
Lo primero que atinó a preguntar el gobernador interino José María Pinedo al capitán inglés John James Onslow es si había guerra entre Buenos Aires e Inglaterra. En definitiva, vivir en las islas lo había sometido a un alto grado de aislamiento en el que las noticias llegaban con meses de retraso, cuando llegaban.
Ese miércoles 2 de enero de 1833 por la mañana había aparecido en Port Louis -45 kilómetros al norte de Puerto Argentino- el buque de guerra Clio, de bandera británica. La pregunta de Pinedo fue formulada luego que Onslow le informase que llegaba con órdenes superiores de tomar posesión del archipiélago, y que lo hacía en nombre del rey Guillermo IV. “No renunciéis nunca a una cabeza de alfiler que tengáis el derecho de guardar y que creáis poder guardar”, era un principio del entonces secretario de exteriores Lord Palmerston.
Onslow obedecía órdenes de la estación naval de su país, asentada en Brasil. Allí había llegado el mensaje de Inglaterra de que el monarca vería con agrado el envío de un buque a las islas y que ejerciese la soberanía y su custodia. Sus instrucciones incluían la construcción de un fuerte, y que tal vez podría usarse los restos de la fortificación española de 1774. En caso de encontrarse con habitantes ingleses, debía censarlos.

Con sus órdenes precisas, Onslow partió de Río de Janeiro el 29 de noviembre. El 20 de diciembre ingresó a Puerto Egmont. En las ruinas que allí encontró, el 23 izó la bandera con una inscripción en la que anunciaba la presencia del buque Clio con el propósito de ejercer la soberanía.
Fue recorriendo la costa sin hallar pobladores y así el 2 llegó a la altura de Puerto Luis, y ancló en la bahía.

El inglés le confirmó al sorprendido Pinedo que no había guerra y lo intimó a que arriara la bandera argentina, que retirara sus fuerzas y que abandonara las tierras. En caso de encontrar resistencia, tenía la orden de actuar con la violencia necesaria.
Pinedo, de 38 años, teniente coronel de la marina, era un veterano de las guerras de la independencia y de la del Brasil. Desde octubre de 1829 era el comandante de la Sarandí y había llegado a las islas en 1832 llevando al gobernador interino, el francés José Francisco Mestivier, ya que Luis Vernet se hallaba en Buenos Aires. El 30 de noviembre, luego de un motín, Mestivier fue asesinado y Pinedo quedó como gobernador interino.
Ante el ultimátum, Pinedo reunió a sus oficiales, la mayoría eran ingleses, salvo cuatro marineros y seis muchachos “capaces de nada”, según declaró en Buenos Aires; de sus 14 soldados, había tres ingleses, según remarcó más tarde. El teniente graduado Roberto Elliot lo desmintió en parte al afirmar que todos eran norteamericanos salvo el piloto práctico, que sí era británico.

A las cuatro de la tarde, Pinedo los reunió a todos. Propuso resistir, aunque sea por diez días, esperando que se produciera un milagro y llegasen refuerzos de Buenos Aires. Todos estuvieron de acuerdo menos Breman, el piloto práctico, que cumpliría con su tarea pero sin disparar contra sus connacionales.
Se ordenó zafarrancho de combate, y con el mayor de los sigilos se cargó la artillería con bala y con metralla. Se repartieron armas y municiones a la tropa de tierra y a los colonos. Hasta se armó a los detenidos por el crimen de Mestivier. Elliot diría que “no hubo uno solo que no concurriese gustoso a desempeñar la parte que le tocaba”.
Decidió ganar tiempo. A las diez de la noche envió al buque inglés al teniente primero Mason y al propio Breman para comunicarle a Onslow que resistirían. Pero el mensaje no pudo ser entregado, ya que el capitán estaba durmiendo y no se lo podía molestar.
Pinedo repartió las municiones entre los hombres que no llegaban a la cincuentena. La única nave de la que disponía era la goleta Sarandí, imposible hacerle frente a un buque de guerra.
Decidió ir él a la Clío, pero tampoco fue recibido. Hizo cuentas: con 44 hombres, debía defender su posición en tierra y combatir contra un buque que tenía el triple de artillería que la suya. Comprendió que todo era inútil.

El jueves 3 por la mañana embarcó a la tropa. Dejó en tierra al capataz Juan Simón al cuidado de la bandera argentina, que aún flameaba en el mástil. A las 9 aparecieron tres botes con ingleses. Se dirigieron al caserío, instalaron un nuevo mástil e izaron la bandera británica. Luego, Pinedo desde su barco vio como un oficial, acompañado por un soldado, arriaba la argentina y se la alcanzaba al buque. Con total descaro, el inglés le dijo que devolvía una bandera que habían encontrado en territorio de su majestad.
El 4 de enero, a las cuatro de la tarde, sin haber disparado un solo tiro, Pinedo dejó las islas. Ese atardecer divisó por última vez las costas de Malvinas.
El 14 Onslow también partió rumbo al Río de la Plata. Dejó encomendado al despensero irlandés William Dickson -a su juicio el súbdito más respetable que encontró y que originariamente había sido contratado por Vernet- que todos los domingos izase la bandera o bien lo hiciese en presencia de algún buque.
El 15 de enero la Sarandí recaló en el puerto de Buenos Aires. “¡Viva la Fuerza!” tituló la Gaceta Mercantil, comentando que la ocupación había sido hecha “por el derecho del más fuerte” y que Pinedo había tenido que ceder ante “la razón de los cañones”.

Pinedo fue sometido a una corte marcial. Se defendió argumentando que no tenía instrucciones sobre cómo proceder en caso de ser atacado. Entre fusilarlo y expulsarlo, se decidió por lo último, pero por irregularidades en el proceso, el fallo fue anulado y meses después reincorporado al servicio. Falleció en 1885.
Fueron unos fatídicos quince minutos, que es lo que duró el cambio de banderas, con redobles de tambores incluidos. Quince minutos que para la Argentina ya llevan 188 años.
SEGUÍ LEYENDO:
Últimas Noticias
Protestas contra la reforma laboral, en vivo: los manifestantes se congregan en la puerta del Congreso tras el inicio de la sesión
Desde temprano, columnas sindicales, organizaciones sociales y agrupaciones políticas se movilizaron hacia el centro porteño en una jornada marcada por un fuerte operativo de seguridad

Rodeados de gente, pero solos: el efecto inesperado del boom digital en las grandes ciudades
En las grandes metrópolis, la expansión de las aplicaciones, el home office y la vida cada vez más mediada por pantallas transformó la manera de vincularse

Se incendió un edificio en Constitución: hay 70 evacuados y cuatro traslados al hospital
Las llamas se desataron en un departamento de un séptimo piso. Entre los afectados, hay un menor de siete años ingresado en el hospital Penna

Emprendedor y consultor empresarial: quién es el principal sospechoso del crimen de Malena Maidana
Tiene 22 años y está acusado de haber atacado a la joven con diez puñaladas mientras caminaba por un barrio de Ezeiza. Se mostraba en redes como emprendedor y asesor empresarial. Su perfil

Repatriaron el cuerpo de Narela Barreto, la argentina que murió en Los Ángeles: la despedirán en Lomas de Zamora
El cadáver de la joven fue trasladado al país en las últimas horas. Este viernes será velada y enterrada. El triste mensaje de su hermano




