Por qué los cuerpos pueden moverse después de la muerte y qué aporta la ciencia forense para explicarlo

Una investigación con cámaras siguió durante 16 meses un caso y registró variaciones graduales que permiten interpretar alteraciones físicas en restos humanos

Dos personas con batas blancas y guantes azules junto a una mesa metálica donde yace un cuerpo cubierto con una sábana azul bajo una lámpara.
Un seguimiento con cámaras confirmó que los cuerpos humanos registran movimientos físicos durante al menos 16 meses después de la muerte (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Los cuerpos no quedan completamente inmóviles después de la muerte. A medida que avanza la descomposición, algunas partes pueden cambiar de posición de forma paulatina, al punto de que registros técnicos detectaron desplazamientos físicos durante más de un año en restos analizados en el ámbito forense.

Derek Boyd, antropólogo biológico de la Universidad de Nevada en Las Vegas, explicó en declaraciones periodísticas que estos fenómenos resultan casi imperceptibles a simple vista. Lejos de asemejarse a una reacción voluntaria, obedecen a la degradación paulatina de la materia orgánica.

PUBLICIDAD

Una investigación pionera difundida en Forensic Science International: Synergy cuantificó por primera vez este fenómeno mediante dispositivos visuales automáticos instalados en Nueva Gales del Sur, Australia. El relevamiento demostró que las extremidades de un donante llegaron a cambiar de lugar de forma acumulada hasta 51,6 centímetros a lo largo de 16 meses.

Infografía con una silueta humana bajo una cámara e iconos de una etiqueta, una cámara con calendario, una regla, músculos y una lupa.
El antropólogo Derek Boyd explicó que estos desplazamientos cadavéricos son sutiles y responden a la pérdida gradual de propiedades en los tejidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio siguió un solo cuerpo humano y midió los cambios de posición durante la descomposición. Sus resultados no indican que todos los cuerpos se muevan de la misma manera ni con la misma intensidad.

Este principio reviste un impacto determinante en investigaciones periciales, ya que el hallazgo de un brazo o una pierna en un punto divergente de la postura original no prueba por sí mismo que un tercero haya alterado la escena del crimen.

PUBLICIDAD

Dos personas con trajes de protección personal, visores y mascarillas, junto a una camilla con un cuerpo cubierto por una sábana blanca en una morgue
El cambio de postura de una extremidad en una escena forense no demuestra la intervención de terceros sobre los restos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio observó la evolución del cuerpo durante un período prolongado. Las cámaras, programadas para tomar imágenes en intervalos regulares, permitieron seguir cambios demasiado lentos para advertirlos en una visita aislada.

La primera transformación tras el deceso consiste en el rigor mortis o rigidez cadavérica. Esta fase tensa la musculatura al agotarse el adenosín trifosfato celular, lo que fija temporalmente las articulaciones pero no explica los desplazamientos que emergen semanas más tarde.

La rigidez cadavérica y la autólisis celular forman parte de las etapas iniciales del deterioro biológico tras el deceso (Imagen Ilustrativa Infobae)
La rigidez cadavérica y la autólisis celular forman parte de las etapas iniciales del deterioro biológico tras el deceso (Imagen Ilustrativa Infobae)

Poco después sobreviene la autólisis, mecanismo por el cual las enzimas celulares rompen las estructuras internas de los tejidos, proceso que da paso a la putrefacción bacteriana.

Los gases y el secado de los tejidos pueden cambiar la postura

Durante la putrefacción, bacterias y otros microorganismos degradan los tejidos y producen gases. Cuando estos se acumulan, el cuerpo puede hincharse.

Más tarde, al cambiar la presión o liberarse los gases, algunas partes pueden modificar su posición de forma gradual.

Un cuerpo cubierto por una sábana blanca sobre una mesa metálica, con vapor en el ambiente, una cámara en trípode y manómetros en una sala médica.
La acumulación y liberación de gases durante la putrefacción modifica la orientación de las partes del cuerpo (Imagen Ilustrativa Infobae)

En etapas posteriores puede producirse la desecación, que consiste en el secado de los tejidos blandos. Los ligamentos, que unen los huesos entre sí, y los tendones, que conectan los músculos con los huesos, pueden encogerse cuando pierden humedad. Esa contracción puede tirar del esqueleto y cambiar la posición de una extremidad.

La temperatura, la humedad, el contacto con el suelo y la presencia de otros organismos influyen en la velocidad de estos procesos. Por eso, al analizar cambios de posición, también deben considerarse las condiciones del lugar donde se encontraron los restos.

Los animales carroñeros, los insectos, el agua, el viento y los movimientos del suelo también pueden desplazar un cuerpo o partes de él. Distinguir esas causas de los cambios provocados por la descomposición forma parte del análisis forense.

El registro con cámaras aporta una referencia para entender cómo los cambios acumulados durante la descomposición pueden modificar la postura de un cuerpo. El estado de los tejidos y las condiciones del entorno ayudan a reconstruir cómo llegó a la posición en la que fue hallado.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD