que comenzó como un viaje para aprender otro idioma, terminó siendo la experiencia que les cambiaría la vida. “Fue destino”, reflexiona Roberta, convencida de que el azar los llevó a ese cruce de caminos que no imaginaban.

Su historia de amor empezó lejos de las raíces de ambos. Ella había terminado la universidad en Italia y, junto a su hermana, decidió viajar a Irlanda para mejorar su inglés. “No quería ir a Irlanda, sinceramente. Mi idea era ir a Malta”, recuerda Roberta. “La que me convenció fue mi hermana, que no le gustaba demasiado el calor”. Así, casi por casualidad, eligieron Cork como destino.
En la escuela de idiomas, la suerte los unió en el mismo grupo. “Nos pusieron juntos en un nivel de inglés… que no sabíamos nada”, afirma Facundo, sonriendo al recordar aquellas primeras charlas llenas de gestos con las manos para entenderse. “A los dos nos resultaba difícil hablar en inglés. Entonces empezamos a hablar cada uno en su idioma”, agrega Roberta, subrayando cómo la comunicación fluyó a pesar de las barreras.
Pronto, la complicidad fue más fuerte que cualquier dificultad idiomática. “En ese curso me divertías, me gustaba estar con vos. Me gustaba más que aprender inglés”, le confiesa Roberta entre risas a su pareja.
Tras ese primer encuentro, la vida de ambos se transformó en un ir y venir de emociones y decisiones difíciles. Cuando el curso terminó, parecía que cada uno seguiría su camino... pero no fue así.
Facundo, que planeaba quedarse más tiempo estudiando y trabajando en Irlanda, sintió la necesidad de reencontrarse. “Estuve tres meses en Irlanda y me costó mucho adaptarme al clima... cuando ya estaba decidiendo volverme a Argentina, fue cuando decidí ir una semana a verla a Roby, que ya había vuelto a Italia”. Esa visita a Udine, que queda a dos horas de Venecia y es la ciudad de Roby, fue el primer gran salto en su relación y marcó el inicio de una cadena de viajes entre Italia y Argentina.

Facu regresó a su país y la joven italiana lo visitó en diciembre de ese mismo año. Roberta recuerda el vértigo de esa primera gran travesía: “Argentina fue mi primer viaje muy largo, hasta 14 horas. Estaba muy asustada”. Juntos recorrieron la Patagonia y pasaron dos semanas conociéndose aún más.
“Después ella volvió a Italia y yo no tenía previsto viajar ese año para Europa. Pero Roby me dijo: ‘Si querés, yo puedo ir para Argentina de nuevo en julio’”, recuerda Facu. Pero todo se complicó con la llegada de la pandemia. Roberta había planeado una estadía corta, un mes y medio como máximo, pero la incertidumbre global hizo que empezara a considerar extender su permanencia para poder volver a estar juntos. Facundo explica: “Lo bisagra en nuestra relación fue la pandemia. No fue el viaje al sur, no fue el tiempo que compartimos antes, sino la contención, el acompañamiento, el descubrirla y conocerla a Roby así a la distancia, hablando todos los días”.
Ese tiempo de charlas intensas resultó decisivo. “Para poder vernos, tendrías que viajar para acá y convivir”, propuso Facundo. Así, el amor se impuso a la incertidumbre y la distancia.
El desafío de empezar de nuevo en otro país
El salto de Roberta a la vida en Buenos Aires no estuvo exento de obstáculos. Dejar Udine, su familia y sus costumbres fue una decisión cargada de emociones. “No fue fácil porque tuve que enfrentarme con mi familia, que al principio no estaba de acuerdo, por miedo, porque Argentina es muy lejos y no conocían a Facu”, recuerda. Sin embargo, confiesa que hoy en día sus padres lo ven como “el hijo varón que no tuvieron”, evidenciando cómo el tiempo limó las resistencias.
Facundo también recuerda esos primeros pasos. “En algún momento, en el primer viaje a conocer a su familia, me lo hicieron pagar, pero era porque estaba llevándome a la nena”, dice entre risas. “Es difícil. Ahora que soy padre lo entiendo. Que se te vaya tu hija lejos es muy difícil”, reflexiona, empatizando con sus suegros.
A pesar de las dificultades, Roberta reafirma su decisión: “Volvería a hacer al 100% lo mismo. No me arrepiento de nada, de absolutamente nada. Capaz que tenía razón mi hermana de no ir a Malta y de ir a Irlanda, porque fue el viaje que me cambió la vida”.

El proceso de adaptación estuvo marcado por el apoyo mutuo y la construcción de una nueva familia. La llegada de su hija Valentina consolidó ese puente entre dos culturas y dos maneras de ver el mundo.
Valentina, el puente entre dos mundos
El nacimiento de su hija transformó la vida de Roberta y Facundo. Valentina nació el 4 de enero de 2024, tres años después de la llegada definitiva de la italiana a Buenos Aires. “Estoy muy contenta de que ella entiende mi idioma. Es mi único pedacito de Italia, de mi familia también, que tengo acá”, confiesa Roby, visibilizando el valor simbólico de la maternidad en un contexto de migración.
El idioma y la nostalgia se entrecruzan en la crianza de Valentina. “Después de un tiempo que vivís en un país extranjero y empezás a hablar mejor y pensar también en su idioma, como que ya está, ya entraste en el mundo de los locales del país... pero seguís extrañando igualmente el tuyo, tu pueblo, tu ciudad”, reflexiona Roberta. Cada visita a Italia le recuerda ese desarraigo: “Cuando llego a mi pueblo, no me siento más parte de mi ciudad. Desde Argentina la extraño un montón, pero cuando llego, si me quedo más de una semana ya extraño Buenos Aires y la vida que tengo acá”.
Valentina es el lazo que une y redefine las raíces de toda la familia. “Es un poco ese constante llamado de un lado y del otro. Yo soy italiana, sí, pero cuando estoy allá me siento extranjera y cuando estoy acá pienso como los argentinos, hablo como los argentinos... pero al mismo tiempo no me siento al 100%”, dice Roby. “Esto que me pasa con Valentina para mí es como si fuera un pedazo de la italiana que todavía soy”.
Decisiones valientes y el instinto de apostar por el amor
La historia de esta pareja está marcada por elecciones difíciles, en las que el amor triunfó sobre el miedo. “Si una persona quiere jugársela por amor, lo tiene que hacer, pensarlo, pero no pensarlo demasiado. Siempre intentarlo y también guiarse del instinto”, aconseja Roberta, haciendo un balance de su travesía personal. “Yo no suelo ser una persona intuitiva, soy muy reflexiva. Esta decisión la tomé con la lógica, pero también con un poco de inconsciencia. Y fue lo mejor que pude haber decidido”, confiesa, entre la risa y la emoción.
Facundo no duda en reconocer el coraje de su compañera: “Yo creo que ella fue claramente la que se jugó más por esta relación, dejó todo en Italia y vino a vivir a la Argentina. A mí me enamoró eso, el fuego que ella tiene internamente y la gran mujer que es”. Sin embargo, no todo fue sencillo. Facu lleva una carga difícil de disipar: “Hay un sentimiento de culpa muy fuerte adentro mío también, porque siento que ella dejó su familia, dejó toda su vida allá por venir a vivir acá conmigo, vivir esta historia... No dejo de pensar que muchas veces extraña el caminar por su ciudad, el disfrutar sabores de allá. Y si yo lo pienso al revés y yo estuviese en su lugar, para mí sería mucho más difícil dejar mi país”.
La admiración es mutua. “Yo creo que ella no es consciente de lo fuerte que es, de la decisión que tomó. Y estas decisiones las toman personas que tienen un fuego interno muy fuerte”, declara Facundo. Roberta, por su parte, insiste en la importancia de seguir el corazón, incluso cuando la razón invita a la cautela.
A pesar de los desafíos y sacrificios, Roberta y Facundo siguen construyendo su historia día a día en Buenos Aires. Y como dice Roby, cada conversación en italiano con su hija, cada recuerdo de su tierra natal y cada nuevo paso dado en Argentina junto a Facu refuerza ese puente invisible que une a dos continentes. Su experiencia, forjada en el cruce de culturas y decisiones valientes, es testimonio de que el amor, cuando se lo elige y se lo cuida, puede ser mucho más fuerte que cualquier frontera.
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