
Desde mucho antes del primer llanto, el organismo humano empieza a seguir un ritmo. Funciones como dormir, despertar, liberar hormonas o procesar energía no se activan de manera espontánea al nacer, sino que comienzan a organizarse dentro del útero. En ese proceso, el cuerpo materno cumple un rol central.
Una investigación reciente, realizada por científicos de la Washington University in St. Louis, muestra que el sistema que regula estos ciclos se pone en marcha semanas antes del parto y lo hace en sintonía con la madre. El estudio fue publicado en la revista Journal of Biological Rhythms.
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Lejos de desarrollarse de forma aislada, el feto recibe señales temporales del organismo materno, que actúa como un “reloj externo” y guía la organización de estos ritmos desde etapas tempranas de la vida.
Un sistema que se pone en hora antes del nacimiento
El llamado reloj biológico —también conocido como ritmo circadiano— es un sistema interno que coordina múltiples procesos del cuerpo a lo largo del día. Regula, por ejemplo, cuándo sentimos sueño, cómo varía la temperatura corporal y en qué momentos se liberan determinadas hormonas.
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Según el estudio, este sistema comienza a alinearse durante la etapa final del embarazo. En ese período, el feto empieza a generar patrones diarios propios que se ajustan progresivamente a los ciclos de actividad y descanso de la madre.

Este ajuste no depende de la luz —principal señal que regula estos ritmos después del nacimiento—, sino de mensajes químicos que atraviesan la placenta. Entre ellos, se destacan los glucocorticoides, un tipo de hormona que fluctúa a lo largo del día y que está regulada por el organismo materno.
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En términos simples, el cuerpo de la madre “traduce” la información del entorno —como el día y la noche— en señales biológicas que el feto puede interpretar, aun sin contacto directo con el exterior.
Cómo lograron observar este proceso dentro del útero
Uno de los principales desafíos fue estudiar cómo funciona el reloj biológico en fetos en desarrollo. Para resolverlo, los científicos diseñaron una técnica que permite observar la actividad genética en tiempo real.
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El experimento se realizó con ratones modificados genéticamente para producir una proteína que emite luz cuando se activa el reloj interno. Esa señal luminosa funciona como un indicador visible de cuándo el sistema está en funcionamiento.
Luego, estos animales se cruzaron con hembras sin modificación genética. Así, solo los fetos presentaban la señal, lo que permitió analizar su actividad sin interferencias del organismo materno.
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Durante la gestación, las madres recibieron una sustancia que activa esa proteína, lo que generaba destellos de luz en los fetos. Con cámaras de alta sensibilidad, los investigadores registraron estos patrones y pudieron identificar en qué momentos se activaban los genes vinculados a los ritmos biológicos.
Gracias a esta estrategia, lograron observar por primera vez cómo se desarrolla el reloj interno dentro del útero y cómo responde a las señales provenientes de la madre.
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El papel de las hormonas en la sincronización temprana
Los resultados mostraron que, en la última etapa de la gestación, los patrones internos del feto comienzan a coincidir con los de la madre. Esta coincidencia ocurre al mismo tiempo que se produce el paso de glucocorticoides a través de la placenta.
Estas hormonas, que varían según la hora del día, parecen funcionar como señales de tiempo. Actúan como una especie de “mensaje biológico” que indica al feto en qué momento del ciclo diario se encuentra.
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Los investigadores observaron que cuando este intercambio hormonal se producía de manera coordinada, también se lograba la alineación entre ambos organismos. Esto sugiere que los glucocorticoides cumplen un rol central en la puesta en hora del sistema interno antes del nacimiento.
Qué implican estos hallazgos para la salud
El estudio abre interrogantes relevantes para la medicina prenatal. En la práctica clínica, los glucocorticoides sintéticos suelen administrarse a mujeres con riesgo de parto prematuro para acelerar la maduración fetal. Sin embargo, el momento del día en que se aplican no siempre se considera un factor importante.
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Los datos obtenidos indican que la sincronización de los ritmos del feto puede modificarse según cuándo se administren estas sustancias. En los experimentos, la exposición diaria a estos compuestos aceleró la alineación con el horario externo.

Esto sugiere que el “cuándo” podría ser tan importante como el “qué” en ciertos tratamientos durante el embarazo.
Además, los investigadores detectaron que aquellos fetos que no desarrollaban una actividad circadiana adecuada no llegaban a término. Aunque todavía no está claro si esta falta de ritmo es causa o consecuencia de otros problemas, el hallazgo refuerza la importancia de este sistema en etapas tempranas.
Ritmos alterados y posibles efectos a largo plazo
Los especialistas advierten que las interrupciones en estos ciclos durante el embarazo podrían tener consecuencias en el desarrollo posterior. Alteraciones en el sueño, el metabolismo o incluso en la regulación emocional podrían estar vinculadas a desajustes en esta etapa inicial.
También señalan un factor ambiental cada vez más presente: la exposición a luz artificial durante la noche. Este fenómeno, extendido en gran parte del mundo, puede desorganizar los ritmos biológicos de las personas, incluidas las embarazadas.
Si el organismo materno pierde su regularidad, es posible que esa desincronización se traslade al feto, con efectos que podrían manifestarse más adelante en la vida.
Una nueva mirada sobre el cuidado prenatal
El trabajo de la Washington University in St. Louis aporta una perspectiva novedosa sobre el desarrollo fetal. Lejos de ser un proceso pasivo, el organismo en gestación responde activamente a señales del entorno materno y comienza a organizar funciones clave antes del nacimiento.

A partir de estos resultados, los investigadores destacan la importancia de mantener hábitos regulares durante el embarazo. Horarios estables de descanso, exposición adecuada a la luz y una evaluación más precisa de los tratamientos hormonales podrían contribuir a un desarrollo más saludable.
Comprender cómo se ajusta este “reloj interno” en las primeras etapas de la vida no solo amplía el conocimiento científico, sino que también abre la puerta a nuevas estrategias para cuidar la salud desde el inicio mismo de la existencia.
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