
Muchas veces, las personas cocinan de más para preparar viandas para el trabajo, tener comida hecha para no volver a preparar o simplemente por errores de cálculo. Las sobras llevan a guardar estos alimentos en la heladera para luego ser calentados en el microondas y consumidos. Sin embargo, persiste la creencia popular de que, al ser recalentados, podrían perder los nutrientes o parte del sabor.
De este modo, expertos en alimentación han investigado si este fenómeno tiene efectos positivos o negativos y cuáles son los impactos en el cuerpo. Incluso, los ensayos científicos llevaron a que las personas adopten una tendencia poco común, pero que podría tener buenos resultados en la salud general.
¿La comida recalentada es mejor que la recién cocinada?
El fenómeno, ejemplificado como la “pasta de ayer”, ha llamado la atención en redes sociales, pero lo que sucede en la cocina va mucho más allá. Cuando se cocina la pasta y luego se deja enfriar y recalentar, ocurre una transformación química que la ciencia denomina formación de almidón resistente.

Este proceso inicia cuando los fideos se cocinan: los carbohidratos presentes se gelatinizan y resultan fáciles de digerir. Sin embargo, al enfriar la pasta en la heladera, idealmente durante 24 horas o más, parte de esos almidones se reorganiza en una estructura diferente, conocida como almidón resistente, según explican expertos en nutrición citados por el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio.
El almidón resistente recibe ese nombre porque el cuerpo humano no puede descomponerlo por completo durante la digestión. De este modo, una porción de fideos recalentados presenta una composición diferente a la que se sirve recién hecha.
De acuerdo con la dietista Ashley Kitchens, este carbohidrato transformado “resiste la digestión”, por lo que llega menos glucosa al torrente sanguíneo. Además, el almidón resistente actúa de manera similar a la fibra: alimenta a las bacterias intestinales beneficiosas en lugar de descomponerse rápidamente en azúcar.

Esta diferencia se explica porque el almidón resistente contiene aproximadamente la mitad de las calorías por gramo respecto al almidón común. Al no descomponerse fácilmente, una parte de la pasta pasa al colon, donde alimenta a las bacterias intestinales benéficas en lugar de convertirse rápidamente en azúcar en sangre.
Como resultado, el consumo de pasta sobrante puede generar un menor aumento de glucosa tras las comidas en comparación. Este efecto resulta especialmente relevante para quienes buscan controlar los picos de azúcar en sangre, como las personas con diabetes. La transformación del carbohidrato no solo ayuda a regular la glucemia, sino que también puede contribuir a una mejor salud intestinal gracias al papel prebiótico del almidón resistente.
Limitaciones, advertencias y recomendaciones de los expertos
Aunque recalentar la pasta puede ofrecer ciertas ventajas metabólicas, los especialistas advierten que este método no es una solución universal para el control del azúcar en sangre. Lauri Wright, profesora asociada de la Facultad de Salud Pública de la Universidad del Sur de Florida, subraya que el efecto varía según cada persona y que no se trata de un “truco” garantizado.

El impacto sobre la glucosa puede reducirse o modificarse ligeramente, pero esto no convierte a la pasta en un alimento “libre” en ese aspecto. Para quienes viven con diabetes, el carbohidrato puede ayudar a suavizar los picos, aunque también puede alterar la velocidad con la que la glucosa entra al torrente sanguíneo, lo que a su vez puede modificar el momento adecuado para administrar insulina.
Los expertos insisten en que el tamaño de las porciones sigue siendo fundamental. Ashley Kitchens señala que solo una parte del almidón de la pasta se vuelve resistente, por lo que consumir grandes cantidades podría anular los posibles beneficios de este método. Además, recalentar la pasta debe verse como una herramienta más, no como una solución universal. Mantener comidas equilibradas, incorporar fibra y controlar las porciones continúan siendo los factores más importantes para el control metabólico.
De este modo, los nutricionistas recomiendan cocinar la pasta al dente, es decir, evitando que quede demasiado blanda. Luego, debe refrigerarse en un recipiente poco profundo entre 12 y 24 horas para favorecer la formación de almidón resistente. Antes de consumirla, se aconseja recalentar el plato completamente. Este proceso permite que parte de los almidones se transformen y favorezcan la respuesta glucémica más estable.

A pesar de estos consejos, los especialistas destacan que el beneficio metabólico es pequeño y que no sustituye hábitos como la distribución adecuada de los alimentos y la inclusión de fibra en la dieta diaria.
Cuánto tiempo se puede guardar la comida en la heladera
Guardar sobras en la heladera es una práctica común, pero el tiempo seguro para mantenerlas allí no es indefinido. Según las recomendaciones de Mayo Clinic, los alimentos cocidos pueden conservarse entre tres y cuatro días antes de que aumente el riesgo de intoxicación alimentaria.
Pasado ese plazo, pueden proliferar bacterias, aunque no se perciban cambios en el olor, el aspecto ni el sabor. Esto dificulta saber si un alimento es seguro para consumirlo. Por este motivo, lo recomendable es descartar cualquier resto que supere los cuatro días de almacenamiento en frío. Si no está en los planes consumir las sobras en ese período, lo ideal es congelarlas de inmediato.
Aunque los alimentos congelados pueden durar bastante tiempo, conservan mejor su sabor si se consumen en los primeros tres o cuatro meses. Mantener estos límites ayuda a reducir la posibilidad de enfermedades transmitidas por alimentos, de acuerdo con las indicaciones de las autoridades sanitarias.
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