Desde abajo del puente de la avenida Juan B. Justo, parado sobre avenida Córdoba, un policía de la Ciudad tiene los brazos cruzados y la mirada clavada en un hombre que a unos 6 metros de altura, con medio cuerpo dando al vacío, pincelea dedicadamente con engrudo uno de los lados de la estructura. El equilibrista está pegando un cartel de fondo negro y letras blancas y el agente concentrado en descubrir si se trata de una campaña publicitaria, de algún militante político o de un loco. Dependiendo de cuál de esos sea él va a intervenir o a dejarlo trabajar tranquilo. Decide esperar a que termine para saber qué hacer. "Los obstáculos no son nada excepto nuestros propios pensamientos", dice la frase y el oficial, ahora con más preguntas que antes, pide refuerzos.

Oscar Brahim es taxista desde hace más de 20 años y el responsable de los mensajes que durante muchísimo tiempo aparecieron en lo alto del puente de Córdoba y Juan B. Justo, sobre las vías del San Martín. Frases que sorprendían a miles de personas todos los días camino de la oficina, la facultad, la obra o la escuela y que quisieran o no, les daba algo en lo que quedarse pensando. El último apareció ahí en 2015, después de la asunción de Mauricio Macri y tras 12 años ininterrumpidos de gobierno kirchnerista. "The house is in order", decía.

Ahora hace ya más de un año y medio que el puente está en silencio. El enigmático tachero, que empezó a escribir esas frases en 2002 y que inclusive es el protagonista de un documental que lleva su nombre y se encuentra en YouTube -"Oscar" (2004) de Sergio Morkin-, volvió a reinventarse y a encontrar una nueva forma de "transportar", como él mismo dijo alguna vez, a los que se cruzan con alguno de sus mensajes.

Pero Oscar sigue activo y dejando sus frases en rincones ocultos de la Ciudad, para quienes los sepan encontrar. Cambió los baldes de pintura y el engrudo en el baúl, por vasos de plástico con los que se inventó una nueva forma de comunicación, que le habría robado a un vendedor de café en una esquina.

Sobre el alambrado romboidal que bordea el recorrido de las vías del tren San Martín en los límites de Paternal y Villa Crespo, empezaron a aparecer frases que a primera vista parecen suspendidas en el aire.

La técnica es simple: vasos de plástico blancos que encajados entre los rombos del alambrado, recrean letras que forman frases.

El efecto que logra es surrealista. Oscar va cambiando, probando, corrigiendo, mirando la calle con los ojos del que busca constantemente una pista que lo lleve hacia un lugar nuevo. Collages desconcertantes y provocadores en los '90, ,mensajes en lo alto de un puente en el 2000 y frases flotantes durante el último tiempo. Puede que una nueva obra suya esté ya expuesta en alguna calle de Buenos Aires, quizás todavía no la encontremos, o la veamos todos los días y no nos hayamos dado cuenta.

El arte oculto en la ciudad

Cuando se habla del arte callejero se suele recurrir a la figura de "la ciudad como un lienzo en blanco" y sin embargo la metáfora no podría estar más alejada de la realidad. Ese caos de imágenes ocupado por carteles de marcas de ropa, superpuestos con afiches políticos y el "Menú del Día" de una cadena de comida rápida, fueron el collage que Oscar quiso empezar a intervenir a mediados de los años '90. Llevaba en el baúl del taxi baldes llenos de engrudo casero, pintura y figuras de papel afiche, para actuar cuando fuera necesario.

En la película que lo tiene como protagonista se lo ve trabajar obsesivamente sobre las imágenes de la calle, modificar carteles, resignficar publicidades, contar historias a través de globos de diálogo que va pegando en distintos personajes a lo largo de una avenida. El film también muestra una escena en la que un peatón perplejo al verlo trabajar en una sombra sobre la gigantografía de un alfajor, se para a preguntarle:

-¿Por qué está Perón acá? ¿Por qué le hace la sombra?

-Lo que pasa es que una vez que saliera el producto a la calle los creativos querían el "efecto sorpresa" y me mandaron a que ponga a Perón- miente Oscar.

-¿A Perón?

-Sí, a Perón.

-Qué bien que hace usted la sombra.

Ese ida y vuelta que relata el mismo Brahim y roza el absurdo, deja en evidencia la primera pregunta que les surge a la mayoría de los que se cruzan con alguna de sus obras: "¿Por qué está eso ahí?",  a lo que él pareciera contestarles, "¿Y por qué no?". Oscar no firma lo que hace, regala anónimo su arte y disfruta de estacionar el taxi a mitad de alguna de sus recorridas, para quedarse a ver como en un autocine las reacciones de la gente.

En 1921  José Ortega y Gasset escribió en su "Meditación del marco" sobre la importancia que este tiene para toda obra. "Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre expoliado y desnudo. Su contenido parece derramarse por los cuatro lados del lienzo y deshacerse en la atmósfera", decía el filósofo español, poniendo el foco en un elemento al que lejos de considerar accesorio, le daba la función de contener al arte y separarlo del mundo real. Las obras de Oscar carecen de ese límite y eso es lo que las hace diferentes. Fuera de las galerías, en la calle, anónimas, intentan filtrarse en silencio en medio de nuestra vida cotidiana y nos sorprenden con la guardia baja a mitad de un golpe de vista, en el que vemos eso que no esperábamos.

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