
Tomar antibióticos puede alterar de forma profunda las bacterias que habitan el intestino. Un estudio con pacientes sometidos a trasplantes de células madre plantea que reducir los dulces durante el tratamiento antibiótico podría atenuar el daño a la microbiota intestinal, aunque sus autores advierten que aún no hay base suficiente para trasladar esa recomendación a todas las personas.
La investigación, publicada en Nature, siguió durante cinco años a 173 pacientes hospitalizados con cáncer de sangre en Estados Unidos para observar cómo la dieta se relacionaba con los cambios en la composición bacteriana del intestino durante la exposición a estos fármacos.
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El efecto de los antibióticos sobre la microbiota intestinal

Los antibióticos son esenciales para prevenir y tratar infecciones bacterianas, en especial en personas con el sistema inmunitario debilitado. Sin embargo, su acción no se limita a los microorganismos que causan enfermedad: también puede reducir poblaciones de bacterias beneficiosas que forman parte de la microbiota intestinal.
Esa pérdida de equilibrio, conocida como disbiosis, puede favorecer molestias digestivas como diarrea y dolor abdominal. En pacientes que reciben quimioterapia intensiva y un trasplante de células madre, el impacto puede ser más relevante por su elevada vulnerabilidad a las infecciones.
El estudio fue dirigido por investigadores de City of Hope, sistema hospitalario y centro de investigación oncológica de Los Ángeles. Marcel van den Brink, presidente de la institución y coautor principal, señaló que los antibióticos disminuyen la diversidad de bacterias intestinales vinculadas con la respuesta inmunitaria y la salud general.
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Diseño del estudio: cinco años, 173 pacientes y 9.419 comidas

El trabajo siguió durante cinco años a pacientes ingresados para recibir un trasplante de células hematopoyéticas. Antes del procedimiento, los participantes atravesaban tratamientos destinados a eliminar su sistema inmunitario, como quimioterapia intensiva y, en algunos casos, radioterapia.
Todos recibieron al menos un antibiótico durante su internación para prevenir o combatir infecciones. El 80 % fue tratado con uno o más antibióticos de amplio espectro, capaces de actuar contra una amplia variedad de bacterias y de producir alteraciones más marcadas en la microbiota.
Los investigadores reunieron información de 9.419 comidas consumidas por 173 pacientes. Además, estudiaron muestras de materia fecal de 158 de ellos, lo que permitió comparar la alimentación con las modificaciones posteriores de sus comunidades bacterianas.
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La metodología se apoyó en cuestionarios que acompañaban cada bandeja de comida. Los pacientes anotaban qué alimentos y bebidas habían consumido y en qué cantidad. Así, el equipo registró más de 40.000 productos alimenticios en tiempo real.
La combinación de azúcares y antibióticos de amplio espectro

El análisis identificó una asociación sostenida entre la ingesta de dulces o alimentos con azúcares simples y una mayor pérdida de diversidad bacteriana cuando los pacientes tomaban antibióticos. Los participantes con mayor consumo de estos productos presentaron un deterioro más pronunciado de la microbiota intestinal.
Según los autores, la combinación con medicamentos de amplio espectro intensificó ese efecto. Por cada 100 gramos adicionales de dulces, la diversidad bacteriana se redujo un 24%, de acuerdo con los resultados informados en el estudio.
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Van den Brink explicó que, tras distintos análisis de los datos, el patrón se mantenía: quienes consumían más dulces tendían a perder una porción mayor de sus bacterias intestinales, mientras determinados microorganismos potencialmente dañinos ganaban espacio.
La diversidad es uno de los indicadores utilizados para evaluar la salud del ecosistema intestinal. Una comunidad bacteriana menos diversa puede resultar menos resistente frente a la expansión de especies asociadas con complicaciones clínicas.
El avance de Enterococcus, una bacteria asociada a complicaciones

Uno de los microorganismos que aumentó con más frecuencia fue Enterococcus, una bacteria que puede vivir en el intestino sin causar problemas, pero que bajo ciertas condiciones puede proliferar de forma excesiva y convertirse en un patobionte.
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En pacientes sometidos a trasplantes de células madre, una abundancia elevada de Enterococcus se relaciona con infecciones del torrente sanguíneo y otras complicaciones graves. El estudio no establece que el azúcar provoque esos desenlaces, pero sí vincula su consumo durante la antibioterapia con un entorno más favorable para la expansión de la bacteria.
Los investigadores remarcaron que estos resultados corresponden a una población con cáncer de sangre, hospitalizada y expuesta a tratamientos de alta complejidad. Por eso, sus conclusiones no pueden trasladarse de manera directa a cualquier persona que reciba antibióticos.
Los experimentos en ratones reforzaron la hipótesis

Para examinar el mecanismo observado en los pacientes, el equipo realizó pruebas con ratones sanos. Los animales tratados con antibióticos y alimentados con una dieta enriquecida con sacarosa desarrollaron una expansión mayor y más prolongada de Enterococcus en el intestino.
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En cambio, los roedores que consumieron azúcares sin recibir antibióticos mantuvieron una diversidad bacteriana normal. El resultado sugiere que la alteración no dependería solo de la dieta, sino de su interacción con los medicamentos.
La sacarosa aumentó y prolongó el crecimiento de Enterococcus inducido por antibióticos en los animales, según el trabajo. Los autores consideran que esta coincidencia entre los datos humanos y los experimentos en ratones justifica avanzar hacia ensayos clínicos específicos.
Por qué los resultados no implican que todas las personas deban eliminar el azúcar

El estudio aporta una asociación, pero no permite concluir que todas las personas bajo tratamiento antibiótico deban evitar por completo el azúcar. La cohorte estaba integrada por pacientes con cáncer de sangre que atravesaban trasplantes y largas hospitalizaciones, un contexto muy distinto al de la mayoría de los tratamientos ambulatorios.
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Además, la parte realizada en humanos fue observacional. Aunque el diseño permitió registrar la dieta con un nivel de detalle poco habitual, serán necesarios estudios en otros grupos de pacientes y ensayos clínicos que evalúen intervenciones alimentarias concretas.
Van den Brink sostuvo que aún es pronto para recomendar de forma general que toda persona tratada con antibióticos elimine los dulces. Limitar el consumo de azúcares simples puede ser una medida razonable dentro de una alimentación equilibrada, pero cualquier modificación relevante de la dieta debe considerar el estado de salud y la indicación de profesionales.
Qué podría cambiar en los hospitales y tratamientos de alta complejidad

Los hallazgos abren una discusión sobre la alimentación ofrecida durante las internaciones. Productos utilizados con frecuencia para reforzar el aporte calórico, como batidos nutricionales, licuados y bebidas deportivas, pueden tener un contenido elevado de azúcar.
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En pacientes que reciben antibióticos de amplio espectro, los hospitales podrían evaluar si existen alternativas nutricionales que ayuden a limitar la alteración del microbioma sin comprometer las necesidades energéticas. Esa posibilidad requiere estudios que comparen estrategias dietarias y sus consecuencias clínicas.
El próximo paso será comprobar si reducir los azúcares simples durante la antibioterapia preserva la diversidad bacteriana y mejora los resultados de salud en poblaciones distintas. Los autores del estudio plantean que nuevas cohortes independientes permitirán determinar hasta qué punto sus hallazgos pueden generalizarse.
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