“De Argentina no me mueve ni la grúa municipal. No me quita nadie ni con agua hirviendo”, dice Manuel Vicente Gallardo Sánchez, un español que da clases de tango en Buenos Aires para el turismo y quien se considera una máquina de generar bailarines por el mundo.
Manuel tiene 41 años, nació y se crió en Badajoz y hace casi 8 vive en la Argentina. Fue el amor de una argentina que lo trajo al hemisferio sur. A su ex mujer la conoció en España y estuvieron unos 12 años juntos en su tierra. Ella fue su primer amor argentino, pero después llegó el tango con un flechazo para siempre. Como ella extrañaba a los suyos, le pidió mudarse. Por lo que Manuel aceptó dejar todo por su entonces mujer. Tenía una agencia de viajes mayorista, que continuó manejando de manera online desde su casa de Olivos, donde se instalaron.
Corría el año 2014 cuando empezó a vivir entre los argentinos. Su pareja bailaba tango, entonces una de las cosas que hizo fue empezar a tomar clases. “Por hacer algo”, dice como alguien que no se encontraba del todo interesado. “A los dos años nos separamos. Todas las personas evolucionamos y se acabó el amor, pero con mucho querer. La vida es solo una. Cuando me separé se suponía que tenía que volver a España y sentí por primera vez que el tango era más fuerte que yo, que era un amor verdadero y decidí quedarme unos meses más”, relata el español.

Por primera vez solo en un país por adopción, decidió hacer un reseteo personal. “Vida nueva, casa nueva y negocio nuevo”, se propuso. Esta vez, su manera de ganarse tendría que estar más basado en el amor, con algo que lo llenara realmente. “Quise devolver algo al tango porque me cambió la vida”, expresa con sentimiento.
Es que el tango lo volvió loco. Desde empezó, no dejó de tomar clases casi ningún día. Le enseñaron cientos de profesores. “Puedo bailar cinco o seis veces por semana y tomar clases dos o tres veces. Yo bailo mucho y soy una persona feliz. Antes llevaba una vida corporativa”, subraya. De manera que en estos que en todo este tiempo, se convirtió en bailarín y profesor.

El nuevo proyecto al que estaba ligado su corazón estaba relacionado con el tango y lo unió con su experiencia en el turismo. Y creó Tango 10 Argentina (En Instagram: tango10argentina). Actualmente, el pacense, así se llama extrañamente a los nacidos en Badajoz, recibe turistas de todas partes del mundo y los invita a vivir una experiencia profunda de 5 o 6 horas. Les enseña la historia del tango, la música, cómo se baila y los lleva a milongas para terminar comiendo con una orquesta en vivo, y bailarines locales. Siempre va rotando de lugares. ¿A quién no le tienta?
De milonga en milonga, les enseña los códigos y asegura que con sus tours es una máquina de crear bailarines de tango por el mundo. Los extranjeros siguen bailando en sus países. Milongas hay en todas partes y bailarines de tango, ni hablar. Lo sabe bien porque lo primero que guarda en su valija cuando viaja son sus zapatos de baile. Lo único importante. Después se viste común, con una camisa y pantalón, sin disfraz. “Muchos bailarines terminan siendo una fotocopia”, asegura. Enseñar la cultura del tango para Manuel, va más allá del dinero. Tanto disfruta de su actividad, que lo haría también gratis ( y que alguna vez lo hizo). “Me siento un afortunado en la vida, cuando podes dedicar todo tu tiempo tu pasión”. Por persona, cobra 35 euros, la experiencia. Y los grupos que arma no pueden exceder los 10 viajeros.

Dice que las evaluaciones que le dejan en la plataforma donde ofrece sus tours más que eso son poemas. Por ejemplo, Claire, de Nueva York dejó escrito: Si quieres conocer Argentina, la verdadera local, hermosa y sensual Argentina, debes hacer esta experiencia. ¡Era todo y más! Manuel es extremadamente conocedor y comparte su pasión de una manera tan íntima y personalizada. Éramos un grupo de 5 desconocidos de diferentes países y nos fuimos sintiéndonos como familia. Quiero tomar clases de tango porque si es así. Lo recomiendo 100%.
En las evaluaciones de la plataforma también se destaca el trabajo de Camila. Comparten trabajo y amistad y algo más: también es otra extranjera fanática del tango. Es brasileña.

Cuando buscó nuevo lugar donde vivir, no dudó un instante en irse al Tigre. Sale en lancha con sus amigos, a remar. Su casa está en el Paseo Victorica. Manuel siente fascinación por el Tigre. A sus alumnos de tango extranjeros siempre le recomienda una visita y lo que más le asombra es que ninguno tenga noción de su existencia. Nadie. Como especialista en la industria turística y con sus conocimientos en estrategias de marketing no entiende que no se lo promocione como una buena excusa para que los viajeros pernocten una noche más en Buenos Aires. Para el español es lo que hace diferente a Buenos Aires. “Hay gente viviendo en un delta y va a trabajar a la ciudad, como yo, y no saben que existe esto que es absolutamente único. Cuando lo recomiendo me agradecen”, cuenta. “Pasear por ahí, ver las casas de la gente, comer en un restaurante en una isla, hace de Buenos Aires una ciudad diferente”, reitera. Dice que le gustaría que se mejore el acceso, aunque sabe que se puede llegar en tren. El cuenta que en moto llega en 35 minutos al Obelisco.
Tampoco nadie logrará sacararlo de Tigre, como le gusta decir, ni con agua hirviendo. Desde su sofá ve unas puestas de sol increíbles.

También considera que La Boca, que para él es una de las joyas de la corona, debería estar mejor cuidada y ofrecer más segura. “Hace poco hubo tiros y una cuchillada. Eso no puede pasar en un destino internacional. Argentina es la puerta de entrada de América Latina”.
En Buenos Aires nunca estuvo solo. “Es imposible no hacer amigos en la Argentina. Tengo miles. Como extranjero algunos son como mi familia. Por otra parte, en la milonga, conoces mucha gente. Bailamos prácticamente todos los días. Es como una droga. Es improvisación, si piensas, pierdes, tiene que sentir, es como una terapia”, concluye.
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