
Muchos de los hábitos alimentarios cotidianos, aparentemente inofensivos, pueden estar afectando la función de los riñones sin que la persona lo note. El consumo excesivo de alimentos ricos en sodio, potasio, fósforo y azúcares añadidos eleva el riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica (ERC) y puede desencadenar complicaciones cardíacas y neurológicas, según el NIDDK y fuentes citadas por El Diario NY.
Los especialistas advierten que un adecuado control nutricional no es un detalle menor, sino una herramienta clave para prevenir daños permanentes, frenar el avance de patologías asociadas y proteger la salud renal a largo plazo.
PUBLICIDAD
Papas, azúcares añadidos y otros alimentos de riesgo para los riñones
Alimentos de consumo habitual como la papa y los productos con azúcares añadidos requieren vigilancia específica, según advierten El Diario NY y el NIDDK (Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales).
Aunque la papa aporta fibra y vitamina C, destaca por su alto contenido de potasio, lo que representa un peligro de hiperpotasemia para quienes presentan daño renal, ya que los riñones no logran eliminar el exceso de este mineral. Esta acumulación puede causar alteraciones en el ritmo cardíaco y debilidad muscular.
En el caso de los azúcares añadidos, presentes en refrescos y bebidas procesadas, los especialistas identifican efectos adversos como obesidad, resistencia a la insulina y aumento del ácido úrico. Estos factores están vinculados al desarrollo de diabetes tipo 2 e hipertensión, que a su vez agravan el deterioro de la función renal.
PUBLICIDAD
En ese sentido, una investigación citada por El Diario NY señala que consumir más de siete bebidas azucaradas cada semana implica un mayor riesgo de pérdida sostenida de la función renal en el tiempo.
No solo la papa eleva los niveles de potasio. Otros alimentos como aguacate (palta), banana, kiwi, melón, espinacas, calabaza, brócoli, tomate, porotos, sardinas y carnes magras también requieren especial atención en personas con función renal deteriorada. El acompañamiento profesional es fundamental para ajustar la dieta de manera personalizada y segura.
El control del sodio es otro pilar en la protección de la salud renal, de acuerdo con el NIDDK. Recomiendan no superar los 2.300 miligramos diarios, optar por productos etiquetados como “libre de sodio” o “bajo sodio” y evitar los ultra procesados.
PUBLICIDAD
En cuanto al consumo de proteínas, el NIDDK indica que los riñones enfermos tienen dificultades para filtrar los residuos de su metabolismo. Por eso, se sugiere limitar la proteína animal, procurando que una porción cocida no exceda los 56-85 gramos (2-3 onzas), y moderar los lácteos, utilizando como referencia media taza o una rebanada de queso por ración.
El manejo de grasas completa la estrategia nutricional clave. El NIDDK advierte que los excesos de lípidos y alcohol pueden afectar simultáneamente los riñones, el hígado, el corazón y el sistema nervioso. Para limitar el impacto del alcohol, se aconseja no sobrepasar una bebida diaria en mujeres y dos en hombres.
PUBLICIDAD

Al progresar la disfunción renal, los médicos vigilan de cerca los niveles de fósforo y potasio en sangre, destaca el NIDDK. Un excedente del primero de ellos debilita los huesos y puede provocar molestias en las articulaciones, por lo que en ciertos casos se recurre a quelantes de fósforo para frenar su absorción en el organismo.
En tanto, la regulación precisa del potasio es igualmente prioritaria: tanto el exceso como la carencia pueden alterar el funcionamiento del corazón y los músculos. Según El Diario NY, el ajuste de medicamentos y la dieta forman parte esencial del tratamiento en etapas avanzadas de la enfermedad renal.
PUBLICIDAD
Especialistas de Salud Renal Siempre insisten en que el asesoramiento médico y dietético resulta indispensable. Mantener una hidratación adecuada, evitar el abuso de antiinflamatorios y realizar controles periódicos, como el análisis de creatinina y proteínas en la orina, son prácticas recomendadas para detectar precozmente cualquier disfunción renal.
Colaborar de forma continua con equipos médicos y nutricionales permite a cada persona realizar adaptaciones específicas en su dieta, protegiendo así la salud de los riñones y mejorando la calidad de vida.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Por qué tenemos pesadillas y qué pueden revelar sobre nuestras emociones, según una experta de Harvard
La investigadora Deirdre Leigh Barrett detalló el modo en que las visiones perturbadoras al dormir facilitan asimilar vivencias difíciles de la rutina, al funcionar como vía para canalizar tensiones y temores reprimidos

“Con poco sueño, sentimos más hambre y nos cuesta parar de comer”: qué ocurre con las hormonas y el peso corporal cuando se duerme menos de seis horas
Especialistas en medicina del sueño explican a Infobae que descansar mal afecta la saciedad, altera el manejo de la glucosa y favorece elecciones dulces o grasas

El pescado que ayuda a fortalecer las defensas después de los 50 años y cuántas veces por semana conviene comerlo
Especialistas destacan el aporte de omega-3, vitamina D, B12, selenio y proteínas de ciertas especies grasas, dentro de una alimentación equilibrada acompañada por ejercicio y buen descanso

Un estudio revela cuánto tiempo extra de sueño protege la presión arterial
El análisis observacional identificó un posible vínculo entre prolongar el descanso fuera de la jornada laboral y una menor probabilidad de hipertensión, aunque no establece una relación causal

Dos zonas del cerebro compiten entre el riesgo y la evitación, según un estudio con registros en tiempo real
Un estudio registró cómo dos áreas vecinas de la corteza orbitofrontal alternan su actividad antes de definir si una persona enfrenta una amenaza o elige evitarla



