
Sustituir el 10% de los alimentos ultraprocesados por opciones mínimamente procesadas se asoció con una reducción del 2% en la incidencia de cáncer de intestino entre más de 460.000 adultos de Estados Unidos, según un análisis de Erikka Loftfield, líder de grupo en el QIMR Berghofer, publicado en The Conversation. El resultado no implica que todos los ultraprocesados tengan el mismo efecto: la composición nutricional y el tipo de producto modificaron la asociación con la enfermedad.
Los participantes del estudio fueron seguidos durante más de 20 años y se diagnosticaron más de 10.000 casos de cáncer de intestino. La investigación no encontró una relación entre el consumo total de ultraprocesados y la incidencia del tumor.
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El trabajo incluyó a adultos de entre 50 y 71 años que no tenían cáncer al incorporarse, entre los años 1995 y 1996, al NIH-AARP Diet and Health Study, una investigación de largo plazo en Estados Unidos que relevó condiciones de salud, hábitos de vida, tabaquismo, actividad física y alimentación.
Los productos ultraprocesados con asociaciones opuestas
Los ultraprocesados abarcan productos como galletitas industriales, fideos instantáneos, bebidas azucaradas, carnes procesadas y papas fritas. La categoría también puede incluir refrescos, refrigerios envasados, panes elaborados a gran escala, yogures de fruta, salchichas y comidas listas para consumir.

La clasificación Nova divide los alimentos y las bebidas en cuatro grupos de acuerdo con la naturaleza, la magnitud y el propósito de su procesamiento industrial:
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- El primer grupo reúne alimentos sin procesar o mínimamente procesados, como frutas y verduras frescas, semillas, huevos, leche y carne no procesada, entre ella el bistec.
- El segundo grupo contiene ingredientes culinarios procesados, como aceites, manteca y azúcar.
- El tercero incluye productos elaborados al combinar elementos de los dos grupos anteriores, como verduras conservadas en salmuera, fruta entera en almíbar, panes caseros y carnes curadas.
- El cuarto grupo corresponde a productos elaborados con ingredientes, como emulsionantes sintéticos, o técnicas que no están disponibles para quienes cocinan en sus hogares, como la extrusión. La clasificación ubica allí a los alimentos ultraprocesados.
Al analizar por separado los distintos tipos de ultraprocesados, el estudio encontró que el mayor consumo de productos cárnicos reconstituidos, como las salchichas, se vinculó con una mayor incidencia de cáncer de intestino. En cambio, los postres congelados y productos lácteos como los yogures de fruta se asociaron con una menor incidencia.
Los cereales de desayuno y el pan también se relacionaron con menos casos. A su vez, los aportes de cereales integrales, fibra, lácteos y calcio procedentes de alimentos ultraprocesados mostraron una asociación con menor incidencia de la enfermedad.

El alcance y los límites de la investigación
Los investigadores calcularon la ingesta diaria habitual de ultraprocesados a partir de la frecuencia y las porciones declaradas por cada participante. Aunque el cuestionario alimentario no había sido diseñado para medir el grado de procesamiento, una parte de los participantes aportó información detallada sobre todo lo que consumía y permitió contrastar las estimaciones. La comparación mostró que los cálculos del cuestionario coincidían estrechamente con esos registros más detallados.
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Para el análisis se tuvieron en cuenta factores demográficos, de salud y de estilo de vida, entre ellos la actividad física, el tabaquismo y el consumo de alcohol. La investigación también evaluó por separado los aportes de lácteos, cereales integrales y carne según provinieran de fuentes ultraprocesadas o no ultraprocesadas. El reemplazo parcial de ultraprocesados por alimentos mínimamente procesados se calculó por peso equivalente.
Los resultados coinciden con las recomendaciones dietarias para prevenir el cáncer de intestino: priorizar frutas, verduras, cereales integrales y otros alimentos ricos en fibra; limitar la carne roja y procesada, incluidas las salchichas y carnes curadas; y reducir el consumo de alcohol.
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Aun así, la asociación observada no permite establecer una relación de causa y efecto, ya que se trata de un estudio basado en cuestionarios y relaciones estadísticas. Estudios previos habían ofrecido resultados dispares: algunos asociaron una mayor ingesta de ultraprocesados con más casos de cáncer de intestino, mientras otros no detectaron esa relación.
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