
Un estudio longitudinal de la Universidad de Sevilla aporta una mirada renovada sobre la psicosis y la esquizofrenia, dos trastornos que históricamente se vincularon con un deterioro progresivo, aunque hoy se reconoce que su evolución puede ser diversa.
La investigación, publicada en la revista British Journal of Psychiatry, demuestra que la curso cerebral en estos cuadros no sigue un patrón único y que, en muchos casos, la intervención clínica temprana puede contribuir a frenar cambios estructurales y favorecer la recuperación funcional.
Los resultados, obtenidos tras el seguimiento de pacientes durante una década, sugieren que la trayectoria de la enfermedad depende de múltiples factores biológicos y clínicos. Esta diversidad cuestiona la visión tradicional de la psicosis como un proceso uniforme y plantea la necesidad de abordajes más personalizados.

Qué implica hablar de psicosis
Según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), la psicosis no constituye un diagnóstico único, sino un conjunto de manifestaciones que reflejan una alteración en la percepción y la interpretación del entorno.
Entre sus expresiones más frecuentes se encuentran los delirios —creencias firmes que no coinciden con la evidencia—, las alucinaciones —percepciones sin un estímulo externo—, el pensamiento desorganizado y cambios en la conducta.
La esquizofrenia, en cambio, es un trastorno psicótico específico. El DSM-5 la define como una condición crónica que combina síntomas psicóticos, dificultades cognitivas y cambios emocionales o conductuales que afectan la vida diaria durante al menos seis meses.

Otros trastornos del espectro psicótico descritos en el DSM-5 incluyen:
- Trastorno esquizofreniforme: síntomas similares a la esquizofrenia, pero con una duración menor (entre uno y seis meses).
- Trastorno esquizoafectivo: combinación de síntomas psicóticos con episodios afectivos, como depresión o manía.
- Trastorno delirante: presencia predominante de delirios persistentes sin deterioro global significativo.
- Trastorno psicótico breve: episodio psicótico de inicio súbito y duración limitada (menos de un mes).
Estas categorías reflejan la diversidad clínica que el nuevo estudio también observa a nivel cerebral.
Un seguimiento prolongado para comprender la enfermedad
La investigación fue dirigida por Claudio Alemán Morillo y Rafael Romero García en el Laboratorio de Neuroimagen y Redes Cerebrales. El equipo analizó mediante resonancia magnética a 357 personas con esquizofrenia y 195 participantes sanos, observando los cambios cerebrales a lo largo del tiempo.

Uno de los hallazgos principales fue la gran variabilidad en la evolución del trastorno. Mientras algunos pacientes mostraron cambios estructurales más pronunciados en fases iniciales, otros mantuvieron una mayor estabilidad o evidenciaron mejoras asociadas al tratamiento.
Este panorama refuerza la idea de que la psicosis no responde a un único modelo de deterioro, sino que se desarrolla de manera diferente en cada individuo.
Para capturar esa diversidad, los investigadores aplicaron un método innovador basado en percentiles. Este enfoque permite comparar el volumen de distintas regiones cerebrales de cada paciente con el de una población sana y observar cómo evoluciona a lo largo del tiempo.

Los autores comparan este sistema con la cartilla pediátrica utilizada para evaluar el crecimiento infantil. Así como se analiza si un niño se encuentra dentro de parámetros esperados de talla o peso, el análisis por percentiles ayuda a identificar desviaciones en el desarrollo cerebral y a monitorear su evolución.
Esta herramienta podría facilitar diagnósticos más precisos y decisiones terapéuticas ajustadas a cada caso.
Cambios iniciales y posibilidad de estabilización
El estudio detectó que el primer episodio psicótico suele acompañarse de una reducción del volumen cortical en regiones relacionadas con la regulación emocional y cognitiva. Sin embargo, estos cambios no necesariamente avanzan de forma continua.
Los datos sugieren que el tratamiento oportuno puede ralentizar la progresión de estas alteraciones y contribuir a la estabilización clínica. En ese sentido, la investigación subraya la importancia del diagnóstico precoz y del acceso a atención especializada.

Además, el análisis mostró que el uso de antipsicóticos se asocia con una menor progresión de la pérdida de volumen cerebral. No obstante, los pacientes que requieren dosis más elevadas suelen presentar cambios más marcados, lo que los autores interpretan como un indicador de mayor gravedad del trastorno.
Recuperación cognitiva y complejidad del proceso
Las dificultades cognitivas, como problemas de memoria o atención, aparecen con frecuencia en etapas tempranas de la psicosis. Sin embargo, la investigación evidencia que muchos pacientes logran una recuperación parcial tras la estabilización clínica.
Esta mejora fue más evidente en quienes alcanzaron un control adecuado de los síntomas, lo que refuerza la importancia del tratamiento sostenido y del acompañamiento terapéutico.
El estudio también señala que factores como la inflamación y la respuesta inmunitaria podrían influir en la evolución del trastorno, abriendo nuevas líneas de investigación sobre la interacción entre procesos biológicos y salud mental.

En conjunto, los hallazgos destacan la necesidad de abandonar enfoques uniformes y avanzar hacia una psiquiatría centrada en las diferencias individuales. Comprender que cada paciente presenta una trayectoria propia permite ajustar tratamientos, definir objetivos terapéuticos realistas y mejorar la calidad de vida.
El análisis por percentiles emerge como una herramienta prometedora para guiar este cambio de paradigma. Más que ofrecer un pronóstico rígido, permite seguir la evolución cerebral de cada persona y adaptar las intervenciones según sus necesidades.
Para los investigadores, este enfoque representa un paso hacia una atención más humana y precisa, capaz de reconocer la complejidad de la psicosis y la esquizofrenia.
El estudio de la Universidad de Sevilla no solo aporta evidencia científica, sino también un mensaje clínico relevante: la evolución de estos trastornos no está predeterminada. Con intervención temprana, seguimiento adecuado y estrategias terapéuticas personalizadas, es posible modificar el curso de la enfermedad y ampliar las oportunidades de recuperación.
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