
Cada vez que una persona con VIH interrumpe su tratamiento, el virus regresa rápidamente y la infección vuelve a avanzar. La razón es que el VIH nunca desaparece del cuerpo: se esconde en lugares llamados “reservorios”. Es decir, aunque los medicamentos pueden reducir al mínimo el virus en la sangre, siempre queda una pequeña parte oculta dentro de ciertas células, y desde ahí puede volver a multiplicarse.
Durante años, la ciencia creyó que el principal reservorio del VIH eran las células T CD4+. Estas células forman parte del sistema inmunitario y el virus las infecta desde el inicio. Técnicamente, se pensaba que el virus solo podía esconderse de manera duradera en estas células, que funcionan como “oficinas centrales” de las defensas del cuerpo. En otras palabras, los especialistas suponían que el VIH solo podía quedarse dormido en ese tipo específico de célula.
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Un nuevo estudio publicado en Science Translational Medicine muestra que el VIH puede permanecer oculto en más tipos de células de lo que se pensaba. Los investigadores descubrieron que el virus puede hacer que las células T CD4+ infectadas cambien y se conviertan en células que parecen T CD8+. Esto significa que el virus logra “disfrazar” las células donde se esconde, cambiando su aspecto y su función para pasar inadvertido.

¿Qué son las células T CD4+ y CD8+?
Las células T CD4+ y CD8+ son dos tipos de linfocitos, es decir, células del sistema inmunitario que ayudan a proteger el cuerpo de infecciones. Las CD4+ coordinan la respuesta inmune, como si fueran los directores de una orquesta. Las CD8+, en cambio, suelen atacar y eliminar células infectadas. En otras palabras, las CD4+ son como “jefes” y las CD8+ como “soldados” del sistema inmunitario.
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Lo que encontraron los científicos es que, bajo la influencia del VIH, algunas células CD4+ infectadas pierden su “identidad” y adquieren características de las CD8+. Entonces, el virus logra transformar a los “jefes” en “soldados”, pero manteniendo su material genético escondido en esas nuevas células.
¿Cómo se produce esa transformación?
El estudio, dirigido por el doctor Kai Deng de la Universidad Sun Yat-sen en China, detalla que el virus utiliza proteínas propias llamadas Nef y Vpr para alterar las células infectadas. Nef elimina los marcadores CD4 de la superficie de las células, mientras que Vpr causa que aparezcan marcadores CD8. En este caso, el VIH borra las señales que identifican a las células como CD4+ y les añade señales de CD8+, logrando un verdadero “cambio de disfraz”.
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Los investigadores analizaron muestras de sangre de 80 personas con VIH controlado por tratamiento y de otras seis en fase aguda sin medicación. Hallaron material genético del virus tanto en células CD4+ como en células con aspecto de CD8+. Esto significa que el VIH no solo se esconde en las células que siempre se creía, sino que también puede estar oculto en células que antes no se consideraban reservorios.
Además, en algunos casos, el virus estaba integrado en el mismo lugar del ADN en ambos tipos de células, lo que indica que realmente hubo un cambio de identidad. En otras palabras, el virus no solo se oculta, sino que logra “mudarse” de una célula a otra transformándola desde adentro.
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¿Por qué es importante este descubrimiento?
Hasta ahora, las estrategias para curar el VIH intentaban eliminar el virus de las células T CD4+ y de los macrófagos (otro tipo de célula inmune). La aparición de estas nuevas células T “disfrazadas”, llamadas iCD8, significa que los tratamientos actuales podrían estar dejando escondites sin atacar.

El doctor Louis Picker, de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, consultado por JAMA Network, advirtió que todavía no se sabe cuán común o importante es este nuevo tipo de reservorio en la vida real, ya que muchos experimentos se hicieron en laboratorio. En otras palabras, aunque la transformación se vio en muestras y pruebas científicas, aún falta comprobar si estas células “disfrazadas” tienen un papel grande en el cuerpo de las personas con VIH.
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Una de las principales dificultades que señalaron los autores es que aún no existen herramientas para identificar exactamente estas nuevas células iCD8. Esto quiere decir que, por ahora, los científicos no pueden distinguir de manera segura estas células “disfrazadas” de las CD8+ normales, lo que dificulta desarrollar terapias para eliminarlas.
La inmunóloga Robin Orozco, citada en Science Translational Medicine, dijo que “cualquier estrategia para erradicar el VIH ahora deberá tener en cuenta este reservorio ampliado”. En otras palabras, los tratamientos tendrán que atacar un rango más amplio de escondites si se quiere alcanzar la cura.
Según JAMA, en 2024 murieron alrededor de 630.000 personas por causas relacionadas con el VIH y más de 40 millones viven con el virus. La Sociedad Internacional del SIDA sostiene que encontrar una cura podría cambiar radicalmente la calidad de vida de millones de personas y reducir el estigma.
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Este nuevo descubrimiento obliga a la ciencia a replantear sus estrategias y a seguir buscando cómo desenmascarar todos los escondites del VIH en el cuerpo humano.
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