Juan sabía que iba a ser Laura mucho antes de ser Laura. “No fui valiente, todo lo contrario. Durante mucho tiempo escondí mi verdadera identidad por diferentes miedos: a la crítica social, a la mirada de la familia o hasta a la chance de perder un trabajo”. Así, arranca a contar su historia Laura Borja, la tenor (aunque a ella le guste decirse tenor) que estudió en el teatro Colón y se abre paso en la música lírica de todo el mundo como mujer trans.
La artista dialogó con Infobae por teléfono y contó su historia casi sin interrupciones. Así, reitera: “Valientes fueron otras chicas que pusieron el cuerpo y fueron reprimidas en la década del 80. Yo en ese momento, seguía siendo Juan. Cuando la sociedad ya estuvo preparada, en el 2019, ahí si me animé a realizar mi transición a Laura. Y estoy muy contenta con eso”.
Identidad perdida
Borja recuerda que ya desde chica sentía y quería verse como una chica. “Con un amigo nos escondíamos y jugábamos a las muñecas en mi casa –relata Laura, sobre su infancia en Quito-. En ese momento no podía vestirme como me gustaba”.

Mientras que para afuera vivía su infancia como Juan, cuando estaba sola en su habitación se convertía en chica, pese a que todavía no se había nombrado como Laura. “Usaba ropa de mujer en la intimidad, pero sin animarme a salir así a la calle – recuerda Borja-. Eso era que me hacía sentir muy mal conmigo mismo. Me miraba al espejo y no me reconocía”.
Cada tanto, enojada con su propia realidad Laura hacía lo que ella llama “la purga”. Agarraba toda su ropa secreta de mujer y la tiraba a la basura. Entonces, todo volvía a empezar. A los días comenzaba a buscar más prendas para sentirse libre aunque sea en la intimidad. Y así reconocerse frente al espejo.
Borja estudió canto lírico en Quito con una soprano chilena y en Europa con un barítono italiano. Tenía la voz y la estaba preparando para dedicarse a la música, su gran pasión.

El Colón, la meca de la lírica
Tras su vuelta de Italia, en 1987 emigró a la Argentina a seguir sus estudios. Ese mismo año, hizo la prueba e ingresó al Instituto del Teatro Colón. “Buenos Aires es uno de los centros más importantes de la lírica a nivel mundial. Y a escala regional es pionera. Muchas de las óperas italianas se estrenaron al mismo tiempo en Europa y acá”, resalta Laura.
Borja terminó sus estudios y se incorporó al elenco estable del teatro porteño. “Logré algo muy importante porque en esta profesión no es fácil tener un trabajo estable y un sueldo todos los meses”, explica Laura. Por otro lado, esa seguridad económica le impedía mostrarse tal cual era. “Tenía temor a quedarme sin empleo. No eran fáciles los compañeros del comienzo de mi carrera en Buenos Aires. Además, los personajes de las óperas son binarios en forma muy marcada. Encima, el tenor es como el personaje masculino proagonista y la soprano la femenina”, aclara Borja.
Pasaron los años y Borja seguía sin reconocerse frente al espejo. Mientras tanto, en privado usaba la ropa que más le gustaba. Tuvo una pareja mujer con la que tuvo dos hijos. Luego, otra relación de la que nació Ana, su hija de 10 años.
Todo cambió una noche del 2019. Estaba por ir al boliche con su novia del momento. Se prepararon para salir y la chica sorprende a Borja con una mochila con ropa pensada para ella. “En la semana ya habíamos hablado de mis ganas de vestirme como más me gustaba. Con alguna pollera y cosas así –relata Laura y se le nota en la voz que es uno de los momentos más felices de su vida-. Me dijo, ‘lo tenés que hacer’ para sentirte bien y plena’”.

Esa noche, Juan dejó de ser Juan para siempre. Nacía Laura, la tenor del Teatro Colón. Esa noche, bajo las luces del boliche porteño, Borja fue al baño y se puso la ropa que conformaría su nueva identidad. Bailó junto a su novia de ese momento, la chica que la había impulsado al cambio. Con la claridad del amanecer, las dos chicas volvieron a su casa tomadas de la mano. Esa madrugada, llegó a su casa y frente al espejo se sintió satisfecha con lo que veía. Quizás, lo hacía por primera vez en su vida.
Al otro día, restaba enfrentar a sus compañeros como Laura por primera vez en su vida. Se apareció en el coro del Colón que integraba vestida de mujer y algo producida. “Fue tan natural la transición que nadie me dijo nada - recuerda borja-. Me trataron como una más en un día normal. No hubo ni un chiste, ni una mirada fuera de lugar. Quizás, todos ya lo notaban. Sólo restaba que yo dé el pequeño paso”.
La importancia de llamarse Laura
Ya con su nueva identidad le quedaba elegir su nuevo nombre. “Por la transición de género tuve la suerte de poder elegir mi nombre -explica Borja-. Y fue en homenaje a un amigo entrañable que murió en forma repentina cuando hacía pocos años que había llegado a Buenos Aires”.
Borja describe a Fernando Ohla como “un ser muy libre. Tenía cuerpo de rugbier, ojos claros y era de decirle piropos a los hombres por las calles. La mayoría reaccionaba sin saber lo que estaba pasando”, se sonríe la cantante lírica al recordar esos momentos a fines de la década del 80 en los que recorrían las calles del centro porteño.

Laura lo tenía a Fernando como un ejemplo de libertad. En un momento fueron a La Plata a ser una producción todos vestidos de chinos. Usaron esos trajes de un solo color y los sombreros estilo oriental. Borja tenía el pelo largo y se había hecho dos trenzas para la presentación. “Fernando que era siempre muy gracioso me cargaba. Me decía que me parecía a Laura Ingalls. En ese momento, yo me hacía la que no me gustaba, pero por dentro decía ´que lindo nombre, me encanta’”.
Al poco tiempo, Fernando sintió que tenía un ganglio inflamado. Era apenas una molestia pero decidió ir al médico. “En apenas un mes murió de cáncer. fue un golpe muy fuerte. Éramos muy unidos”. Muchos años después, el recuerdo de su amigo sigue presente en Borja. “Cuando hice la transición no lo dudé. Me voy a llamar Laura, porque me gusta y también como homenaje a Fernando que me había contagiado de tanta libertad para vivir”.
Tras su transición, Laura siguió trabajando en el Colón, pero ya no la llamaron para protagonizar las obras. Pasó a formar parte del coro estable del teatro. “Todavía no es digerible, creo, que una mujer personifique al protagonista masculino de una obra de las tradicionales. Sí, pude hacer obras líricas en el off como protagonista”, explica la artista.

“Papá Laura”
Actualmente, Borja vive con uno de sus hijos adultos que intenta conseguir trabajo. “Lo banco, porque está difícil la situación económica. Espero que pronto pueda tener empleo”. Y también, pasa tiempo con su hija menor, Ana, de 10 años. “El psicólogo nos recomendó que me siga diciendo papá para que mantenga la imagen paterna. Y así lo estamos haciendo sin problema. Los chicos, muchas veces, toman en forma mucho más tranquila y común los cambios”.
Laura actúa como cualquier otro padre porteño. Lleva a su hija al colegio y a la plaza a que juegue con sus amigas. La mujer trans asegura que no le gusta producirse mucho para su vida cotidiana, ni tampoco el uso de hormonas o implantes. “Me miro al espejo y me gusto como soy así. Creo que eso sirve para que luego al salir a la calle pueda estar segura ante las miradas de otras personas”. Borja se vuelve a mirar al espejo, antes de arrancar un nuevo día de ensayos en el Colón. Se guiña el ojo, se sonríe y sale a la calle satisfecha.
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