
Un ensayo piloto en adultos mayores de 65 años relacionó la espermidina —un compuesto natural— con mejoras en varios indicadores de respuesta frente a la COVID-19 en personas con baja protección tras la vacunación, según informó la Universidad de Oxford y de acuerdo con el estudio publicado en Aging Cell.
La espermidina es una molécula que se produce de forma natural en las células. También está presente en alimentos como el germen de trigo, los champiñones y algunos quesos. Estudios previos sugirieron que puede favorecer procesos de mantenimiento celular que disminuyen con la edad.
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El trabajo concluyó que la suplementación diaria del compuesto fue segura y que su posible beneficio se concentró en participantes con una respuesta vacunal muy débil después de tres dosis de vacunas con plataforma de ARN mensajero. Según Aging Cell, ese grupo registró aumentos de anticuerpos frente a SARS-CoV-2, mejor desempeño de células B de memoria y mayor capacidad neutralizante frente a distintas variantes virales.

La Universidad de Oxford indicó que cerca del 25% de los participantes presentaba niveles de anticuerpos muy bajos pese a vacunaciones repetidas. El artículo científico precisó que, entre los 20 asignados a espermidina, ocho eran “no respondedores” antes de iniciar el tratamiento, es decir, personas que casi no desarrollaron defensas medibles tras las dosis recibidas.
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En ese subgrupo, Aging Cell describió mejoras en varias medidas de inmunidad asociada a la vacuna. La Universidad de Oxford señaló que la suplementación se vinculó con un avance sustancial de esos indicadores en quienes mantenían una protección débil después de la vacunación.
Un problema mayor: el impacto de la edad en el sistema inmunitario
La profesora asociada Ghada Alsaleh, investigadora de Nuffield Department of Orthopaedics, Rheumatology and Musculoskeletal Sciences (NDORMS) en la Universidad de Oxford, afirmó en un comunicado: “Muchos adultos mayores responden bien a las vacunas, pero algunos no desarrollan una protección fuerte incluso después de vacunaciones repetidas”.
Alsaleh agregó en ese comunicado: “Nuestro estudio sugiere que el envejecimiento biológico de las células inmunitarias puede ser una de las razones de que esto ocurra y que la espermidina podría ayudar a restaurar aspectos de la función inmunitaria en este grupo”.
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La universidad ubicó el hallazgo dentro de un problema más amplio. Con el paso de los años, el sistema inmunitario pierde eficiencia, lo que reduce la protección frente a infecciones y vacunas. Durante la pandemia, más del 92% de las muertes relacionadas con la COVID se registró en personas mayores de 60 años, de acuerdo con la Universidad de Oxford.
Cómo se hizo el ensayo y qué mostró sobre seguridad
El ensayo fue doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo, de acuerdo con la Universidad de Oxford y Aging Cell. En términos simples, “doble ciego” significa que ni los participantes ni el equipo sabían quién recibía el suplemento y quién el placebo; “aleatorizado” indica que la asignación se hizo al azar; y “placebo” es una sustancia sin efecto esperado que se usa para comparar resultados.
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El estudio incluyó a 40 adultos sanos mayores de 65 años que ya habían recibido tres dosis de vacuna contra la COVID-19. El artículo científico detalló que 20 participantes recibieron 6 mg diarios de espermidina por vía oral y otros 20, placebo. En varios análisis, el grupo placebo quedó con 18 personas.

La suplementación duró 13 semanas y comenzó unas cuatro semanas después de la tercera dosis para observar la memoria inmunitaria adaptativa, según Aging Cell. La Universidad de Oxford informó que el suplemento fue seguro y bien tolerado.
El estudio detalló que no hubo efectos adversos ni reacciones adversas asociadas al tratamiento. También indicó que los perfiles hematológicos y bioquímicos no mostraron diferencias relevantes entre grupos en las primeras mediciones.
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El trabajo describió además las características de la muestra: todos los participantes analizados eran británicos blancos, la edad media rondó los 71 años y ninguno recibía inmunosupresión.
La investigación advirtió una dificultad metodológica para interpretar la eficacia. El grupo asignado a espermidina concentró ocho no respondedores de 20, frente a dos de 18 en el grupo placebo, lo que complicó la comparación directa entre ambos grupos desde el inicio.
Qué cambios detectó el estudio en el sistema inmunitario
La hipótesis del equipo se apoyó en la inmunosenescencia, es decir, el deterioro gradual del sistema inmunitario asociado a la edad. Según la Universidad de Oxford, la espermidina pareció reducir algunas señales de ese envejecimiento celular y activar la autofagia, un proceso natural mediante el cual las células eliminan o reciclan componentes dañados.
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En los participantes que casi no habían respondido a la vacuna, Aging Cell detectó señales biológicas compatibles con mayor envejecimiento celular y daño en el ADN antes de iniciar la suplementación. Esos cambios aparecían en linfocitos, un tipo de célula inmunitaria.

Tras dos semanas de tratamiento, esos marcadores disminuyeron en los no respondedores que recibieron espermidina. El descenso se mantuvo a las 13 semanas y continuó visible hasta la semana 37, incluso después de un periodo sin suplementación.
Los cambios más claros se observaron en células B, que participan en la producción de anticuerpos y en la memoria inmunitaria. En cambio, las pruebas sobre células T no mostraron diferencias apreciables. Esto sugiere que el efecto observado se concentró principalmente en una parte específica de la respuesta defensiva.
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Los autores también plantearon que estos marcadores de envejecimiento inmunitario podrían ayudar a identificar a personas con mayor riesgo de responder mal a una vacuna. Alsaleh lo resumió en el comunicado de la Universidad de Oxford: “Nuestros hallazgos podrían utilizarse para identificar a personas con riesgo de respuestas vacunales deficientes”.
Las limitaciones del estudio y lo que falta comprobar
Pese al interés de los resultados, los autores aclararon que se trató de un estudio preliminar con una muestra reducida. Katja Simon, profesora de la Universidad de Oxford, explicó en el comunicado que el trabajo fue concebido como una prueba inicial con un número limitado de participantes.
El artículo en Aging Cell también señaló que la muestra no fue pensada para demostrar eficacia de manera definitiva y que los análisis inmunológicos deben considerarse exploratorios.
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Entre las limitaciones, los investigadores mencionaron la variedad de vacunas recibidas por los participantes y las diferencias en el tiempo transcurrido entre la tercera dosis y el inicio del suplemento. A eso se sumó que no controlaron la cantidad de espermidina incorporada a través de la alimentación.
El seguimiento biológico, además, se limitó a muestras de sangre, por lo que no permitió examinar otros tejidos que podrían influir en la respuesta a la vacunación.
Por eso, los próximos ensayos deberán incluir grupos más amplios, equilibrar mejor desde el inicio a respondedores y no respondedores, y evaluar si aparece una señal similar con otras vacunas usadas en personas mayores, como la de la gripe estacional.
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