
Durante la noche, las calles que conectan la Capital Federal y el conurbano bonaerense parecen un desierto. Las pocas personas que viajan se agrupan en pequeños círculos para evitar los robos, mientras esperan los buses urbanos que unen los barrios porteños con distintas localidades de la provincia de Buenos Aires.
Quienes viajan mientras todos duermen están expuestos constantemente cuando concurren al trabajo o regresan al hogar. En Capital Federal, pocos taxis y algunos policías circulan por Retiro, Constitución y el viejo Correo Central -ahora Centro Cultural Kirchner-: estos tres son puntos clave para ir de madrugada hasta el sur de Buenos Aires, donde se grabó el video que mostró cómo una banda criminal de cuatro integrantes asalta un colectivo con armas blancas y apuñala a una pasajera.
La violencia para los conductores de los colectivos es cotidiana. Sin embargo, las postales más extremas de descomposición social tienen ya varios años. Por ejemplo, el viernes 1° de febrero de 2014, una sargento de la Policía Bonaerense que se llamaba Bárbara Soledad Prieto -de 28 años- regresaba a su vivienda. Como siempre, la mujer policía viajaba en un colectivo de la empresa La Perlita -interno 214- que atraviesa la Ruta 25, en Moreno. Allí, en esa monótona oscuridad, fue sorprendida por la muerte.

Un ladrón la atacó con un cuchillo y ella murió, ante la mirada de otros pasajeros, testigos ocasionales de un horror cotidiano. El homicida robó el arma reglamentaria de la mujer, que prestaba servicios en la Comisaría 7 de Castelar.
Luego de asesinarla, intentó ocultarse a 200 metros de la ruta. Finalmente, lo capturaron los testigos del crimen.

La violencia para los conductores es tan cotidiana que muchos de ellos guardan sus propias historias sobre la brutalidad de los delincuentes. Carlos Ramírez, chofer de la línea 10 durante una década, dijo a Infobae que en febrero de este año dos ladrones lo atacaron mientras trabajaba y le pusieron un cuchillo en la garganta. "Robaron a los pasajeros. Justo había unos policías. Bajaron del colectivo y hubo tiros. Uno de los ladrones tenía un arma. Tuve que arrancar por la integridad de los pasajeros", contó.
"Después de eso, hay que persignarse y salir a trabajar igual. Otra no nos queda. En la empresa el comentario de cada día es saber a quién le robaron", explicó el conductor. Además, dijo que la parte más peligrosa de su recorrido es en el partido de Avellaneda, puntualmente Dock Sud y Villa Tranquila.

Otro testimonio revelador es el de Ricardo, que hace más de 20 años es conductor y trabaja en la línea 130. Su recorrido termina en el norte del conurbano bonaerense, en la localidad de Boulogne, partido de San Isidro. "No hay mucha seguridad. Todos los días la gente quiere viajar gratis por la fuerza. Los tenés que llevar igual. Es lo que tenemos en Argentina. La violencia es cotidiana", dijo a Infobae.
Aseguró que actualmente hay un grupo de ladrones que opera –durante horas clave- mientras los colectivos de la línea 130 circulan sobre la autopista Panamericana. "Se roban los teléfonos. Tocan timbre y bajan. Lo he vivido", explica. "Cuando hay partidos de fútbol en las canchas de Boca y de River suben en grupos grandes, no pagan y le roban a los pasajeros. Pienso que todo mi recorrido es peligroso", explicó Ricardo.
Casi ningún conductor quiere ser grabado con una cámara, pero sin imágenes no tienen problema en aportar su testimonio. "Avellaneda es tierra de nadie", asegura un trabajador de la línea 93 llamado Carlos, que es chofer hace 24 años. Su recorrido enlaza dos barrios bonaerenses -Munro y Avellaneda- atravesando la Capital. "A un compañero le robaron, con armas. Le sacaron la billetera, el teléfono celular. Cuando salgo a trabajar pienso que puede pasar cualquier cosa, en todos los lugares estamos inseguros", dice.
Y, luego, concluye: "De noche, la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal son lo mismo. La gente viene de todos lados. Tenés que mirar todo".
Robos que terminan en tiros
La escena de una mujer policía que intenta evitar un robo y resulta atacada arriba de un colectivo se repitió el pasado 11 de julio.
A las 7 de la mañana, cuatro delincuentes asaltaron un bus donde viajaba una oficial a la que le robaron su arma reglamentaria. Los ladrones bajaron del colectivo en la avenida Crovara, frente a la villa Puerta de Hierro, en el partido bonaerense de La Matanza.
Los policías localizaron a los sospechosos. Dos de ellos escaparon y lograron esconderse en la villa. Los otros dos solo pudieron huir hasta una cancha de fútbol donde se produjo un intercambio de disparos. Allí, murió baleado uno de los delincuentes, que luego fue identificado por la policía como Sebastián Vizcarra (26 años): ya había estado detenido en los penales de Olmos y de General Alvear.
En primera persona
Así son los robos arriba de los buses en la zona sur del conurbano. El relato es de Carlos Ramírez, conductor de la línea 10:
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