
La circulación sanguínea suele ocupar un lugar secundario entre los indicadores de salud cotidiana. Sin embargo, mantener un buen flujo en la sangre ayuda a prevenir enfermedades graves como infartos, accidentes cerebrovasculares y amputaciones. Especialistas en medicina cardiovascular y cirugía vascular detallan cuáles son los hábitos diarios más efectivos para proteger el sistema circulatorio y el corazón.
Según el cardiólogo del hospital escuela Deborah Heart and Lung Center de Nueva Jersey, Vincent Varghese, “cuando se acumula placa o se producen obstrucciones arteriales, el flujo sanguíneo se ve dificultado y pueden presentarse consecuencias devastadoras”, mencionó en declaraciones citadas por la revista estadounidense especializada en salud Prevention.
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En paralelo, la doctora cirujana vascular y profesora asociada en el hospital Johns Hopkins Hospital, en Baltimore, Maryland, Caitlin W. Hicks, explicó que los síntomas más frecuentes de mala circulación suelen manifestarse en las piernas, como dolor en glúteos o pantorrillas al caminar, conocido como claudicación, que cede con el reposo.
Entre las primeras recomendaciones, los médicos mencionaron caminar con regularidad, ya que la contracción de los músculos de la pantorrilla impulsa la sangre venosa hacia el corazón y favorece el ensanchamiento arterial.
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En ese sentido, se recomienda caminar al menos 30 minutos tres veces por semana. Para quienes prefieren otras actividades, proponen realizar 20 minutos de ejercicio cardiovascular intenso entre cuatro y cinco veces por semana, bajo control.
Alimentación, hidratación y descanso como aliados del sistema circulatorio

El cuidado de la circulación no solo depende de la actividad física. Tomar descansos frecuentes durante la jornada laboral contribuye a alternar entre estar sentado, de pie y en movimiento, lo que disminuye la presión sobre el sistema vascular.
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Según el artículo publicado, permanecer largo tiempo sentado puede ralentizar el flujo sanguíneo, causar acumulación de sangre y provocar dolor o fatiga muscular.
Estirarse cada 15 o 20 minutos y levantarse cada hora ayuda a mantener una buena circulación y a reducir el estrés, un factor que influye en la aparición de hábitos perjudiciales como fumar o comer en exceso.
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De acuerdo con los profesionales, la alimentación representa otro pilar fundamental. Una dieta rica en frutas y verduras aporta nitratos y compuestos que el organismo transforma en óxido nítrico, el cual relaja los vasos sanguíneos y mejora el flujo sanguíneo.
Entre los alimentos recomendados se cuentan las verduras de hoja verde, remolacha, zanahoria, brócoli, cítricos, sandía y granada. Reducir el consumo de azúcar y grasas también es importante.
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La hidratación es clave, ya que la sangre está compuesta aproximadamente por 50% de agua. Cuando el cuerpo se deshidrata, la cantidad de sangre disminuye y la concentración de sodio aumenta, lo que dificulta la circulación.
Otras estrategias preventivas y la importancia de la consulta médica

Según los médicos, entre los hábitos que más afectan la circulación destaca el tabaquismo. Fumar promueve la acumulación de placa en las arterias y puede derivar en enfermedad arterial periférica, cuyos síntomas comprenden dolor en las piernas y, en casos extremos, gangrena.
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En personas con diabetes, se recomienda que la hemoglobina glicosilada permanezca por debajo del 6,5%, a través de una alimentación variada y equilibrada. Por otro lado, controlar tanto la presión arterial como el azúcar en sangre resulta esencial.
Una presión elevada exige un mayor esfuerzo tanto para el corazón como para los vasos sanguíneos, lo que puede provocar fisuras en las arterias. Para evitarlo, se aconseja mantener la presión por debajo de 120/80 mmHg, incorporar actividad física, reducir el consumo de sal y gestionar el estrés.
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Otras recomendaciones incluyen el uso de medias de compresión para prevenir la dilatación venosa, elevar las piernas para facilitar el retorno sanguíneo al corazón y consumir té verde, cuyas catequinas contribuyen a la función vascular. La moderación en el consumo de alcohol resulta relevante, ya que el exceso se asocia a hipertensión.
Finalmente, conocer los antecedentes familiares de enfermedades cardíacas o vasculares permite anticipar riesgos y consultar a un especialista con anticipación. En algunos casos, los médicos pueden indicar medicamentos como estatinas o fármacos para controlar la presión y el azúcar.
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