
En el país donde mayor peligro corren las mujeres debido a la gran explotación sexual y la esclavitud laboral, la mendocina Florencia Aise, considerada una de las más influyentes artistas plásticas autodidactas del mundo por sus retratos hiperrealistas, cumplió el mayor desafío de su carrera y exhibió sus obras, algunas de ellas retratos autobiográficos que llevan a una reflexión sobre la violencia de género.
La invitación provino de Abhishek Basu, presidente de Basu Foundation of the Arts, un gran advisor artístico y uno de los máximos referentes a nivel mundial en la materia.
Además de sus cuadros, Florencia trasladó a esa tierra milenaria vinos y otros productos típicos de Mendoza, además de ocho imágenes de tamaño grande del General José de San Martín, que le fueron entregadas por la legislatura provincial y que corresponden al trabajo realizado con inteligencia artificial por el artista argentino Gastón Gordon.
Las obras de Aise
Aunque en muchos sectores de la India se intenta evitar el tema de la violencia hacia la mujer, Florencia admitió sentirse asombrada con el lenguaje universal que generaron los cuadros. Entre ellos, figura una trilogía con su propia imagen que intenta expresar tres etapas de la mujer en proceso de liberación: una especie de “santa”, que brinda amor puro; aquella que lucha para enfrentar sus propios demonios, rodeada de perros que la acechan, y, por último, la mujer con bigotes y un cigarrillo en su mano. “Madre y padre a la vez”, explicó.

“El impacto es el mismo que tuvo en todos lados, solo que aquí se percibe con mayor crudeza. Hay niñas que nacen para ser explotadas, que tienen ese destino. La violencia de género, el machismo y el patriarcado trascienden fronteras y es un drama mundial”, reflexionó.
En la Alianza Francesa de Calcuta, donde realizó una de las primeras muestras a sala llena y con la presencia de mujeres de todo el mundo, vivió un momento que describió como representativo y muy particular. Fue cuando el público observaba su propia imagen llorando lágrimas de sangre, una obra que pintó el año pasado, precisamente, utilizando su propia sangre.
“Un hombre se acercó a preguntar de qué se trataba la obra. Una inglesa le respondió que, evidentemente, no había entendido nada. Le dijo que cualquier mujer del planeta podía sentirse identificada. Me pareció una respuesta legítima, fuerte, verdadera. Increíblemente todas hablamos el mismo idioma. No se trata de violencia física expresamente, creo que la problemática es mucho más profunda y la sufrimos, en mayor o menor medida, muchas más mujeres de lo que creemos”, reflexionó.
Una experiencia similar vivió en la embajada argentina en Nueva Delhi durante un vernissage --una suerte de vista previa de una muestra arte— organizado por y para mujeres. Incluso con la presencia de artistas de la televisión del país anfitrión.

“Se generó una conversación muy íntima y amigable donde quedó en claro que todas hablamos el mismo idioma: alemanas, africanas, brasileras, inglesas y americanas. La obra se entendió sin necesidad de palabras y, como artista, es un halago que un cuadro exprese emociones más allá de dónde hemos nacido o crecido. Por más feliz que aparente sentirse una mujer en su vida y en su matrimonio, en algún momento, seguramente, atravesó por esto”, aseguró.
- Florencia ¿Cuál es el balance al exponer en un país tan distinto al nuestro?
- Definitivamente esta experiencia es la más importante de mi carrera. Siempre es un sueño que el arte trascienda y está demostrado que se puede si uno vuelca pasión y fé. Llegué a la India cumpliendo un anhelo junto a Julia Romano, una artista plástica cordobesa, con quien tenemos una frase de cabecera: “Elijo creer”. Estamos solas, muchas veces no sabemos dónde nos llevan porque no suelen informar previamente. Es todo impresionante y maravilloso, pero vamos alertas, repitiéndonos: “Elijo creer”.
-¿Qué importancia le otorga ese país a las manifestaciones artísticas?
-Me impactó la importancia que le dan al arte y se ve reflejado en cómo nos recibieron, algo así como si fuésemos reinas o personalidades famosas. El público admiró nuestra obra en cada ciudad que hemos visitado, Yaipur, Nueva Delhi, Bombai, Calcuta, entre otras. Se fueron sumando actividades en el cronograma de manera constante. Me sorprende los muchos coleccionistas privados que se detienen a pedirnos fotos, dialogar, escuchar sobre la técnica… es muy gratificante
-¿Qué es lo que más te impacta de la India?
-Difícil responder. Apenas llegué a Yaipur me dediqué a recorrer durante todo el día la ciudad, que luce rosada y se la conoce como la ciudad de los reyes. Quedé alucinada. Me llevó un guía en su moto y en el paseo cruzamos vacas, elefantes y camellos en medio de ruidos de todo tipo. Los sonidos de los animales se mezclan con las bocinas, un modo muy particular que tienen los conductores para comunicarse. Es casi como un idioma, nadie insulta y todos tocan bocina. Ese caos me “voló” la cabeza, me dieron ataques de risa y también de llanto, sentí una alegría indescriptible, algo mágico, raro. El impacto de la llegada fue brutal, lleno de colores y excentricismo.

-¿Cómo siguió el cronograma?
-Agotador, pero disfrutando a pleno una experiencia única en mi vida. Luego de Yaipur fui a Nueva Delhi a montar la muestra de la fundación Basu en la embajada argentina y de inmediato me di cuenta de la gran cantidad de personalidades influyentes que estaban interesadas en asistir. Embajadores, aristocráticos, gente del ambiente más alto de la India. De repente me encontré en una celebración por los 100 años de la independencia turca y fuimos recibidas con la alfombra roja. Llegamos con Julia y todo el mundo sabía quiénes éramos.--¿Tuviste la oportunidad de pintar?
-Claro, en Calcuta, en una escuela de niños con distintas condiciones físicas e intelectuales durante un encuentro organizado por la Alianza Francesa y la fundación anfitriona. Más de cien niños, algunos de ellos ciegos, participaron de esa jornada que fue increíble. Pintaron como los dioses, algo hermoso y en muy poco tiempo. Chicos, docentes y padres fueron extremadamente adorables. Quedé sorprendida con la perfección con que hablan en inglés más allá de su lengua natal.
-¿La pobreza duele?
-Pensé que me iba a impactar más. Es tan fuerte, tan terrible, que hasta sentí que se naturaliza. Las veredas están repletas de tiendas o casuchas con gente amontonada allí adentro y hay muchas personas pidiendo. Sin embargo, noté una pobreza diferente a la nuestra. Tienen, incluso, una forma distinta de pedir. Creí que iba a sufrir al no poder ayudar a todos, pero están como relajados, incluso alegres. Es difícil explicarlo. Otra cosa que me llamó la atención es la indigencia a metros de la abundancia. Grandes tiendas de lujo, choferes y limousinas frente a gente que no tiene nada.

-¿Fuiste modelo de un diseñador?
-Increíblemente dentro de las numerosas anécdotas que sucedieron en el camino, terminé posando durante una sesión de fotos para uno de los diseñadores de moda más famosos de la India (ríe). Fue todo muy loco e insisto en la frase “Elijo creer”, que la repetí mil veces aquí. Lo cierto es que esas fotos se tomaron conmigo vestida con esos diseños típicos mientras intervenía una de mis obras. Fue increíble y en un lugar espectacular especialmente ambientado para la ocasión.
-¿Qué opinó el público del vino mendocino?
-En todas las exposiciones degustamos vinos de la bodega Rutini que me acompañó en esta iniciativa y envió una importante cantidad de unidades. De todos modos, muchas personas ya los conocían. También compartimos alfajores mendocinos y otros productos típicos. Me siento profundamente orgullosa de mi provincia y honrada de oficiar como embajadora artística.
-Aún quedan varios días ¿Qué te deparan?
-Oficialmente hay mucho por hacer, charlas, clínicas y exposiciones, pero insisto en que muchas actividades surgen de manera espontánea. Días atrás, durante un festival en Calcuta al que fuimos invitadas nos hicieron subir al escenario. No estábamos vestidas a la altura de las circunstancias y casi nos morimos de la vergüenza al tener que hablar así en público. Hasta ahora he cosechado montones de anécdotas increíbles, como aparecer en televisión o hablar por videollamada con personas desconocidas que me presentan en el momento. Que en la India me pidan tomarse una foto conmigo me sigue resultando algo fuera de lo común. Siento que estoy viviendo algo extraordinario en el amplio sentido de la palabra.
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