Poly Artesanal es una panadería artesanal saludable biosustentable, con productos especializados en masa madre, que tiene su local en la calle Galván al 3500, en el barrio porteño de Villa Urquiza. Su propietaria Ana Clara “Poly” Mera publicó en redes sociales un video donde relata el momento económico crítico que atraviesa y que debió prescindir de todos sus empleados para poder tener que cerrar definitivamente.
El emprendimiento de Ana Clara llegó a tener 27 empleados en las mejores épocas y debió despedir a todos, quedando ella sola a cargo de toda la producción. “Estamos transitando una situación económica complicada, lo que me llevó a desistir de todos mis empleados y trabajar sola”, relató casi entre lágrimas y aseguró que le duele no tener plata para pagar sueldos, el alquiler o comer.
“Quiero contarles a todos que fundí. Me estoy volviendo a levantar, una vez más, con lo difícil que es en este país. Por suerte, tengo un oficio. Con un horno y una lata se puede salir adelante”, asegura mientras hace malabares para mantener a flote su fábrica.
Con 29 años y dos hijos, a los que tiene que sostener, asegura que va a continuar cocinando. “No pedimos plata, no pedimos planes ni un espacio gratis, lo único que pedimos es que nos compren. Solo queremos sacar adelante a la familia trabajando dignamente. No nos dan los costos ni los brazos para tener una producción como la que quiero. El costo de la materia prima se fue por las nubes y poner un pan de un kilo sobre la mesa a 400 pesos es imposible”, se lamente la emprendedora.
Ana Clara viene de tres generaciones de panaderos tradicionales, de donde surgió su pasión por la panadería. “Poly es mi padre y es a quien le agradezco haberme enseñado este maravilloso y ancestral labor”, dice orgullosa y recuerda que hace pan desde siempre. Su emprendimiento se expone en las ferias de Capital Federal y el Conurbano.
Sin embargo, su entusiasmo y su carácter emprendedor contrastan con la realidad cotidiana de cualquier empleador, que debe hacer frente a unos cuantos costos y riesgos por unos pocos beneficios. En un reportaje con Eduardo Feinmann en Radio Mitre, contó que todos los empleados que se fueron le hicieron juicio, incluso la amenazaron. Algunos llegaron solo a trabajar dos meses y quieren cobrar la indemnización. Así perdió todos sus ahorros.
“Por suerte se está difundiendo y la gente apoya comprando un pan. Pero es difícil para mí, perdí casi todo. Y si bien tengo la posibilidad de seguir trabajando, me duele. Siempre digo que saliendo a trabajar uno sale. Tengo dos chiquitos y hay que darles de comer. Sostener una planta en Argentina no es barato”, comentó.
Asegura que “es difícil lidiar con los cambios de precios, aumentos indiscriminados e impuestos, pero hay que seguir trabajando”. Aunque no quiero empleados. “Es una lucha”, asegura.
“Siempre fui amorosa con mis empleados; les daba el día de sus cumpleaños. Pero no hay respeto por el trabajo. La gente no quiere trabajar, lo trates como lo trates, los tengas en blanco o en negro, igual la cosa va a detonar. El problema no es que la bomba detone, si no cuándo va a detonar. Esto va a suceder con un empleado en blanco o en negro”, lamentó.
Desde su punto de vista, si existiera una modernización laboral tomaría más personal. “Mi planta podría tener muchos empleados. El sistema de producción es impecable, pero sé que va a terminar en un problema. La verdad estoy acobardada. Prefiero no comprar un auto o cambiar a los chicos del colegio. Tampoco quiero seguir trabajando para que la plata se la lleven otros”, enfatizó.
Toda esta situación le quitó la sonrisa a Ana Clara. “Cuando no tenes donde vivir, ni plata para comprar nada y te siguen llamando empleados queriendo cobrarte, hostigándote, y ves a dos criaturas que no tienen ni para un helado del Día de la Madre, ahí pedís ayuda. No quiero que me regalen nada, quiero salir de esto trabajando, pero es difícil ir a una feria a vender cuando la vendedora te roba. Fue un poco humillante hacer el video porque me criaron de otra manera, me criaron para salir adelante trabajando, sin pedir nada. Pero no me queda otra”, comentó.
Más allá de su delicada situación, Ana Clara no pierde las esperanzas. “Basta de resignación. Precisamos soluciones reales. Trabajar vamos a seguir trabajando, pero queremos ver como más soluciones. Cuando me levanto a la mañana y miro la huerta, digo ‘puta madre’, este país tiene tantas posibilidades. La harina orgánica que utilizo es argentina, como puede ser que con tantas posibilidades estemos en decadencia”, concluyó.
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