Inez, estadounidense, y Mumy, argentina, no hablaban el mismo idioma y sabían que el tiempo les jugaba en contra. Sin embargo, apostaron al vínculo, atravesaron un año de relación a distancia y tomaron la decisión de vivir juntas en Buenos Aires al terminar sus estudios. Su historia, inaugura el ciclo “Amores que cruzan el mapa” de Infobae.
Entre chistes, anécdotas familiares, una abuela fanática de Los Palmeras y el sueño compartido de un sillón verde, estas chicas transformaron una historia que parecía improbable en una vida en común que inspira a miles de personas que creen en los vínculos sin límites territoriales. Su relación se volvió viral en TikTok después de que Inez, anestesiada tras una cirugía, pidiera angustiada volver a la Argentina y pusiera cumbia en plena clínica de Estados Unidos.
“Yo en Argentina me enamoré de tres cosas: me enamoré del país, me enamoré de la Mumy y de la canción ‘Bombón Asesino’ de Los Palmeras… tengo que poner primero Bombón Asesino”, se ríe la norteamericana. A su lado la argentina completa la escena con una mezcla de orgullo y complicidad: “Cuando veo todo lo que ella hizo para estar acá conmigo, me parece una locura. Creo que nunca fui amada de una forma tan hermosa en mi vida”.
Una historia donde el amor fue más fuerte que la distancia y las barreras del idioma
“Llegué a Argentina por intercambio, no hablaba español y quería aprender”, cuenta Ine y recuerda: “La primera vez que la vi en persona a la Mumy pensé: ‘qué hermosa, qué bombón’. Me hizo reír mucho, aunque no entendía la mitad de lo que decía”. La argentina asegura que también se enamoró a primera vista cuando vio a Inez en el bar donde se citaron tras chatear por una app de citas.

A tres años y medio de ese primer encuentro, hoy conviven en Buenos Aires. “Cada vez que vuelvo a mi departamento siento que estoy en casa, aunque esté lejos de mi familia”, cuenta Inez. Y Mumy le responde, recordando el inicio de la relación a la distancia: “Rompimos las compus por dormir juntas en videollamada y acá estamos”.
Para Ine, aterrizar en Buenos Aires fue una aventura sin mapa ni traductor. “Llegué a la Argentina porque quería aprender español y porque me encantaba el acento argentino”. Pero entre clases, salidas y asados, pronto apareció una motivación aún más poderosa: “Mumy fue la razón por la que aprendí en serio el español. Enamorarse de alguien es la primera cosa que te hace querer aprender su idioma”.
Lejos de convertirse en un obstáculo, la diferencia lingüística fue un puente. “Yo hablaba inglés, pero los primeros tres meses me daba vergüenza usarlo, así que le hablé todo en español”, cuenta Mumy. Por su parte, la estadounidense dice que aprendió a decir ‘piola’, ‘wacha’, y hasta los insultos locales. Mumy agrega entre carcajadas: “Era lo primero que le enseñaban, y después no paraba de repetirlas. Ahora ‘wacha’ es su palabra favorita”.
Ese inicio del vínculo fue tan intenso como breve. “Teníamos solo tres meses para enamorarnos porque Ine se volvía a su ciudad”, admite Mumy. La despedida llegó rápido: “Ella se volvió a Estados Unidos a continuar con su carrera y yo seguí con la mía acá en Argentina. Estuvimos un año a larga distancia”.
Pero esa experiencia, lejos de enfriar el amor, lo llenó de rituales. “Dormíamos juntas en videollamada, que es una locura de pensar”, se ríe Mumy. “Mi batería estaba quemada de tanto estar conectadas”, suma Ine. A pesar de la diferencia de horarios y la incertidumbre, ambas coinciden: “Las dos trabajamos por un objetivo en común: volver a vernos”.
El momento bisagra llegó con el dolor de la separación. “Darme cuenta de cuánto me dolía estar lejos fue clave. Pensábamos que quizás nuestra relación duraba cinco meses más y después no íbamos a aguantar. Pero lo seguimos, aunque fuera doloroso”, confiesa Mumy. Hoy, con perspectiva, el mensaje es claro: “Jugátela, porque puede salir muy bien”.

Familia, secretos y el arte de construir un hogar lejos
El vínculo también atravesó el desafío de presentarse ante la familia. “Al principio, Inez era ‘mi amiga’ para mis papás. ‘Mi amiga pelada, de Estados Unidos’, que venía a visitarme”, cuenta Mumy. Hasta que un día decidió decir la verdad: “Me acuerdo que un día me senté con mi familia y les dije: ‘Miren, Inez no es mi amiga’. Mi papá me miró y preguntó: ‘¿Qué es, tu enemiga?’. Le dije que no, que era mi novia, no mi enemiga, al contrario”.
La reacción fue mejor que la esperada. “La recibieron enseguida, con cariño. Ine es espectacular con mis papás y siempre generó un ambiente familiar tan lindo, alegró la casa. Mis papás la consideran una hija más. Y en Argentina, olvidate, el doble”. También afirma que la presencia de su novia en la casa, mejoró la dinámica familiar y la enriqueció.
Para Inez, la experiencia también fue positiva: “Mis papás son muy copados, viajaron por el mundo en bicicleta y son medio hippies. Les costó que viviera lejos, pero me apoyaron siempre. En casa de Mumy me sentí en familia desde el primer día”. Incluso el fútbol se volvió parte del lazo: “Yo terminé siendo fan de San Lorenzo por mi suegro, que lo lleva tatuado por todos lados. Para él es religión, y ver su pasión me hizo hincha. ¡Vamos, Ciclón!”.
El hogar se construyó paso a paso, primero en la casa familiar de Mumy y luego en su propio departamento. “Siempre fue nuestro sueño mudarnos juntas. A la Mumy le encanta el rosa y Hello Kitty, y quería un lugar para decorar con todo eso... mi suegra no lo iba a soportar mucho más”, cuenta entre risas Ine. “Hicimos hasta un TikTok cuando soñábamos con tener nuestro sillón verde”, recuerda Mumy. Hoy, ese sueño es real: “Logramos mudarnos y ahora vivimos solas, juntas”.

Aunque nació en Portland, ciudad en el Estado de Maine, Inez encontró en Argentina un segundo hogar. “Hoy en día yo lo siento como mi hogar, totalmente. Cada vez que vuelvo a mi departamento siento que estoy en casa, aunque esté lejos de mi familia, que eso es la parte difícil de vivir acá para mí”.
Los desafíos de la distancia se compensan con los proyectos compartidos. “A largo plazo, todos nuestros proyectos son acá. Queremos estar acá”, afirman. Para Mumy, la admiración es constante: “Cuando veo todo lo que ella hizo para estar acá conmigo, me parece una locura. Creo que nunca fui amada de una forma tan hermosa en mi vida. No hay palabras para describirlo”.
Conscientes del impacto de su historia, dejan un mensaje final: “A cualquier pareja que está en nuestra situación, que capaz conoció a alguien de otro país, que está en duda del futuro, que vive lejos o que los papás no aprueban, yo digo: ‘báncatela’. Porque en unos años vas a estar en un lugar que nunca pensaste posible”, anima Ine y remata con humor: “Jugátela, que puede salir muy bien. Podés llegar a tener el sillón verde”.
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