Una flexibilización laboral exige el aporte de empresarios y Estado

Cómo lograr que todos participen de los beneficios de una mayor productividad y de menores costos unitarios de producción

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A la flexibilidad laboral le debe corresponder en contrapartida una flexibilidad empresarial y estatal. Pero antes de desarrollar esto, se impone un repaso del efecto que la flexibilidad laboral puede realmente tener en la economía.

Hay como un mantra sagrado que va pasando de un país a otro y es el referido a la flexibilidad laboral como condición inexcusable y suficiente para mejorar el comportamiento de la economía, algo que aún no ha sido sometido a algún tipo de prueba para saber si es un hecho científico, o si es puramente uno de los numerosos mitos que se ponen de moda cada tanto.

En primer lugar, un país puede tener un sistema comprobado de flexibilidad laboral y no por eso la economía se comportará mejor que de no haberlo tenido, ya que puede redundar solo en mayores beneficios para los accionistas o para los dueños de las empresas. Ninguna flexibilidad laboral agrega demanda a una economía de mediocre rendimiento, y la demanda es la sangre de la vitalidad económica.

Se dice una y otra vez que las reformas laborales aplicadas en Alemania, conocidas como reformas Hartz, fueron claves para que la economía de este país mostrase durante varios años una formidable capacidad competitiva en los mercados mundiales, haciendo de este país la primera potencia económica de Europa.

Este factor fue importante en el portentoso desarrollo de Alemania como una de las tres mayores potencias exportadoras del mundo, pero de ningún modo tuvo el rol clave en lograr esa meta que le asignan los medios empresariales y de comunicación. La clave del poderío exportador germano radica en su alta tasa de ahorro e inversión, en su disciplina macroeconómica, y en poseer un liderazgo tecnológico que viene de muchas décadas, ya que data de inicios del siglo XIX, liderazgo vinculado a la excelencia de sus centros universitarios de investigación, complementados por un alto nivel educativo en general.

Lamentablemente, el Gobierno generó expectativas de un acuerdo de las características de los pactos españoles de la Moncloa pero todo terminó siendo un simulacro.

Pero la flexibilidad laboral que se puede encarar para mejorar la productividad media de una economía no puede ser algo que deba ser aceptado pasivamente por el mundo laboral conforme a dictados unilaterales del mundo empresario, sino que tiene que ser una tarea mancomunada en la que el sector empresarial tendrá que ofrecer su propia flexibilidad para que el emprendimiento sea exitoso y, además, para que el sector laboral también se beneficie con la iniciativa.

Esto está faltando en todas las propuestas de flexibilidad tanto en Argentina como en varios países, ya que incluso un joven líder como Emmanuel Macron en Francia se lanza de lleno a poner en práctica el famoso proyecto que padece del mismo grado de unilateralidad que todos los demás, ignorando que esto conduce a ensanchar aun más la brecha ya amplia entre los ingresos del sector empresarial y del sector asalariado.

¿Qué es la flexibilidad empresarial como contrapartida necesaria de la flexibilidad laboral? Un punto esencial es que los que conducen las empresas tienen que asumir la responsabilidad de transformarse en un complemento necesario en la formación del personal, no según su voluntad, sino en función de compromisos que formen parte de la flexibilidad laboral.

La flexibilidad laboral tiene también que ser acompañada por un compromiso cierto y bien definido de mejoras en los salarios de los trabajadores para que todos participen de los beneficios de una mayor productividad y menores costos unitarios de producción, algo esencial para lograr una sociedad más justa, más equilibrada, más acorde con lo que cada sector aporta al conjunto de la sociedad.

Es algo totalmente extraño, irracional y vergonzoso que se acepte que los empleos transitorios sean un fenómeno imposible de evitar y consecuencia del desarrollo tecnológico, algo que es completamente falso, ya que la estabilidad laboral es un ingrediente psicológico básico para que una empresa sea eficiente, rentable y dinámica, y es una falla grande del Estado y del mundo empresario no querer o no saber integrar la estabilidad laboral, en el proceso de innovación de las tecnologías.

Cada contrato de flexibilidad laboral tendría que tener su contrapartida de flexibilidad empresarial y también de flexibilidad estatal, una trilogía que debe adecuarse a cada sector por sus características diferenciales, pero esa trilogía debe estar presente en cada Acuerdo de Modernización que se firme, y tiene que ser un Contrato con sus correspondientes capítulos de Obligaciones y Derechos, como norma a las que las tres partes tienen que ajustarse de manera inexorable.

A la flexibilidad laboral local le faltan dos columnas vertebrales, si realmente quiere a ser un instrumento de transformación y no un medio encubierto de aumentar las ganancias empresarias.