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Trastornos de conducta alimentaria: advierten por los riesgos del uso indebido de inyecciones para adelgazar

Una encuesta a 436 adultos en Estados Unidos, publicada en JAMA Psychiatry, estimó que el 32% probó estos fármacos para perder peso y el 10% reportó patrones de uso indebido. Los detalles

Primer plano de una mano sujetando un bolígrafo de inyección azul insertado en el abdomen de una mujer con camiseta amarilla.
El 32% de las personas con trastornos alimentarios en EE.UU. declaró haber usado agonistas GLP-1, medicamentos como la semaglutida, no solo con fines médicos, sino en formas consideradas “mal uso" (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un nuevo estudio identificó que el 32% de las personas con trastornos alimentarios en Estados Unidos usaron agonistas del receptor GLP-1 —medicamentos como semaglutida u otros fármacos pensados para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad—no solo con fines médicos, sino también en formas que constituyen un “mal uso” para perpetuar conductas de restricción rápida y bajada de peso. La cifra duplica el porcentaje observado en la población general adulta y revela además un fenómeno creciente: la obtención de versiones compuestas ilegales de estos fármacos.

El informe, publicado en JAMA Psychiatry por un equipo del University of Louisville, marca la primera estimación rigurosa de la magnitud de esta práctica en una cohorte de pacientes con diagnóstico de anorexia nerviosa, bulimia, trastorno por atracón y otras variantes.

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La expansión de los GLP-1 y el riesgo entre pacientes vulnerables

Los agonistas de GLP-1 (como semaglutida, tirzepatida, dulaglutida, liraglutida y exenatida) han irrumpido en la industria farmacéutica como soluciones posible para el control glucémico y la reducción de peso, con indicaciones oficiales para diabetes tipo 2 y obesidad. Hace poco, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos ha ampliado su uso avalando su eficacia en enfermedades como insuficiencia renal crónica y apnea del sueño grave.

La cifra de uso de GLP-1 en personas con trastornos alimentarios duplica la observada en la población general adulta, según un estudio publicado en JAMA Psychiatry (Freepik)
La cifra de uso de GLP-1 en personas con trastornos alimentarios duplica la observada en la población general adulta, según un estudio publicado en JAMA Psychiatry (Freepik)

Sin embargo, el estudio señala una tendencia preocupante: no existe ninguna aprobación para el uso de estos medicamentos en trastornos alimentarios, ni siquiera para subtipos con alto riesgo cardiometabólico como el trastorno por atracón o la anorexia atípica.

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De acuerdo con el análisis, la presencia de estos fármacos en el entorno de personas con trastornos alimentarios se traduce en un “entorno dinámico de riesgo”, propiciado por el fácil acceso a presentaciones compuestas, de calidad desconocida y fuera de control regulatorio, incrementado por la escasez registrada en el mercado farmacéutico regular.

Quiénes participaron y qué hallaron

Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, los investigadores reclutaron a 436 personas adultas diagnosticadas con un trastorno alimentario en Estados Unidos a través de redes nacionales y plataformas de reclutamiento online. Se trató de un análisis transversal intermedio integrado a un proyecto longitudinal más amplio.

La muestra, con una edad promedio de 34 años y predominancia femenina (94% identificadas como mujeres), incluyó participantes con perfiles clínicos diversos: desde anorexia nerviosa (27%) y bulimia (7%), hasta anorexia atípica, trastorno por atracón y cuadros en remisión. Más del 70% reportó antecedentes de trastornos del ánimo y el 88% ansiedad, reflejando la elevada carga de comorbilidades psiquiátricas en este colectivo.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El 10% de los encuestados admitió prácticas de mal uso, como dosis alteradas, consumo sin receta, manipulación del dispositivo o compartir el medicamento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El resultado central fue que 140 personas (32,1%) declararon haber usado alguna vez un agonista GLP-1 y, de ese grupo, 96 (22%) reportaron uso actual. El “mal uso”—definido como consumir dosis superiores o inferiores a las prescritas, emplearlo sin indicación médica, manipular el equipo de inyección o compartirlo—se constató en 44 casos (10,1%).

El uso de fórmulas compuestas (no comerciales), en ocasiones ilícitas o de procedencia dudosa, alcanzó también al 9,9% de los encuestados.

Entre quienes emplearon agonistas de GLP-1, los eventos adversos fueron notables: el 81% sufrió pérdida de apetito de forma significativa, mientras que las náuseas (66%), trastornos gastrointestinales (56%), dolor estomacal (32%) y cefaleas (22%) formaron parte de la constelación de síntomas referidos. Según los autores, “las comorbilidades psiquiátricas y médicas son muy frecuentes en esta población”, lo que multiplica los riesgos de un uso sin supervisión.

En palabras del artículo, “la farmacovigilancia de los GLP-1 es urgentemente necesaria”, ya que el mercado comercial se desplaza ahora hacia versiones orales y agonistas duales o triples, aumentando el área de exposición.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Entre quienes emplearon estos fármacos, el 81% reportó pérdida significativa de apetito y el 66% sufrió náuseas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores admiten que, al tratarse de un estudio transversal con muestreo no probabilístico y autoreporte, los porcentajes podrían variar en estudios representativos a escala nacional. No obstante, es la primera vez que se cuantifica el fenómeno de forma directa en el colectivo de trastornos alimentarios.

El equipo adelantó que nuevas etapas del estudio profundizarán no solo en la frecuencia del uso, sino en los patrones de mal uso, fuentes de obtención, motivos de consumo fuera de indicación y exposiciones publicitarias.

El estudio estuvo dirigido por Nicholas C. Peiper y un equipo interdisciplinar de epidemiología, psiquiatría y salud conductual. Peiper resumió la inquietud central: “Estamos observando que los agonistas de GLP-1 pueden estar siendo consumidos por personas con trastornos alimentarios para mantener conductas patológicas de restricción y pérdida rápida de peso”.

Ninguna agencia federal ni la propia University of Louisville participó en el diseño, ejecución ni análisis de los datos, y los autores declararon apoyo financiero independiente de la industria farmacéutica principal.

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