
El arte de la poesía se convirtió en una herramienta para numerosos investigadores y profesionales científicos, quienes ven en el verso una vía para comprender el mundo y comunicar sus hallazgos, según informó la revista científica Nature. Más allá del rigor de los datos, la poesía permite explorar emociones, visualizar problemas complejos y tender puentes hacia audiencias más amplias.
Esta convergencia de disciplinas se ha hecho visible en los programas de centros académicos y hospitales, reuniendo a investigadores, clínicos y pacientes en un mismo espacio creativo. Tal como describe la revista científica, la práctica crece y abre nuevas formas de interacción entre ciencia y humanidad.
Poesía y práctica clínica: el caso de Danielle Chammas
Uno de los ejemplos recientes proviene de la médica Danielle Chammas, especialista en cuidados paliativos e investigadora de la University of California en San Francisco (UCSF). Tras el fallecimiento de una paciente con cáncer, Chammas plasmó la experiencia en Her Defiance, un poema publicado en la revista médica JAMA Oncology que recurre a la imagen de “la hoja aferrándose con fuerza al árbol”. Para Chammas, su paciente “hubiera caminado sobre fuego para estar en la vida de su hija” y se negó a dejar que el cáncer determinara el final de su existencia, informó la revista científica.
Además de su labor clínica, la médica codirige el programa Poetic Medicine en el UCSF MERI Center for Humanity in Healthcare. Este espacio investiga el impacto del ejercicio poético en el manejo del duelo y busca, de acuerdo con Chammas, “cultivar espacios donde se valoren las voces, se forjen conexiones y se fomente la sanación”.
En encuentros virtuales semanales, participan cuidadores, profesionales, pacientes y personas de todo el mundo, compartiendo y escribiendo poesía. La especialista lleva a estos encuentros textos de autores como Maya Angelou y Rumi, y subraya que las humanidades son “fundamentales” para acompañar a pacientes en circunstancias extremas, en la misma medida que los conocimientos técnicos.
Chammas sostiene que, pese a su aparente disyuntiva, ciencia y poesía no son campos opuestos. Ella advierte sobre los efectos de una perspectiva dicotómica: “Vivimos en una cultura muy dualista y binaria: bueno o malo, sano o enfermo, optimistas o pesimistas. Pero creo que nos perjudicamos como sociedad si solo vemos el mundo así”. A través de la poesía, afirma, “abrimos la mente” a la pluralidad de la experiencia humana.
Personalidades como el médico y poeta William Carlos Williams, el inmunólogo checo Miroslav Holub, o la matemática Ada Lovelace (quien acuñó el concepto de “ciencia poética”) ilustran la antigua relación entre verso y conocimiento. Lovelace describió la máquina analítica de Charles Babbage como un artefacto capaz de “tejer patrones algebraicos del mismo modo que un telar Jacquard teje flores y hojas”.

Poetas científicos: técnicas para visualizar fenómenos complejos
Colleen Farrelly, matemática en la organización de innovación tecnológica Post Urban Ventures, especializada en inteligencia artificial y topología, utiliza la poesía para organizar ideas y dar sentido a fenómenos que suelen resultar inaccesibles por medios convencionales. En septiembre pasado, mientras dos huracanes giraban frente a la costa de Florida, escribió Weathering the Storm, publicado en la revista de poesía Rattle, donde indaga el fenómeno conocido como efecto Fujiwhara. Este proceso —identificado en 1921 por el meteorólogo japonés Sakuhei Fujiwhara— describe la interacción entre dos sistemas de tormentas, capaces de fusionarse o repelerse de manera impredecible.
Un fragmento del poema resalta: “El efecto Fujiwhara sugiere que sistemas de tormentas cercanos se alimentan de la energía ajena de manera impredecible. Dos sistemas pueden chocar, combinarse o entrelazarse hasta separarse como llamas gemelas”. Farrelly señaló que “es excelente comunicar estos conceptos con poesía, porque creo que muy poca gente conoce el efecto Fujiwhara”. También indica que para la ciencia es “muy útil” abrir este costado creativo.
Esta visión es compartida por Fionn Rogan, ingeniero del centro de investigación Sustainability Institute en la University College Cork, Irlanda, abocado a la transición energética hacia fuentes renovables. Rogan sostiene que, para abordar desafíos complejos como este, resulta clave “involucrar la cabeza y el corazón”, y considera la poesía un puente entre ambos. Explica: “La poesía consiste en mirar de verdad el mundo y ver lo que está justo delante de ti, pero olvidas percibir”.
Durante sus trayectos diarios en bicicleta —10 km entre su hogar y la universidad—, el ingeniero compone mentalmente haikus y haibun, formas breves que abordan tanto el impacto ambiental del transporte como el bienestar mental derivado de recorrer espacios urbanos. Uno de sus haikus favoritos, dice: “Si me viera, como algunos conductores me ven, no me vería”. Muchos de sus textos exploran tanto la huella climática de los desplazamientos como la percepción pública sobre la movilidad.
A su vez, produce un pódcast dedicado a la poesía de la energía renovable y recopila una antología de versos que exploran lo que denomina “lo sublime tecnológico”, esa sensación de asombro ante ingenios humanos monumentales. Ambos campos —ingeniería y poesía— comparten, en su opinión, “una estética de la economía”: una solución o ecuación elegante puede equivaler, en sí misma, a un poema.

Perspectivas femeninas y minoritarias en la poesía científica
Liz Renner, bióloga pesquera en la University of Nebraska–Lincoln, llevó su dedicación por los peces al terreno literario con su colección debut Bigmouth Buffalo for the Broken Heart. Sus versos recorren especies como el pez espátula, el lucio gar, el zooplancton, los mejillones cebra y, especialmente, el gizzard shad, un pez nativo de Estados Unidos y del Missouri, objeto de su tesis doctoral.
El poema “Oda al gizzard shad” inicia con los versos: “Oh, guardián de plata del lago, cuyas escuelas como monedas giran abajo. Surges donde la luz vibra en la estela, y remueves el sedimento donde fluyen las historias ocultas”.
Renner explicó que, pese a escribir poesía desde la escuela primaria, su afición se profundizó durante el doctorado y la pandemia de COVID-19, cuando la necesidad de expresar emociones fuera del lenguaje técnico se intensificó. Las dificultades por ser mujer joven y estudiante LGBTQ+ en Kansas, así como el aislamiento, hallaron en la poesía un canal sanador y resiliente. Su obra busca servir de apoyo e inspiración a otras mujeres y grupos históricamente excluidos de las ciencias.
Para la bióloga, la práctica científica y la poética están conectadas: la poesía mantiene viva la chispa de curiosidad que, a menudo, originó la vocación científica. Reconoce que muchos científicos temen mostrar vulnerabilidad, pero invita a sus colegas a tener “el coraje de escribir lo que sienten y no temer que otros vean su trabajo”.
Alivio ante la presión: el ejercicio poético frente al estrés
La práctica poética ofrece, además, un contrapunto a la velocidad y presión de la vida moderna. Rogan, quien admite haber experimentado el “síndrome del impostor” (sensación de no estar a la altura o de no merecer los logros obtenidos, habitual en entornos académicos) al iniciarse en la poesía, dicta talleres de haiku para principiantes: “En pocos minutos están escribiendo; es democrático porque cualquiera puede hacerlo”.
Además, señala que la poesía “te obliga a desacelerar, lo que resulta subversivo hoy, porque todos estamos tan ocupados y conectados en línea”. A la luz de la crisis climática y la ecoansiedad creciente, concluye: El planeta necesita más momentos de pausa.
La irrupción sostenida de la poesía en los espacios científicos, tanto como herramienta para reflexionar y sanar como vehículo de divulgación, evidencia la riqueza de unir el lenguaje de los sentimientos con la precisión del método, y revela que el rigor científico y la sensibilidad artística, lejos de ser excluyentes, pueden potenciarse mutuamente.
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