
La imagen de una serpiente moviendo rápidamente la lengua resulta tan frecuente como intrigante. No lo hacen para atacar ni como señal de amenaza, sino para explorar el mundo que las rodea a través del olfato y del órgano de Jacobson.
Según National Geographic, este comportamiento consiste en recoger diminutas partículas químicas del aire o del suelo cada vez que la lengua es extendida. Al reintroducirla en la boca, la serpiente deposita estas muestras en un órgano especializado conocido como órgano de Jacobson o vomeronasal, que analiza las moléculas capturadas y transmite la información directamente al cerebro.
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Un estudio profundiza en la base anatómica y fisiológica de este proceso. De acuerdo con sus hallazgos, la lengua de las serpientes ha evolucionado como un órgano especializado en la recolección de partículas químicas, utilizando un mecanismo hidrostático que permite movimientos rápidos y precisos.

Esta estructura muscular avanzada optimiza la captación y transferencia de información química, confirmando que la función principal de la lengua está orientada a la quimiorrecepción y no a la alimentación ni a la defensa.
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Las serpientes sacan la lengua para captar información química de su entorno, procesarla a través del órgano de Jacobson y así detectar presas, depredadores o parejas, orientándose incluso en ausencia de luz.
Cómo funciona el órgano de Jacobson
Cada vez que una serpiente extiende la lengua, recoge diminutas partículas químicas presentes en el aire o en el suelo. Al retraer la lengua, estas partículas quedan depositadas en el fondo de la cavidad bucal, en estrecho contacto con el órgano de Jacobson, una estructura sensorial ubicada en el paladar. Este órgano está compuesto por dos cámaras, que reciben directamente las muestras químicas transportadas por la lengua.
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El órgano de Jacobson actúa como un sistema de análisis químico sensible. Cuando las moléculas recogidas entran en contacto con la superficie interna del órgano, se activa una red de receptores sensoriales que transforman la información química en señales nerviosas. Estas señales se transmiten de inmediato al cerebro, permitiendo que la serpiente obtenga una imagen detallada de los componentes químicos presentes en su entorno.
Este proceso posibilita que, en cada movimiento de la lengua, la serpiente realice un muestreo ambiental. El intercambio entre la lengua y el órgano de Jacobson ocurre en cuestión de milisegundos y garantiza una respuesta sensorial rápida ante cualquier cambio en el ambiente.
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La coordinación entre la estructura muscular de la lengua y la función sensorial del órgano permite que, incluso en condiciones de baja visibilidad, la serpiente pueda obtener información suficiente para orientarse y tomar decisiones inmediatas.

Para qué usan las serpientes este sistema
Este sistema de captación química permite a la serpiente identificar señales para su supervivencia. Puede localizar posibles presas siguiendo rastros químicos imperceptibles para otros animales, lo que le otorga ventaja en la caza, incluso en ambientes oscuros o con vegetación densa.
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La detección de sustancias químicas en el ambiente también le permite advertir la presencia de depredadores y modificar su comportamiento para evitar el peligro.
El órgano de Jacobson y el movimiento de la lengua intervienen en la búsqueda de alimento, la evasión de amenazas y son esenciales en la época de reproducción. La serpiente puede identificar feromonas liberadas por potenciales parejas, lo que facilita la localización y el reconocimiento de individuos de la misma especie. Esta sensibilidad química contribuye al éxito reproductivo y refuerza la función adaptativa de todo el sistema.
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Por qué la lengua es bífida
La lengua de las serpientes está dividida en dos puntas, y cada una recoge partículas de lugares ligeramente distintos. Al comparar la información química de ambas, este reptil logra determinar la dirección de la fuente del olor, un mecanismo que puede considerarse un “olfato en estéreo”.
Este diseño permite detectar gradientes de concentración química en el ambiente. Si una punta de la lengua percibe una mayor cantidad de moléculas que la otra, el animal puede ajustar su desplazamiento hacia ese lado, perfeccionando la persecución de un rastro o la localización de una pareja.
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La lengua bífida, sumada al órgano de Jacobson, otorga a las serpientes una capacidad de orientación espacial mayor que la de otros vertebrados con sistemas olfativos menos especializados.
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