
Tal vez todo comenzó con una promesa. La del obispo Fernando de Trejo y Sanabria al sacerdote jesuita Diego de Torres Bollo de otorgarle fondos para la creación de una institución educativa. Fue así que monseñor Trejo, además de ser el primer obispo de origen americano en estas tierras, tuvo responsabilidad, junto con los jesuitas, de que todos identifiquemos a Córdoba como “la Docta”.
Trejo, que había nacido en territorio que era paraguayo, a los 15 años ingresó a la orden de los franciscanos, en Lima, y a los 22 se ordenó sacerdote.
Era una persona preparada y emprendedora lo que lo llevó a que incluyeran su nombre cuando buscaron un candidato para reemplazar a Francisco de Vitoria. El rey Felipe II dio el visto bueno, la solicitud se envió al Vaticano y desde 1594 fue obispo de la gobernación del Tucumán, que tenía sede en Santiago del Estero.

Si bien se ocupó en organizar a los indígenas en las reducciones -Trejo hablaba su lengua- y de fomentar el número de vocaciones religiosas, dijo que su principal objetivo sería la educación.
Los jesuitas se habían asentado en Córdoba a principios de 1599 con la llegada de los padres Juan Romero y Juan Darío. Determinaron que Córdoba fuera la Provincia Jesuítica del Paraguay. Se establecieron en un predio reservado para un convento de monjas, donde solo había una ermita de los santos mártires Tiburcio y Valenciano, a quienes los vecinos les rezaban cuando las invasiones de langostas y roedores lo destruían todo. El predio que le otorgaron está delimitado por las actuales calles Trejo y Sanabria, Caseros, Duarte y Quirós y la avenida Vélez Sarsfield.

Ahí comenzaron a enseñarle las primeras letras a los hijos de los vecinos. Fue clave el papel del padre Diego de Torres, con vasta experiencia en administración de centros jesuíticos y establecimientos educativos en distintos puntos de la América española.
Surgió la idea de dotar a Córdoba de una universidad. Hubo un primer intento en 1610 de abrir un Colegio Máximo, pero la falta de recursos hizo que profesores y alumnos fuesen enviados a Santiago de Chile.

A partir de 1612 el obispo Trejo decidió donar sus sueldos y sus bienes y que si se moría antes, el Colegio fuese su heredero. Así nació en 1613 el Colegio Máximo, cuarenta años después de la fundación de Córdoba.
Se impartían clases de filosofía y teología y se creó la Librería Grande, actualmente la Biblioteca Mayor. Casi todos los alumnos eran jesuitas y el establecimiento no estaba autorizado a otorgar grados.
Para que comenzase a funcionar, se llamaron a profesores y alumnos que estaban en Chile. Para 1614 la institución contaba con 18 novicios y 30 escolares.

Fue el Papa Gregorio XV quien el 8 de agosto de 1621 le dio al Colegio Máximo dicha atribución. Cuando la noticia llegó a Córdoba en abril de 1622 Pedro de Oñate, Provincial de la Compañía, declaró inaugurada la universidad. Fue Oñate quien redactó su reglamento y los títulos tenían validez oficial.
Al segundo año se otorgaban títulos de bachiller; licenciado en maestro en Filosofía o Artes al final del tercero. Los que se formaban en Teología, podían acceder a los títulos bachiller, licenciado y solo los que eran curas podían llegar al de doctor.
No importaba que fuera la universidad: todo el mundo la conocía como “La Casa de Trejo”. De ella dependerían los colegios mayores, como el de Monserrat, creado en 1687 por el Presbítero Doctor Ignacio Duarte y Quirós.
La de Córdoba se convirtió en la cuarta más antigua en América. Sus inicios fueron dificultosos porque costaba conseguir financiamiento.
Hasta que los jesuitas fueron expulsados en 1767 por el rey Carlos III, la universidad tenía un marcado perfil teológico y filosófico. Luego, el panorama se abrió y en 1791 se creó la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales gracias al impulso del virrey Nicolás de Arredondo.
Cuando estalló un conflicto entre los franciscanos y el clero secular por ver quién manejaba la universidad, se la rebautizó Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat. Cuando el Deán Gregorio Funes fue nombrado rector en 1808 fue declarada Real y Pontificia.
Había que abrirles las mentes a los alumnos. Tuvieron acceso a textos de René Descartes, Isaac Newton y Gottfried Liebnitz.

Asimismo, el Deán Funes introdujo la aritmética, álgebra y geometría. La oficina del Rectorado funcionaba donde ahora está el museo. Estaba junto a la antigua capilla de Españoles del Templo de la Compañía de Jesús, actualmente el salón de grados de la universidad.
En 1820 el gobernador Juan Bautista Bustos la provincializó y entre 1854 y 1856 fue nacionalizada. En 1918 fue escenario de la Reforma Universitaria.
Para 1607, Trejo estaba agotado y enfermo. Había pedido permiso para trasladarse a Perú. Al sentirse mejor decidió ir a Santiago del Estero, pero en el camino se agravó y murió el 21 de diciembre de 1614. Sus bienes no alcanzaron a cubrir todos los gastos del colegio, pero fue una ayuda.
En sus claustros se formaron media docena de presidentes. Cinco abogados: Santiago Derqui, Miguel Juárez Celman, José Figueroa Alcorta, Carlos Menem y Fernando de la Rúa y un odontólogo, Héctor José Cámpora.
Fuente: Universidad Nacional de Córdoba.
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