
Cuando planificó sus vacaciones, Ignacio Villalba (46) nunca se imaginó que iba a terminar en una clínica y aislado de su familia. De Berazategui, Villalba se fue con un grupo de amigos a esquiar a Cortina d’Ampezzo, una ciudad de la provincia de Belluno, en la región del Veneto, al norte de Italia. Salió el 20 de febrero. Una semana más tarde, según datos oficiales, el número de fallecidos por coronavirus en dicho país alcanzaba las 12 personas y los contagiados sumaban 374.
“Los últimos dos días estuvimos en Venecia. Mi sospecha es que ahí contraje el virus”, especula en diálogo con Infobae. Para el viaje de vuelta (desde Milán) hizo escala en Roma. Cuando llegó a Ezeiza, el 3 de marzo, lo fue a buscar su mujer. Aunque llegó sin síntomas, un par de horas más tarde, Villalba empezó a levantar temperatura. Con 38° sacó un turno online a través de su prepaga e inmediatamente lo internaron en el Swiss Medical Center de Barrio Norte. Tres días después, el viernes 6, le dio positivo el test de coronavirus. Fue el caso 3 del país.
¿Si tuvo miedo? “No, porque soy un tipo sano. Mi mayor preocupación era mi familia. Como estuve un rato con mi esposa, la puse en riesgo a ella y, por ende, a mis hijos de 17 y 9 años. Tenía mezcla de culpa y bronca”, explica.
Ese viernes, con el resultado positivo de coronavirus, y varios móviles de televisión en la puerta de la clínica, Villalba fue trasladado al Sanatorio Agote del barrio porteño de Recoleta. En Berazategui, su familia entraba en cuarentena.

En el Agote, Ignacio (que para esa altura era conocido como “el paciente 3”) volvió a hacerse dos tests más: uno el martes 10 de marzo; otro el jueves 12. “Era lo que indicaba el protocolo en ese momento”, explica el hombre que, hasta el viernes 13 de marzo, permaneció internado. “Lo único que tuve fueron dos horas de fiebre cuando llegué de Italia. Después, nada: ni tos, ni alergia, ni resfrío, ni catarro, ni diarrea. Nada”, enfatiza.
Ese viernes, de acuerdo con una nueva resolución del Ministerio de Salud de la Nación, lo dejaron regresar a su casa porque no tenía síntomas. Sin embargo, jamás le dieron los resultados de los análisis que se había hecho días atrás. Para no perjudicar a su familia, que todavía estaba de cuarentena, Villalba se instaló en un departamento que tenía en Capital Federal.
“Estaba totalmente deshabitado: no tenía ni servicio de cable. En este punto me gustaría destacar el trabajo del Gobierno de la Ciudad que se puso 100 % a disposición. Me trajeron desde un termómetro, hasta artículos de limpieza y alcohol en gel. Además, día por medio me hacen llegar vianda de comida”, destaca en diálogo con este medio. “A mi mujer y a mis hijos, que están en cuarentena en provincia de Buenos Aires, nadie les ofreció ningún tipo de ayuda”, agrega.

Un día después de dejar el Sanatorio Agote, el sábado 14 de marzo, un equipo de profesionales de Swiss Medical se hizo presente en su domicilio para hacerle un hisopado. En resumen: al día de la fecha, Ignacio Villalba se realizó tres análisis para detectar coronavirus. Y aun se encuentra a la espera de los resultados que fueron enviados al Instituto Malbrán. “Estoy en un limbo y no sé cuándo salir de la cuarentena. Quiero tener la certeza de que no contagio para volver a mi casa con mi familia. Desde el 20 de febrero que no veo a mis hijos”, explica angustiado.
La parte llena del vaso es que, como trabaja en sistemas, puede hacerlo de manera remota mientras permanece aislado. Además, cuenta, desde Swiss Medical lo llaman todos los días para hacerle un seguimiento. “Me preguntan si tengo fiebre y cómo me siento. Desde el Ministerio de Salud porteño también se ponen en contacto, aunque no con tanta frecuencia. A todos les contesto lo mismo: ‘Estoy bien, me siento bien ¿Cuándo me van a dar los resultados?’”, cuenta Ignacio sobre las muestras.
A su incertidumbre durante los últimos días se le sumó una nueva preocupación. Dos meses antes de que él se fuera a Italia, su hija mayor (Candela, de 20) partió rumbo a Andorra a trabajar a un centro de sky.
"Ella tiene pasaje de vuelta para el 23 de marzo. El tema es que no sabemos si va a poder volver”, explica Ignacio que , en medio de su propia incertidumbre, hace esfuerzos para ayudar a su hija.
“Hace días que intento comunicarme con la aerolínea Iberia y con Cancillería Argentina. No logro que me atiendan el teléfono”, dice mientras evalúa pagar un nuevo pasaje para que la joven pueda volar de Barcelona a Brasil que, hasta el momento, no cerró sus fronteras.

La hija de Ignacio no es la única. En las últimas horas se dio a conocer que son 23.000 los argentinos que solicitaron regresar a la Argentina en los vuelos especiales de Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, ese número incluiría a muchas personas que están fuera del grupo que Aerolíneas se propone repatriar.
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