
Recuperar funciones cognitivas después de una lesión cerebral traumática suele ser un proceso largo e incierto. Problemas de memoria, dificultad para concentrarse o lentitud para procesar información pueden persistir durante años, afectando la vida cotidiana de quienes sufrieron el trauma.
Un estudio reciente de la New York University aporta una señal alentadora: los ejercicios cognitivos computarizados podrían estimular la capacidad del cerebro para reorganizarse y mejorar el rendimiento mental incluso en etapas crónicas de la lesión.
Cambios positivos en la “red de cables” del cerebro
La investigación, publicada en la revista Journal of Neurotrauma, detectó cambios en la materia blanca cerebral de los participantes tras completar el entrenamiento digital. Puede imaginarse esta zona como el cableado que enlaza distintas regiones del cerebro: si se deteriora, los mensajes entre áreas circulan con menor eficacia.
Según NYU, estos resultados sugieren que la rehabilitación basada en tecnología podría ofrecer una vía accesible para personas con déficits cognitivos persistentes, una problemática frecuente tras traumatismos craneoencefálicos severos.

Las lesiones cerebrales traumáticas —como golpes fuertes en la cabeza por accidentes, caídas o conmociones— pueden interrumpir la conectividad estructural del cerebro y generar dificultades cognitivas que se prolongan en el tiempo.
Entre los síntomas más comunes se encuentran problemas de atención, memoria y velocidad de procesamiento, derivados del daño en las fibras nerviosas que transmiten información entre neuronas.
Un programa digital para estimular la capacidad de adaptación cerebral
El estudio, dirigido por Gerald Voelbel, profesor asociado de neurociencia cognitiva en NYU Steinhardt, exploró si la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones— puede ser inducida mediante entrenamiento computarizado.
Participaron 17 adultos de entre 24 y 56 años con diagnóstico de lesión cerebral traumática crónica. El grupo experimental utilizó el software Brain Fitness Program 2.0, mientras que el grupo de control no recibió intervención.

Las tareas propuestas eran similares a un “gimnasio mental”: recordar secuencias de sonidos, identificar diferencias auditivas o reconstruir detalles de historias.
Cada participante completó 40 sesiones de una hora a lo largo de 14 semanas, un entrenamiento intensivo comparable a la práctica sostenida de un instrumento o a la rehabilitación física tras una lesión muscular.
Cómo se observaron los cambios cerebrales
Para medir los efectos, los investigadores utilizaron resonancia magnética de difusión, una técnica que permite observar el estado de las fibras nerviosas siguiendo el movimiento del agua en el tejido cerebral.
Además, aplicaron un método innovador llamado correlational tractography, capaz de detectar cambios localizados en la materia blanca que podrían pasar desapercibidos con herramientas tradicionales.

En términos simples, esta tecnología permite ver no solo la estructura del “cableado” cerebral, sino también pequeñas mejoras en su integridad y funcionamiento.
Resultados: mejor rendimiento y señales de plasticidad
El hallazgo más relevante fue el aumento de la anisotropía cuantitativa en el grupo entrenado, un indicador asociado a mayor densidad y organización de las fibras nerviosas.
Estos cambios se relacionaron con mejoras medibles en velocidad de procesamiento, memoria de trabajo y atención. Es decir, el entrenamiento no solo generó modificaciones estructurales en el cerebro, sino también beneficios cognitivos observables en pruebas neuropsicológicas.

Voelbel destacó que los resultados aportan evidencia preliminar de que la rehabilitación cognitiva computarizada puede inducir neuroplasticidad incluso en etapas tardías de la lesión, cuando tradicionalmente se consideraba limitada la capacidad de recuperación.
Puede imaginarse este proceso como si el cerebro encontrara rutas alternativas para transmitir información cuando los caminos originales están dañados. El entrenamiento ayudaría a fortalecer esas nuevas vías, mejorando la eficiencia del sistema.
Un camino prometedor, aunque con cautela
A partir de estos hallazgos, NYU plantea que los programas digitales de entrenamiento cognitivo podrían convertirse en herramientas complementarias de rehabilitación, especialmente por su potencial de escalabilidad y accesibilidad.
Sin embargo, los autores subrayan que la investigación presenta limitaciones. La muestra fue reducida y los resultados deben considerarse preliminares. Estudios futuros con mayor número de participantes serán necesarios para confirmar la eficacia del enfoque y determinar su impacto a largo plazo.

A pesar de las limitaciones, el estudio refuerza una idea clave en neurociencia moderna: el cerebro mantiene capacidad de adaptación incluso años después de una lesión.
La posibilidad de aprovechar herramientas digitales para estimular esa plasticidad abre perspectivas relevantes para pacientes, profesionales de la salud y sistemas de rehabilitación.
Más que reemplazar terapias tradicionales, este tipo de intervenciones podría complementarlas y ampliar las oportunidades de recuperación funcional en personas con secuelas persistentes.
Los resultados sugieren que, aun tras un daño cerebral significativo, la combinación de neurociencia y tecnología puede ayudar a reactivar procesos de adaptación y mejorar el desempeño cognitivo, ofreciendo nuevas vías de progreso para quienes conviven con las consecuencias de una lesión traumática.
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