
A las 20:49 del sábado 15 de enero de 1944 la ciudad de San Juan sufrió un sismo de 7,4 en la escala Richter y 9 en la Mercalli. Su epicentro se localizó veinte kilómetros al norte, en proximidades de La Laja y ocurrió en la hora que la gente salía del cine, se reunía en cafés y las mujeres se preparaban para ir a ver los casamientos en la Inmaculada Concepción de María. Murieron alrededor de diez mil personas y miles perdieron todo, en una ciudad que quedó sumida en escombros. Desaparecieron el 90% de las casas -la mayoría de adobe- los edificios públicos, fábricas y talleres.
Al día siguiente, en medio de una intensa lluvia, los efectivos del ejército y los médicos enviados desde Buenos Aires contemplaron a los sobrevivientes velar a sus muertos como podían, en medio de un caos por los saqueos, la desesperación por conseguir comida y la búsqueda de seres queridos.
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El país se movilizó. Juan Domingo Perón, en su condición de Secretario de Trabajo y Previsión, organizó un operativo para recaudar fondos y recibir donaciones para los damnificados. Lo anunció por cadena nacional al día siguiente de la tragedia. Los sanjuaninos comenzaron a recibir donaciones de ropa, alimentos y medicamentos con el rótulo de esa dependencia de gobierno que había creado en noviembre de 1943.
Perón convocó a representantes de la industria, los bancos, el comercio, la cultura y el deporte para que sumasen a la campaña de recaudación de fondos. Los que tomaron la delantera fueron los artistas de radio y de cine. Figuras de la talla de Libertad Lamarque, Nini Marshall, Enrique Muiño, Pepe Arias, Olinda Bozán y Eva Duarte, entre otros, recorrieron las calles porteñas con alcancías.
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Se planeó un festival solidario en el Luna Park para el sábado 22. No sabría Perón que allí comenzaría el romance con al amor de su vida.
Eva fue acompañada de la cantante Rita Molina. “¡Mirá Homero! Aquí nos están tocando el culo ¡Hacenos pasar que tenemos entradas!”, gritó Eva en la puerta de ingreso al Luna Park, a los codazos entre un gentío que pugnaba por entrar al festival de la solidaridad. Las palabras de esa actriz que se había vuelto popular dramatizando vidas de mujeres famosas en un programa nocturno emitido por Radio Belgrano, fueron rescatadas del olvido por Enrique Pavón Pereyra. El Homero al que aludió Evita era Manzi, un poeta y político radical que tiempo después adheriría al peronismo.
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Homero Manzi las hizo ingresar y fingió no ver que las mujeres tenían ubicaciones en la fila 15, muy lejos de las autoridades. Según lo que relató Roberto Galán, que fue el presentador del festival, él les allanó el camino al sector de butacas que ocupaban las figuras del gobierno nacional. Y cuando el vicepresidente Edelmiro J. Farrell, en primera fila, se levantó para irse, Galán le indicó a Eva que ése era su asiento. Al lado de Perón. Otra versión indica que cuando los números artísticos estaban llegando a su fin, fue el coronel Aníbal Francisco Imbert, un amigo íntimo de Perón, quien le presentó a Eva, y la rapidez de reflejos de Domingo Mercante, al ver el asiento libre, hizo que la ubicasen junto al Secretario de Trabajo y Previsión.
Perón era viudo. El 5 de enero de 1929 se había casado con María Aurelia Tizón. Maestra y concertista de guitarra, en la familia le decían “Potota”, porque así ella pronunciaba la palabra “preciosa” cuando era niña. Asistía a su marido en la preparación de las clases en la Escuela Superior de Guerra y lo acompañó a Chile cuando fue nombrado agregado militar en la embajada argentina a aquel país. Para entonces Aurelia ya sufría cáncer de útero y falleció el 10 de septiembre de 1938. No tuvieron hijos.
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Un poco para distraerlo, lo mandaron a Europa, en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial. En julio de 1939, en la embajada argentina en Roma conoció a la italiana Giuliana dei Fiori. Estuvieron juntos hasta que a él le ordenaron regresar a Buenos Aires. No se sabe por qué ella no quiso acompañarlo. Años después, Perón contó que cuando se despidieron en España, estaba seguro de que estaba embarazada. En 1970 le encargó al empresario Jorge Antonio ubicarla. Revolvió cielo y tierra. Nadie sabe qué ocurrió con ella.
Ya como funcionario de Secretario de Trabajo y Previsión se presentaba en público con María Cecilia Yurbel Peña, una mendocina de 20 años. Perón, de 47 años, que conocía al padre en su paso por esa provincia, solía presentarla como su hija, sobrina o ahijada. Le había puesto “Piraña”, porque un día la vio comer por demás. Todos sospechaban que era su novia. Ella tenía vocación de actriz y había viajado a Buenos Aires acompañada de su hermano mayor.
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El terremoto de San Juan también fue bisagra para ella. Cuando ocurrió la tragedia, María Cecilia viajó a Mendoza, porque quería estar junto a los suyos, ya que tenían familiares en San Juan. No imaginó lo que ocurriría a su regreso.
Cuando Eva estuvo sentada a su lado esa noche, percibió su sorpresa. “Atiné a decirle con mi mejor palabra: si es, como usted dice, la causa del pueblo su propia causa, por muy lejos que haya que ir en el sacrificio no dejaré de estar a su lado, hasta desfallecer”. Es la versión oficial escrita en La razón de mi vida. Juan Domingo y Eva no se separaron más. Él dijo que “Eva entró en mi vida como el destino” y ella sostuvo que “aquel fue el día más maravilloso”. Desde que había llegado a Buenos Aires con los sueños de triunfar como actriz, había vivido en pensiones de mala muerte. Cuando tuvo trabajo estable en Radio Belgrano, se estableció en un departamento del cuarto piso de la calle Posadas 1557. Con Perón vivió en Posadas 1567.
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Se casaron el lunes 22 de octubre de 1945. “Ya está, chicas, lo pesqué. Nos acabamos de casar”, les dijo eufórica a sus hermanas por teléfono. Unos dicen que el enlace fue en el departamento de Posadas y otros que fue en la escribanía Ordiales, en la calle Arias 171 de Junín, con Domingo Mercante y Juan Ramón Duarte, hermano mayor de la novia, como testigos. Fueron días en los que pasó de todo. Desde la renuncia de Perón a todos sus cargos, su idea de dejar todo y radicarse en el sur hasta la movilización del 17 de octubre.
La ceremonia religiosa fue planeada para el 29 de noviembre en la Iglesia San Francisco de Asís, en la calle 12, entre 68 y 69 en La Plata. Evita tenía predilección por los curas franciscanos y Perón conocía al padre Errecart, a quien había ayudado con fondos para reparar el templo. Pero el dato, mantenido en secreto, se filtró y una multitud esperaba en la puerta. “Yo así no me caso”, se plantó él. Se reprogramó para el lunes 10 de diciembre a las 20:25, oficiada por Fray Francisco Sciammarella.
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El 24 de febrero de 1946 fueron las elecciones que lo consagraron Presidente y otra historia empezó.
Cuando María Cecilia Yurbel Peña regresó de Mendoza, ya no pudo entrar al departamento de Posadas. “La fleté”, le avisó a Perón. Volvió a su provincia natal donde se casó y formó una familia. Para entonces, otra era la dueña del corazón de Juan Domingo.
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