A Alberto lo abordó una duda. Antes de responder, interrumpió la entrevista. “Una pregunta: ¿es para trabajadores públicos y privados?”. La respuesta del equipo periodístico de Infobae fue positiva. “Suspéndase el deber de asistencia al lugar de trabajo por el plazo de catorce días, con goce íntegro de sus remuneraciones”, reza la norma firmada por el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, que apunta al sector privado y contempla a trabajadores mayores de 60, embarazadas y empleados con afecciones crónicas. Alberto tiene 68 años, es empleado de un comercio y estaba yendo a trabajar.
Habían pasado pocos minutos de las ocho de la mañana en la estación de Once del Tren Sarmiento. Alberto desconocía las condiciones del decreto para evitar la propagación del coronavirus que había anunciado el gobierno nacional en la jornada del lunes. “Yo vengo a trabajar como todos los días. Todavía no me dieron ninguna indicación, pero sí, estoy pensando en evitar tener que venir al trabajo”, interpretó. Su viaje en tren había sido, sin embargo, el mejor en mucho tiempo.
“Es la primera vez que viajo re bien, re cómodo, sentado. Si no hay nadie en la calle...”, celebró. La terminal ferroviaria de Once tiene cara de domingo. Persianas cerradas de algunos comercios, empleados sentados y aburridos, efectos de las normativas de prevención y en sintonía con la baja circulación de pasajeros. Todos coinciden con el mismo análisis: la afluencia en colectivos, trenes y subtes se redujo a la mitad. Lo certifican los pasajeros y los comerciantes.

El coronavirus se distingue en el transporte público de diferentes formas. En Once, los vendedores ambulantes tienen guantes. La recaudación de los locales gastronómicos quedó gravemente afectada. Según el testimonio de los trabajadores de un puesto de venta de comida rápida ubicado entre los andenes, el lunes 16 de marzo el comercio facturó 14 mil pesos, 12 mil menos que siete días atrás. “150 panchos vendemos un día de semana. Ayer salieron 89. ¿Gaseosas? No bajamos de cincuenta por día. Ayer vendimos 24”, reveló una empleada.
El administrador de un kiosco de diarios y revistas constató que sus ventas bajaron por la poca presencia de gente adulta. Incluso en un marzo que debería reactivarse con el comienzo de las clases, las ventas no remontaron. “Gente de mi edad prácticamente no hay en el tren”, cotejó Alberto, quien anunció que, más allá de las medidas de precaución, lleva una vida normal. “Cuando te tiene que venir no hay prevención que valga, te cuidás de éste y viene de aquel lado. Ahora hay menos gente pero hasta el otro día en el tren veníamos 400, 500 personas por vagón. Cómo te podés cuidar si venís prácticamente dándote un beso con el de al lado”.
Asimismo, la trabajadora de un kiosco contó que reclamaron la instalación de dispensers de alcohol en gel en la terminal de trenes, disponibles para empleados y pasajeros, a fin de contrarrestar los riesgos de contagio. Se lo transmitieron a sus empleadores para que elevaran la sugerencia. La respuesta fue negativa. En los corredores de las estación, en las paradas de colectivo y en los andenes de los subtes no hay puestos de suministro de alcohol en gel. Sí hay carteles de prevención, información relativa al Covid-19 y la respuesta ciudadana al pedido de desalentar la circulación en la Ciudad de Buenos Aires.

“Venía bastante más vacío el tren. La gente podía tomar distancia entre sí”, dijo Martín, de 38 años, empleado administrativo que carece del beneficio del home office. “Los que viajamos son los que tenemos que venir a trabajar y los que tenemos que venir a trabajar es porque tenemos que venir a trabajar”, comparó. Paulo, de 33 años y trabajador en el Ministerio de Justicia, pudo viajar sentado: “No había tanta gente en el tren. Esto de la concientización, las campañas y los medios de comunicación hacen que la gente tenga un poco más de conciencia y se quede en sus casas”. Contó que adoptó las recomendaciones de los expertos -lavarse las manos con frecuencia, no tocarse la cara, toser con el codo, no compartir el mate- porque “no quiero llevarles el virus a mis hijos”. Lo que no pudo negociar es el home office: “Tengo miedo pero no puedo evitar el transporte público porque tengo que estar en mi trabajo”.
En la Plaza Miserere también falta gente. La cuarentena es evidente. Las dársenas, comúnmente abarrotadas en horas pico, están vacías. Solo quedan los indispensables, los que no tienen otra alternativa que trabajar, los comerciantes, los vendedores ambulantes y los inspectores de las líneas de colectivos. En la parada del 151, Isabel, una enfermera de 55 años, prestó su visión de la situación: “Yo sigo viajando todos los días y realmente veo mucha menos gente. Eso es muy bueno porque la gente no está amontonada, corriendo el riesgo de contraer el virus”.
Carlos atiende un kiosco instalado en la plaza hace diez años. Tiene 65 e identificó una merma notoria en la cantidad de personas que recorren la zona. “Muchísima menos gente. Yo estoy todo el día trabajando y la reducción es una barbaridad. Desde el viernes hasta ahora es impresionante cómo mermó la cantidad, por mitades. Acá en el negocio se nota que cayó al 50% la venta”. En una plataforma desierta, un inspector de la línea 103 habló de una caída del 40% en la cantidad de gente que viaja en colectivo.

En la boca de la Línea A de Plaza Miserere, Juan, vestido de camisa naranja y pantalón azul, extiende su mano para pedir monedas. Tiene ochenta años, tres operaciones, dos estent, dos medicaciones diarias para la presión y el colesterol. Sabe que por su edad es factor de riesgo, pero tiene que cumplir con sus compromisos: “Yo soy solo. Tengo que manejar mis cosas, tengo que moverme. No es cuestión de quedarme en casa y ya. Llega la fecha de pagar el alquiler y hay que pagarlo”.
Hace doce años que pide monedas en el subte: conoce todos los secretos de la circulación de gente. “Me da la sensación de que hay un poquito menos de gente. Lo que noto también es que los trenes están en un horario que no es el habitual. Es cuestión de adaptarse a los nuevos tiempos. Igual yo ya no vengo tanto: hago lunes, martes, jueves y viernes, nada más. No vengo sábados, domingos, miércoles y feriados. Ya cumplí 80 años. Si tengo que venir es para cubrir los gastos”. Juan, quien prefirió no dar a conocer su historia de vida, dice que ya ganó su “clientela”, gente que se preocupa por él: un contador que le suele dar 500 pesos por mes y una médica que le entregó, esta vez, dos potes de alcohol en gel. Cada media hora, guarda las monedas en su bolsillo, y se limpia las manos.
Seguí leyendo:
Últimas Noticias
Detuvieron al segundo acusado de haber matado a un policía retirado durante un robo en Tres de Febrero
Carlos Demetrio Leiva murió el 13 de enero, luego de que recibiera dos disparos cuando intentaba defenderse de un asalto. A partir de la detención, ya no quedan prófugos por el caso

“Este país me odia”: Agostina Páez habló de sus gestos racistas, dijo que vive paranoica en Brasil y teme ir presa
La abogada argentina conversó con Infobae mientras espera en Río de Janeiro una audiencia clave que definirá si va a juicio o no por injuria racial. Tiene tres denuncias en su contra y la fiscalía pide la pena máxima en cada una, que serían 15 años de cárcel

Ernesto Cherquis Bialo retratado en cinco historias mínimas: el boxeo, la redacción de “El Gráfico” y la ética periodística
Empezó como pasante en 1963 y llegó a ser el director de la mítica revista entre 1982 y 1990. Un compendio de relatos para honrar la memoria de un hombre que hizo escuela en el periodismo argentino. Su relación con grandes personalidades del deporte y anécdotas que pintan su esencia

Susto en Corrientes: encontraron una yarará debajo de un pupitre en una escuela
Las autoridades del establecimiento educativo notificaron del hallazgo. Los bomberos de San Roque acudieron y retiraron al reptil

“El juicio fue una obra colectiva”: a 50 años del golpe de Estado, Arslanián y Gil Lavedra recordaron cómo fue dictar el veredicto más emblemático de la historia argentina
En diálogo con Infobae al Regreso, los exjueces evocaron los momentos decisivos y la carga emotiva del juicio que condenó a los máximos responsables del terrorismo de Estado, a cincuenta años del inicio de la dictadura



