
— Mi primer matrimonio no era tan malo —me dijo, sin nostalgia, pero con una claridad que solo da el tiempo.
Había tenido cuatro. No habías sido novios ni tampoco aventuras: fueron matrimonios. Cuatro capítulos completos, cada uno con su final, y todos con su cuota de aprendizaje. Pero lo que más me sorprendió fue su tono al hablar del primero. No había rencor, ni reproches, ni esa necesidad de justificarse que suele quedar cuando algo se rompe. Solo una especie de compasión, como quien encuentra una foto vieja y se detiene un rato a mirarla.
—Nos conocimos muy jóvenes. Crecimos juntos. Cuando nos casamos él todavía no se había recibido y yo lo impulsé a que lo hiciera. Nos acompañábamos, había complicidad, respeto. Y sobre todo, amor.
Él me amaba con locura —dijo, y se quedó callada un segundo, con la mirada perdida—. Tanto que yo me aburría.
Después se rió, aunque no era exactamente una risa. Era algo más parecido al pudor de quien se reconoce en su ingenuidad. Me contó que, por entonces, alguien les había dicho en una cena que parecían Barbie y Ken.
—Me quise morir. Era todo demasiado prolijo. Lo opuesto a lo que yo necesitaba, que en realidad era aventura.

Y la encontró. Se enamoró del que sería su segundo marido: un bohemio, músico, poeta de alma libre y palabras encendidas. Con él descubrió la pasión en su forma más intensa, de esas que arrasan con todo y te hacen sentir viva solo para volverte a desarmar.
—Con el primero éramos como hermanos. Con el segundo, como un incendio.
Pero la pasión, cuando no se asienta sobre algo más sólido, no tarda en volverse ceniza.
Él necesitaba esa intensidad no solo con ella.
—Una no le alcanzaba. Ni dos —dijo. —Así que después de desangrarme por sus infidelidades, entendí que no me alcanzaban los versos y la bohemia.
Después vino el tercero: un magnate. Viajaban por el mundo, hoteles cinco estrellas, joyas, experiencias de esas que se suben a Instagram aunque todavía no existiera.
—Me llenó de regalos. Pero jamás me regaló su tiempo ni mucho menos su mirada. Siempre estaba en otra parte, y básicamente concentrado en sí mismo y en sus intereses y urgencias.
Y así, sin darse cuenta del todo, se fue transformando en una mujer que buscaba afuera lo que en algún momento había tenido, pero no supo valorar.
—El cuarto es un buen hombre —me dijo, casi como una confesión—. La vida con él es tranquila, segura, sin sobresaltos. Pero nunca me sentí tan amada como con el primero.
Entonces me acordé de esa historia que alguna vez leí en Las mil y una noches, la del hombre que soñaba con un tesoro escondido en una ciudad lejana. Sigue su sueño, viaja a la ciudad, enfrenta peligros y aventuras. Y cuando del otro lado de la tierra, en las antípodas de su hogar, descubre que el tesoro que tanto buscaba estaba enterrado en el jardín de su casa. ¡En el jardín de su propia casa!
¿No es esa la historia de todos nosotros? Nunca podemos descubrir nuestro tesoro si no nos ponemos en marcha y no recorremos un largo camino. Es lo que le pasó a mi amiga: tuvo que atravesar cuatro matrimonios, varios países, un océano de lágrimas, unos cuantos silencios y no pocas certezas derrumbadas, para comprender algo tan simple como doloroso: que el amor no tiene nada que ver con los fuegos artificiales. En el mejor de los casos eso será solo al principio. A veces es una copa de vino compartida al final del día. Una mano que te espera sin preguntar. Una vida que no se llena de anécdotas, pero mucho menos de presencias ausentes.
—Él me amaba —repitió—. Y yo no supe quedarme.
¿Y cuántas veces nos pasa eso? Dejar lo bueno por buscar lo extraordinario. Confundir el tedio con la falta de amor. Creer que el amor verdadero tiene que desbordar, cuando muchas veces se manifiesta en lo que no se nota. Una mirada tierna, un silencio compasivo, un proyecto compartido.
El problema es que no siempre estamos listos para ver el tesoro. Por lo general necesitamos ir muy lejos, para recién ahí empezar a darnos cuenta que eso que tanto buscábamos estaba muy a mano, en el jardín de casa.
* Juan Tonelli es speaker y autor del libro “Un elefante en el living, historias sobre lo que sentimos y no nos animamos a hablar”.
Últimas Noticias
Por qué la Argentina enfrenta dificultades para reconocer su raíz indígena y debatir el racismo estructural
La politóloga Inés Palacios analizó en Infobae a la Tarde los factores históricos, sociales y culturales que dificultan el reconocimiento de la identidad indígena y la discusión sobre racismo en la Argentina, y explicó cómo la negación impacta en oportunidades y representación

Estafas con camionetas de alta gama: las alquilaban en CABA, no las devolvían y las encontraron en Bolivia
Sospechan de una banda que utiliza esta metodología para cruzarlas por la frontera. Los detalles del caso

Incendio en el casino de Mendoza: cuáles fueron las causas y cómo quedaron las instalaciones
El fuego arrasó la sala de juegos de la sede en San Martín y afectó a locales comerciales y sectores del complejo. La investigación se centra en un desperfecto eléctrico vinculado a paneles solares

Un hombre fue atrapado manejando borracho, en contramano y sin licencia en Rosario: deberá pagar una multa millonaria
La Policía detectó una de las infracciones y solicitó el apoyo de la Dirección General de Tránsito para realizar los controles de alcoholemia correspondientes

Amenaza de bomba en el Congreso de la Nación: dio negativo el trabajo de la Brigada de Explosivos
La advertencia se había recibido pasado el mediodía. La zona estuvo restringida por personal de la Policía Federal Argentina hasta que se descartó el peligro



