
Este lunes, en el marco del Día del Periodista, el gobierno de la provincia de Chaco presentó un manual de buenas prácticas “para una comunicación no sexista” en el trazado de políticas públicas. En el acto virtual que encabezó el gobernador Jorge Capitanich, su vice, Analía Rach Quiroga, sorprendió al referirse “al equipo y la equipa” que trabajó en el proyecto.
La intervención no pasó desapercibida, tampoco sus fundamentos en la presentación del anuncio ante distintas agrupaciones feministas. “Es importante tener un lenguaje inclusivo que achique las brechas de desigualdad, un lenguaje que tenga en cuenta a las otredades; hoy estamos dando un paso más para adelante, sabiendo que falta y asumiendo el compromiso de trabajar en ello”, sostuvo Rach Quiroga que, en esa línea, aseguró que “el lenguaje no es neutral” y que “lo que no se dice se invisibiliza”.
El escritor y periodista Sergio Sinay, autor de numerosos ensayos sobre vínculos humanos y problemáticas masculinas -El apagón moral, La sociedad de los hijos huérfanos, La masculinidad tóxica, Ser padre es cosa de hombres, Inteligencia y amor, Sanar la pareja, La ira de los varones, entre otros-, fue una de las voces que se alzó contra el discurso de la funcionaria chaqueña.
“El lenguaje inclusivo en realidad no es un lenguaje, sino una jerga, y no es inclusivo sino más bien excluyente”, expresó Sinay en diálogo con Infobae. “Una característica de las jergas es que se las habla dentro de las sectas, que pueden ser religiosas, políticas, o de otra índole. Y las jergas dejan afuera a todo aquel que no integre la secta. Reducen el número de hablantes, de emisores y de receptores solamente a aquellos que aceptan el dogma”.
VIDEO: EL DISCURSO DE LA VICEGOBERNADORA DEL CHACO
“De esta forma el que no acepta esa jerga queda excluido. Y, en la práctica, esta jerga es excluyente porque no se puede utilizar. Basta con una prueba muy sencilla: yo les pediría que me lean en voz alta un texto donde la letra ‘x’ reemplaza a la ‘o’ ¿cómo se pronuncia una palabra así?”, señaló. “Parten de un pensamiento muy elemental y rudimentario por el cual si hay una palabra terminada en ‘o’ ya es masculina y, por lo tanto, patriarcal y abusiva”.
De acuerdo con el ensayista, el lenguaje inclusivo expresa un “modelo mental, una visión de mundo” que pretende que sólo “lo que se dice se materializa y lo que no se dice no existe”. Es, asegura, “un intento de crear una realidad al margen de la realidad e instalarse mentalmente ahí” sin una consiguiente y verdadera transformación de la desigualdad.
“Me gustaría saber cómo se refiere esta señora, por ejemplo, al invierno, al infierno, al gobierno o a lo materno incluso, todas palabras que terminan en ‘o’. Quisiera hablar con ella para ver cómo lo hace”, se pregunta Sinay. “Estos reduccionistas o ‘jibarizadores’ del lenguaje tienen la ilusión de que recortando la lengua, o inventando una manera de hablar, se puede forzar la realidad o envasarla. Eso en el fondo es un delirio. El lenguaje es representativo de la realidad y no al revés, ellos buscan el camino inverso”.
Para el autor, es posible trazar una comparación entre la implementación del lenguaje inclusivo y la “neolengua”, el lenguaje oficial y obligatorio de uno de los tres superestados de la Tierra en 1984, la novela distópica del escritor británico George Orwell.

En un apéndice que explica los fundamentos del vocabulario neolingüístico, Orwell esplica que el propósito del lenguaje creado por el Ministerio de la Verdad “es imponer una actitud mental”, no sólo para expresar la cosmovisión del partido gobernante en la novela, sino también para “imposibilitar otras formas de pensamiento”.
“Orwell explica que cuando se recorta el lenguaje se recorta el pensamiento. En este caso no es al revés: es un pensamiento ignorante, pobre y estúpido el que recorta el lenguaje y se muestra al desnudo en su pretensión de obligar a hablarlo o, balbucearlo, ya que es un lenguaje que con la utilización de “x” o “@” no puede ser hablado”, señaló Sinay.
Y continuó: “Me parece que eso más bien genera un desencuentro. Los adolescentes, por ejemplo, son grandes generadores de neologismos pero no los imponen, nacen y se multiplican a partir de la interacción y luego se va extendiendo. Se da a partir del uso de los hablantes como una necesidad de comunicación pero nunca como una imposición. Muestra una ignorancia respecto de esta herramienta que es el lenguaje y que nos ha permitido a los humanos entendernos, amarnos, disentir, evolucionar”.
“Lo que pasa con las jergas es que nunca se convierten en lenguaje extendido entre los hablantes, son siempre jergas y quedan reducidas a eso”, concluyó Sinay. “Pero esta secta lamentablemente tiene representantes en el Gobierno, como es el de esta vicegobernadora, que ha dado muestras de una ignorancia y de una incapacidad expresiva preocupante para alguien que se desempeña en ese tipo de funciones”.
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