Las promesas de los alimentos funcionales enfrentan el escrutinio científico

La mayoría de los productos enriquecidos carecen de respaldo sólido y abren debates sobre transparencia y honestidad en la industria

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Alternativa vegetal, yogur de garbanzos, sin lácteos, probióticos, textura cremosa. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
El mercado global de alimentos funcionales registra un crecimiento, impulsado por promesas de beneficios para la salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mercado de los llamados alimentos funcionales —productos que prometen desde mejorar la claridad mental hasta reforzar la inmunidad— se proyecta a alcanzar un valor de USD 586.000 millones a nivel mundial en 2030. Esta expansión redefine las estanterías de supermercados con opciones como chocolates para la energía sexual, chips enriquecidas con proteínas y bebidas pensadas para la salud intestinal.

Sin embargo, la proliferación de estos alimentos ocurre en un contexto donde existen pocas pruebas sólidas sobre los beneficios tangibles para la salud, informó el medio británico The Guardian.

En los últimos años, el auge de dietas enfocadas al bienestar, el creciente interés por la nutrición tras la aparición de tratamientos médicos para la pérdida de peso y una mayor presión sobre los presupuestos familiares han propiciado un terreno fértil para estos productos, según explicó Marion Nestle, profesora emérita de nutrición y salud pública en la Universidad de Nueva York, al medio británico.

Nestle advierte que la combinación entre la influencia de líderes de opinión en bienestar y la ausencia de definición científica precisa crea “la tormenta perfecta” para la expansión de alimentos funcionales, sin que importe cuán fundamentadas sean sus afirmaciones.

El auge de los alimentos funcionales carece de respaldo científico sólido

Menos del 0,1% de los suplementos dietéticos o alimentos funcionales demostraron efectividad en estudios controlados con placebo y de asignación aleatoria, según una revisión citada, publicada en 2019.

Además, un análisis japonés de 2024 detectó que la mayoría de los ensayos clínicos sobre alimentos funcionales no publica sus resultados o informa solo aquellos datos favorables a sus intereses, lo que pone en duda la transparencia y veracidad de los mensajes comerciales en torno a estos productos.

Barras energéticas, botana saludable, frutos secos, proteína vegetal, colación natural, alimento energético, snack nutritivo, fuente de energía - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Menos del 0,1% de los alimentos funcionales y suplementos dietéticos muestra eficacia comprobada según estudios científicos serios (Imagen Ilustrativa Infobae)

El término “alimentos funcionales” carece de una definición legal unificada y varía entre regiones y expertos. Desde el plano nutricional, la categoría abarca desde alimentos integrales, como arándanos (ricos en vitamina C, fibra y compuestos estudiados por su potencial protector frente al deterioro cognitivo), hasta productos modificados como yogures con prebióticos, arroz enriquecido con vitamina A o bebidas energéticas que contienen nutrientes adicionales.

La consultora especializada Lumina Intelligence destacó que, en esta nueva ola, dominan los productos con adición de proteínas, fibra, vitaminas, probióticos, ácidos grasos omega-3 o minerales como el magnesio, pero también emergen ingredientes menos habituales: los nootrópicos —compuestos como la cafeína, hongos lion’s mane y L-teanina, que podrían apoyar la función cognitiva— y los adaptógenos, entre ellos el ashwagandha o el reishi.

Según Flora Zwolinski, analista de tendencias alimentarias en la consultora, estos productos aspiran a cubrir objetivos muy específicos, desde mejorar la concentración y la energía hasta apoyar el sistema inmune o mitigar el estrés.

Muchos de los nutrientes añadidos, como proteínas o fibra, son necesarios en la dieta. La fibra, por ejemplo, está asociada a una reducción del riesgo de enfermedades cardíacas, accidente cerebrovascular, cáncer de intestino y diabetes tipo 2. El magnesio participa en más de 300 funciones corporales, incluidas la regulación del azúcar en sangre y la salud ósea.

No obstante, especialistas advierten que la cantidad de estos nutrientes o compuestos novedosos, como el colágeno o lion’s mane, suele encontrarse muy por debajo de las dosis evaluadas en estudios clínicos, por lo que su impacto real sigue en discusión.

Primer plano de un tazón de cerámica lleno de arándanos frescos y redondos, cubiertos de pequeñas gotas de agua, sobre un fondo claro.
Expertos advierten que muchas afirmaciones sobre alimentos funcionales carecen de respaldo científico y podrían inducir a error al consumidor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Falta de regulación y estrategias de marketing en Estados Unidos y Reino Unido

En Estados Unidos, la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) distingue tres tipos de afirmaciones en etiquetas: de salud (relacionan un nutriente con una enfermedad, como el calcio y la osteoporosis), de contenido nutricional (indican la cantidad de un nutriente, como “alto en calcio”) y estructurales o funcionales (describen cómo un componente afecta procesos biológicos, como “el calcio fortalece los huesos”).

Las dos primeras deben ser aprobadas o cumplir ciertos estándares, mientras que las afirmaciones funcionales no requieren autorización previa y solo deben evitar ser “falsas o engañosas”.

Un fabricante puede publicitar reclamos funcionales aunque el producto tenga un alto contenido de sal o grasas saturadas, siempre que no realice una afirmación de salud o de contenido nutricional contraria a las directrices de la FDA.

En Reino Unido, las declaraciones de salud y nutrición requieren aprobación y respaldo en pruebas. Se permiten afirmaciones como “bajo en grasa” si el contenido es al menos un 30% inferior al de productos comparables, o declaraciones fundamentadas como “el hierro contribuye a la función cognitiva normal”. No puede sugerirse que un alimento previene, trata o cura una enfermedad, ni prometer pérdida de peso en la etiqueta.

El marco regulatorio estadounidense resulta más permisivo respecto a los alimentos funcionales: aunque los suplementos deben notificar sus afirmaciones a la FDA, los alimentos no están obligados, lo que permite promesas vagas difíciles de fiscalizar.

Alternativa vegetal, yogur de garbanzos, sin lácteos, probióticos, textura cremosa. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Estudios sugieren que numerosos ensayos clínicos sobre alimentos funcionales no publican resultados completos, lo que pone en duda la transparencia del sector (Imagen Ilustrativa Infobae)

Prioridad a los alimentos íntegros sobre los ultraprocesados enriquecidos

Expertos citados por el medio británico advierten que los alimentos funcionales ultraprocesados rara vez ofrecen la mejor relación entre costo y valor nutricional. Grace Derocha, nutricionista y portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética, señala que los beneficios de productos como barras de granola fortificadas dependen considerablemente de la dieta habitual.

Es preferible optar por alternativas mínimamente procesadas, como la avena o el kombucha, porque el organismo absorbe sus nutrientes más eficazmente”, precisó Derocha.

Asimismo, la nutricionista hizo hincapié en que el consumidor debe revisar cuidadosamente la lista de ingredientes y la información nutricional de cada producto para verificar si realmente responde a sus necesidades. “Solo hay que ser consciente de lo que uno introduce en el cuerpo, porque no todos los productos etiquetados como ‘funcionales’ son realmente efectivos”, sostuvo.

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