
Matías Bagnato es conocido por la opinión pública en razón de su larga lucha por evitar que el asesino de su familia sea liberado, algo que ya ocurrió en una ocasión. Cada vez que hablaba en público, mencionaba con cariño a su abuela Norma, la mujer que lo sostuvo y le dio fuerzas para seguir adelante, luego de que, a los 16 años, perdiera a toda su familia, sus padres y sus dos hermanos, en un incendio criminal.
Hay que recordar que, cada vez que tuvo la oportunidad, Fructuoso Álvarez González, el asesino de los Bagnato, ha reiterado sus amenazas de muerte contra Matías y su abuela: quiere completar la siniestra venganza que desató contra esa familia el 17 de febrero de 1994 cuando incendió la casa en la que vivían en Flores, asesinando a los padres y a los dos hermanitos de Bagnato y a un amiguito que dormía allí ocasionalmente. Los niños tenían 14, 9 y 11 años respectivamente. Sólo Matías, entonces de 16, pudo ser rescatado por vecinos que lo hicieron saltar desde una ventana.
La abuela había viajado a Mar del Plata el día anterior: los padres de Matías querían ponerla a salvo del odio del asesino que la había amenazado y golpeado. No imaginaron que la venganza de Álvarez González caería sobre todos ellos.

La agresión a la abuela, antecedente del múltiple homicidio
En una charla con Infobae en 2015, en una de las tantas veces que Matías Bagnato tuvo que apelar a los medios para evitar una excarcelación del asesino de su familia, contó un hecho ocurrido unos meses antes del asesinato de su familia, y que permite hacerse una idea de la clase de persona que es Fructuoso Álvarez González.
El asesino era pariente político de los Bagnato pues estaba casado con una prima de José, el padre de Matías. Asistía a las fiestas familiares y hasta habían compartido algunas vacaciones. En un momento en que José Bagnato empezó a tener algunas dificultades económicas en su fábrica de zapatillas –Rainbow- y hasta pensó en cerrarla, Fructuoso Álvarez González le ofreció ayuda. El arreglo fue de palabra y duró menos de un año. Las cosas se complicaron cuando el hombre empezó a reclamar una deuda que efectivamente existía pero que no era del monto que él alegaba.
Unos meses antes del incendio, Álvarez González citó a la abuela de Matías para discutir el monto de la deuda reclamada. La mujer asistió a la reunión con ánimo de componer las cosas. Ella era la dueña del edificio donde funcionaba la fábrica de zapatillas.
Lo que sucedería en ese encuentro era inimaginable y un funesto anticipo de la masacre. Fructuoso Álvarez esperaba a Norma Bagnato con un abogado y quiso hacerle firmar un documento reconociendo una deuda muy superior a la real. Ella se negó a firmar. Entonces él empezó a tirarle de los cabellos y a golpearla en la cara. El abogado aconsejaba: “No le pegues fuerte, no le dejes marcas”. Como ella no cedía, la obligó a aspirar cocaína.

En ese momento, bajó las escaleras la esposa de Fructuoso y le rogó: “A la tía no le hagas eso”... Él replicó: “Subí porque si no te mato a vos y a tu hija”. Ella no tuvo más remedio que obedecer.
La siguiente presión a la abuela de Matías fue la vejación sexual: Fructuoso Álvarez González se bajó los pantalones y refregó sus genitales contra la cara de la mujer obligándola a tocarlo.
Afortunadamente, la esposa había atinado a llamar a la casa de su primo, el papá de Matías, para contarle lo que estaba pasando. Los padres de Matías llegaron corriendo y pusieron fin a la tortura. Fructuoso huyó. Pero la familia Bagnato hizo la denuncia en la comisaría 45.
Fue entonces cuando Álvarez González empezó con sus amenazas: "Levanten la denuncia porque los quemo a todos".
El 16 de febrero, la abuela de Matías viajó a Mar del Plata. Bagnato y su esposa querían alejarla de la pesadilla vivida y ponerla a salvo de nuevas agresiones. Esa noche, uno de los hermanos de Matías invitó a un amiguito a dormir en la casa: estaba libre la cama de la abuela.

En la madrugada del 17 de febrero, Fructuoso Álvarez González cumplió su amenaza, incendió la casa con toda la familia adentro. Sólo Matías, que entonces tenía 16 años, pudo escapar, ayudado por los vecinos; su ventana no tenía rejas. Todos los demás murieron: sus padres, José, de 42 años, y Alicia, de 40; sus hermanitos, Fernando, de 14 y Alejandro de 9, y el amiguito que dormía allí, Nicolás Borda, de 11 años.
El asesino de los Bagnato no sólo no se arrepiente de haber quemado vivas a cinco personas, entre ellas tres niños, sino que en cada oportunidad que tuvo amenazó al único sobreviviente de su crimen y a su abuela. Reiteradamente, pide salidas transitorias. Y en cada ocasión, Matías se ve obligado a apelar nuevamente a los medios y al sentido común: “¿Qué más hace falta, que me queme a mí y a mi abuela?”, preguntó en una ocasión.
Hoy, Matías Bagnato despidió a su abuela con un mensaje en Twitter en el que sintetiza lo que ella representó para él en todos estos años: “Gracias x ser mi sostén x enseñarme a ser fuerte a luchar ... no puedo ni escribir .. ya te extraño tanto!!! Descansa mi amor!! se q estas feliz de estar con Mami Papi Fer y Ale ...esperame con ellos! Me da tanta bronca q pasó ahora sin poder despedirte con queria TE AMO ABU!”

Norma Calzaretta estaba internada en un geriátrico. Tenía 91 años. Cuando se inició la cuarentena, Matías le envió un mensaje por televisión: “Una vez más tenemos que ser fuertes, abuela, pasamos por un montón de momentos durísimos, que sólo vos y yo sabemos. Sos lo único que tengo en este mundo y voy a hacer todo para cuidarte, aunque eso implique no poder ir a verte”. En esa ocasión, contó que hacía videollamadas todos los días con Norma, aunque a veces ella no lo escuchaba muy bien.
Hace unos días, la abuela se descompensó y Matías expresaba en redes su angustia ante la perspectiva de no poder darle un último adiós: "...me destruyó pensar q no podía despedirme de ella, como me pasó con mis viejos y hermanitos... "
El jueves pasado, Norma superó un ataque, que ya anticipaba el final de la larga vida de esta mujer luchadora que, en medio del dolor por la horrible pérdida sufrida, supo mantenerse en pie para darle un futuro a su nieto.

Junto a otras asociaciones y personalidades, Matías Bagnato ha sido uno de los más activos promotores de la Ley que le da derecho a los familiares a ser notificados de las medidas de morigeración de pena o excarcelaciones anticipadas concedidas a los homicidas o agresores de sus allegados por parte de los jueces de ejecución.
Recientemente, volvió a intervenir frente a la polémica que se desató ante la intención del oficialismo de conceder arrestos domiciliarios a los presos en prevención de posibles contagios con coronavirus. “Nos vuelven a matar a nuestros seres queridos cada vez que liberan a uno de estos presos”, escribió.
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