Los consejos de San Martín a los diputados para el 9 de Julio y las razones de su apuro por declarar la Independencia

Desde Mendoza -donde era gobernador- y mientras daba los últimos preparativos al Ejército con que cruzaría Los Andes para liberar a Chile y a Perú, le envió una carta al diputado Godoy Cruz donde lo insta promover una rápida emancipación de España

San Martin
José de San Martin en la época que fue gobernador de Cuyo.
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En vísperas de un nuevo aniversario de la Revolución, el 24 de mayo de 1816, San Martín -a la sazón Gobernador Intendente de Cuyo-, escribía a uno de los diputados por Mendoza ante el Congreso de Tucumán, el joven abogado Tomás Godoy Cruz, una famosa carta, en la que le decía:

“Mi amigo y paisano: Tengo a la vista la de usted del 12 y en su consecuencia he prevenido a Vargas, el desarreglo en que se hallan los correos a esa; éste ha quedado en remediarlo, pero para esto es necesario se establezca posta de la Rioja a Catamarca y de esta a Tucumán que no la hay...”.

San Martín, gran líder y conductor, fija en este primer párrafo la atención en las comunicaciones. Así como en épocas de la colonia y luego en los primeros años de la revolución, las postas eran el único y efectivo sistema de comunicación que permitía conectar todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tucumán era ya para entonces una de las ciudades más importantes del actual Norte Argentino y para ese año de 1816 se había convertido en la sede del Congreso de Tucumán. Hasta allí llegaba la profusa correspondencia que San Martín dirigía a los diputados por Cuyo, instándolos a dar el golpe de gracia al proceso iniciado el 25 de mayo de 1810, que ahora, de la mano de San Martín comenzaba a transitar su etapa decisiva:

“Veo lo que usted me dice sobre que el punto de la independencia no es soplar y hacer botellas, yo respondo a usted que mil veces me parece más fácil hacerla que el que haya un solo americano que haga una sola botella”.

Con su conocida ironía y tono firme el Gobernador compelía a los diputados a suscribir la tan demorada y ansiada “Declaración de Independencia”, y para ello no escatimaba argumentos, con sutileza y pluma inquieta agregaba:

“Ya sabe usted que de muy poco entiendo, pero de política menos que nada, pero como escribo a un amigo de toda mi confianza me aventuraré a esparcir un poco de erudición gabinetina; cuidado, que yo no escribo nada más que para mi amigo”.

Tomás Godoy Cruz.
Tomás Godoy Cruz, destacado mendocino. Fue diputado en el Congreso de Tucumán y gobernador.

Disfrazando sus dichos en una supuesta ignorancia y con el ardid de introducir sus ideas en el congreso a través de quien sería uno de sus principales voceros, el futuro Libertador de América escribía:

“Si yo fuese diputado me aventuraría a hacer al congreso las siguientes observaciones; Soberano señor: un americano republicano por principios e inclinación, pero que sacrifica estas mismas por el bien de su suelo hace al congreso presente:

1° -Los americanos de las Provincias Unidas no han tenido otro objeto en su revolución que la emancipación del mando del fierro español y pertenecer a una nación”.

Preocupado por la forma de gobierno continuaba:

2° -¿Podremos constituirnos República sin una oposición formal del Brasil (pues a la verdad no es muy buena vecina para un país monárquico) sin artes, ciencias, agricultura, población, y con una extensión de tierra que con más propiedad puede llamarse desierto?”

En este momento crucial de la historia tanto San Martín como Belgrano, pese a sus principios republicanos, sostenían la necesidad de establecer una monarquía temperada o constitucional al estilo de Inglaterra, pues creían acabadamente que estos territorios aún no estaban listos para constituirse en un sistema democrático como lo habían hecho los EEUU. Finalmente expresaba en su argumento:

“... Seis años contamos de revolución y los enemigos victoriosos por todos lados nos oprimen: falta de jefes militares y nuestra desunión son las causales. ¡Y se podrán remediar! Puede demostrarse que no podemos hacer una guerra de orden, por más tiempo que el de dos años, por falta de numerario y si sigue la contienda, no nos resta otro arbitrio que recurrir a la guerra de montonera y en este caso sería hacérnosla a nosotros mismos”.

Con su visión clara identificaba que las peleas “entre hermanos” podían llevarnos a la ruina y se adelantaba así con su juicio a lo que vendría luego: la lucha entre unitarios y federales, y el desmembramiento de las Repúblicas por él libertadas. Lamentablemente el tiempo le daría la razón, una vez más no se equivocaba.

Declaración de  la independencia
9 de julio de 1816, el día que declaramos nuestra independencia.

Luego en otro párrafo de la misiva continuaba:

“Ya está decidido el problema de Inglaterra, nada hay que esperar de ella. Ahora bien, ¿cuál es el medio de salvarnos? Yo lo sé, pero el congreso lo aplicará como tan interesado en el bien de esos pueblos, resta saber, que si los tales medios no se toman en todo este año no encuentro (según mi tosca política) remedio alguno. Se acabó”.

Recurriendo a su experiencia y conocimientos de geopolítica y política internacional, pues no tenía nada de “tosco político”, San Martín daba por terminada la larga espera mantenida por la dirigencia de Buenos Aires para obtener el protectorado inglés desde el año 13, a la cual se había opuesto sistemáticamente. Por el contrario de manera terminante esgrimía su plan, su anhelo y su fallo: Independencia Ya.

Su “apresuramiento” por declarar la independencia, tenía varias razones y causas, algunas esgrimidas públicamente y otras las había dado a conocer en su fuero íntimo: con el Ejército de Los Andes casi listo y su firme propósito de emprender la campaña libertadora en la próxima temporada de verano, Enero de 1817, el Gobernador desesperaba contar con la Declaración de Independencia para poder cruzar Los Andes como libertador y no como un conquistador más de la historia, ni mucho menos un usurpador; la situación de indecisión en que se encontraban las Provincias Unidas, en revolución de hecho, pero como vasallos insurgentes de la corona española ante los ojos del mundo, tornaban a la causa de la independencia en una revuelta interna y no permitían el alcance continental programado por el futuro libertador. Por otro lado la amenaza de invasión desde Chile, las derrotas militares sufridas en todo el año 15 por parte de los ejércitos patriotas y las noticias de la firme decisión de Fernando VII, vuelto al trono, de recuperar las colonias, constituían un momento de gran riesgo para la causa, por ello, San Martín pensaba que declarada la independencia ya no habría vuelta atrás, y mucho menos lugar para los tibios o indecisos, dado el paso jurídico de conformación de la nueva nación, ya no quedaría otro arbitrio que pelear por la libertad hasta la última gota de sangre, tal como lo había proclamado en diversas oportunidades.

Esta histórica carta de José de San Martín a Tomás Godoy Cruz, se considera, junto con la reunión secreta que mantuvo Belgrano con los congresales en Tucumán el 6 de julio, los antecedentes directos que impulsaron a los diputados a declarar la Independencia; de allí que si bien Belgrano y San Martín no estuvieron presentes en la sesión del 9 de Julio, ni rubricaron directamente el Acta de la Independencia, sin duda fueron en mente, voluntad, palabra, acción y espíritu los verdaderos gestores de tamaña empresa.

Juan Marcelo Calabria y Roberto Colimodio son autores de “San Martín más allá del bronce” y miembros de la Academia Sanmartiniana

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